Daimler piensa ya en vender Chrysler y algunos miran a GM

Tras confirmarse que se achicará y despedirá 13.000 personas, ahora la industria no descarta que DaimlerChrysler pueda vender o buscar socios para gestionar la división. Hay rumores sobre GM, no justamente la mejor opción.

14 febrero, 2007

Pocos se sorprendieron de que el malhadado matrimonio de 1998 esté más cerca del divorcio que cuanto suponían sus propios managers. Con números y proyecciones en mano, ya no parece factible cumplir el objetivo trazado hace nueve años: armar una automotriz global que reuniese el lujo de Mercedes con la solidez de Dodge o los refinamientoa del PT Cruiser con las camionetas alemanas.

“No excluimos opción alguna”, confesó un demudado Dieter Zetsche, presidente ejecutivo de DaimlerChrysler, en presencia de Tommaso LaSorda, director del Chrysler Group. Entretanto, se eliminarán 13.000 puestos laborales (16% del total) y se cerrará una planta dedicada a utiliterios deportivos. Entretanto, las pérdidas operativas de 2006 elcanzan € 1.120 millones, o sea US$ 1.460 millones

Chrysler viene teniendo déficit desde 2000, dos años luego de la incorporación a la firma alemana. Por entonces director de la división norteamericana, Zetsche despidió a 40.000 trabajadores. Pero ni él ni su antecesor, Jürgen Schrempp, lograron convences a los inversores de que esa fusión podría funcionar.

Los quebrantos del IV trimestre fueron decisivos. Los réditos netos cayeron 40%, de € 966 millones a 577 millones respecto del mismo lapso en 2005. Gracias al ala germana, las ventas cedieron apenas 1,9%, a € 40.700 millones. Para este trimestre, algunos analistas estiman que las utilidades alcanzarán € 726 millones.

Por supuesto, los rumores arrecian. Así, General Motors se negó a opinar sobre la versión prevalente el miércoles y originada en Alemania: estaría interesada en Chrysler. La revista “Manager” afirma que “hay conversaciones reservada y en fase inicial”. Zetsche y LaSorda tampoco quisieron tocar el asunto.

Olvidando ambiciosos proyectos de expansión en pro de objetivos más modestos, DC presenta un plan para eliminar 13.000 puestos laborales y cerrar plantas de Chrysler, su Cenicienta norteamericana. De inmediato, algunos medios salieron a atribuir los reveses a la sindicalización automotriz. Como si sólo la hubiera en determinada áreas de Estados Unidos.

El punto clave es el fracaso de Zetsche, que obtuvo la presidencia ejecutiva por su aparente éxito en resucitar a Chrsyler tras el colapso de utilidades en 2000/1. Según viene señalando un experto después de otro, los problemas de DC son similares a los de sus rivales General Motors y Ford Motor. Los tres equipos gerenciales insistieron en apostar por utilitarios o todo terreno de lujo y, hasta el momento, casi ningún mando medio ha sido echado por esos errores.

Hoy, el público prefiere coches más chicos y menos consumidores de nafta, opción que DC elige, cuando ya Fiat, Renault, Nissan, Daewoo y tantos otros la han adoptado. Zetsche y LaSorda lanzan un programa que su propio personal ha bautizado “la masacre de san Valentín”. Entre otros achiques, incluye el cierre de unidades que fabricaban 4×4 y utilitarios deportivos.

Como es habitual en Zetsche, sus planes desdeñan la realidad. Por ejemplo, pretende “reducir cosos haciendo que Mercedes y Chrysler desarrollen modelos en forma conjunta”. No quiere admitir que (a) ambas culturas son muy distintas entre sí y (b) aumentan presiones de accionistas –y dirigentes- germanos para que se disuelva la unión de 1998.

“Lo más sensato sería separar ambas compañías a un costo bajo y disponer de Chrysler”, opina Jürgen Meyer, analista sectorial de SEB Asset Management, Fráncfort. Este fondo privado sueco tiene 0,5% del paquete conjunto y admite que esa solución, a la larga, será inevitable. El clima interno en DC es denso. Verbigracia, desde octubre el director financiero no quiere hablar con nadie. La división Chrysler tiene 83.000 personas en doce plantas de armado y diecisiete de partes, pero no está claro de dónde saldrán los despidos.

