Crudos: ¿sigue el alza? ¿les conviene a compañías y exportadores?

Casi todos dan por hecho US$ 100 por barril WTI. Además, la Agencia Internacional de Energía y Combustibles (AIEC) teme que la demanda china e india agrave las cosas. Pero las petroleras ya no se ven felices con tejanos en 98 y Brent en 95.

22 noviembre, 2007

El informe sobre perpectivas difundido no hace mucho por la AIEC convalida la impresión reinante en el negocio: los crudos referenciales (Brent, tejanos intermedios) pasarán los US$ 98/100 en cualquier momento. En ambos casos, quedarán demasiado cerca del récord histórico a dólares constantes, o sea deflacionados, que oscila entre US$ 102 y 108 el barril.

“El veloz crecimientos de los productos brutos internos chino (11% anual) e indio (9%) ha elevado sus necesidades de hidrocarburos mayormente importados”, señala el documento. Esta entidad es una especie de “lobby” de economías centrales. “El ritmo expansivo presiona sobre esa demanda e, indirectamente, afecta las importaciones de los países desarrollados no petroleros”.

Si esos gobiernos se aferran a sus actuales políticas de combustibles fósiles (no de “energía”, que es otra cosa), “los requerimientos globales de hidrocarburos habrán subido más de 50% sobre los actuales hacia 2030”, en un contexto de agotamiento más marcado. En cuanto al mercado, los futuros petroleros han saltado casi 70% y tocaron máximos de US$ 99,50 hace dos semanas. Pero, como parte de este alza refleja el derrumbe del dólar, cada día más socios de la OPEP presionan para substituirlo por una canasta euro-dólar-yen.

Para la AIEC, empero, esta onda alcista no ha perjudicado el crecimiento de los PBI centrales al grado de los años 70, una conclusión debatible. Pero sí lo hace con los PBI de grandes economías en desarrollo, esencialmente China, India y Vietnam. En otro plano, las aerolíneas comerciales norteamericanas también descuentan un aumento de combustibles refinados, todavía mucho más baratos que en la Eurozona.

Los costos geopolíticos son de sobra conocidos. No hacía falta el reciente descubrimiento de grandes reservas en Brasil para subrayarlos. Por ejemplo, Rusia, Irán y Venezuela podrán seguir riéndose de las casi ingenuas presiones estadounidenses en el plano militar, diplomático o nuclear. Ni hablar si la crisis pakistaní desemboca, como hace 28 años en Tehrán, en un régimen fundamentalista.

El presidente Vladyímir Putin, felizmente un laico, logró que la Dumá suspendiese la participación de Moscú en el tratado europeo sobre fuerzas convencionales. Al margen de la reacción estadounidense, los aliados europeos –salvo Francia, Noruega y Gran Bretaña- dependen del gas natural ruso.

En tan complejo tablero, la situación de las grandes petroleras privadas es ambigua. Por un lado, el alza de precios ya no les reporta tantas utilidades, pues también aumentan los costos de extracción, refinamiento y, cuando la encaran, exploración. Por el otro, la actual bonanza en hidrocarburos parece beneficiar más a empresas estatales o paraestatales, como indica el caso brasileño.

El informe sobre perpectivas difundido no hace mucho por la AIEC convalida la impresión reinante en el negocio: los crudos referenciales (Brent, tejanos intermedios) pasarán los US$ 98/100 en cualquier momento. En ambos casos, quedarán demasiado cerca del récord histórico a dólares constantes, o sea deflacionados, que oscila entre US$ 102 y 108 el barril.

“El veloz crecimientos de los productos brutos internos chino (11% anual) e indio (9%) ha elevado sus necesidades de hidrocarburos mayormente importados”, señala el documento. Esta entidad es una especie de “lobby” de economías centrales. “El ritmo expansivo presiona sobre esa demanda e, indirectamente, afecta las importaciones de los países desarrollados no petroleros”.

Si esos gobiernos se aferran a sus actuales políticas de combustibles fósiles (no de “energía