Pocos se sorprendieron de que el malhadado matrimonio de 1998 esté más cerca del divorcio que cuanto suponían sus propios managers. Con números y proyecciones en mano, ya no parece factible cumplir el objetivo trazado hace nueve años: armar una automotriz global que reuniese el lujo de Mercedes con la solidez de Dodge o los refinamientoa del PT Cruiser con las camionetas alemanas.

“No excluimos opción alguna”, confesó un demudado Dieter Zetsche, presidente ejecutivo de DaimlerChrysler, en presencia de Tommaso LaSorda, director del Chrysler Group. Entretanto, se eliminarán 13.000 puestos laborales (16% del total) y se cerrará una planta dedicada a utiliterios deportivos. Entretanto, las pérdidas operativas de 2006 elcanzan € 1.120 millones, o sea US$ 1.460 millones

Chrysler viene teniendo déficit desde 2000, dos años luego de la incorporación a la firma alemana. Por entonces director de la división norteamericana, Zetsche despidió a 40.000 trabajadores. Pero ni él ni su antecesor, Jürgen Schrempp, lograron convences a los inversores de que esa fusión podría funcionar.

Los quebrantos del IV trimestre fueron decisivos. Los réditos netos cayeron 40%, de € 966 millones a 577 millones respecto del mismo lapso en 2005. Gracias al ala germana, las ventas cedieron apenas 1,9%, a € 40.700 millones. Para este trimestre, algunos analistas estiman que las utilidades alcanzarán € 726 millones.

Por supuesto, los rumores arrecian. Así, General Motors se negó a opinar sobre la versión prevalente el miércoles y originada en Alemania: estaría interesada en Chrysler. La revista “Manager” afirma que “hay conversaciones reservada y en fase inicial”. Zetsche y LaSorda tampoco quisieron tocar el asunto.

Olvidando ambiciosos proyectos de expansión en pro de objetivos más modestos, DC presenta un plan para eliminar 13.000 puestos laborales y cerrar plantas de Chrysler, su Cenicienta norteamericana. De inmediato, algunos medios salieron a atribuir los reveses a la sindicalización automotriz. Como si sólo la hubiera en determinada áreas de Estados Unidos.

El punto clave es el fracaso de Zetsche, que obtuvo la presidencia ejecutiva por su aparente éxito en resucitar a Chrsyler tras el colapso de utilidades en 2000/1. Según viene señalando un experto después de otro, los problemas de DC son similares a los de sus rivales General Motors y Ford Motor. Los tres equipos gerenciales insistieron en apostar por utilitarios o todo terreno de lujo y, hasta el momento, casi ningún mando medio ha sido echado por esos errores.

Hoy, el público prefiere coches más chicos y menos consumidores de nafta, opción que DC elige, cuando ya Fiat, Renault, Nissan, Daewoo y tantos otros la han adoptado. Zetsche y LaSorda lanzan un programa que su propio personal ha bautizado “la masacre de san Valentín”. Entre otros achiques, incluye el cierre de unidades que fabricaban 4×4 y utilitarios deportivos.

Como es habitual en Zetsche, sus planes desdeñan la realidad. Por ejemplo, pretende “reducir cosos haciendo que Mercedes y Chrysler desarrollen modelos en forma conjunta”. No quiere admitir que (a) ambas culturas son muy distintas entre sí y (b) aumentan presiones de accionistas –y dirigentes- germanos para que se disuelva la unión de 1998.

“Lo más sensato sería separar ambas compañías a un costo bajo y disponer de Chrysler”, opina Jürgen Meyer, analista sectorial de SEB Asset Management, Fráncfort. Este fondo privado sueco tiene 0,5% del paquete conjunto y admite que esa solución, a la larga, será inevitable. El clima interno en DC es denso. Verbigracia, desde octubre el director financiero no quiere hablar con nadie. La división Chrysler tiene 83.000 personas en doce plantas de armado y diecisiete de partes, pero no está claro de dónde saldrán los despidos.

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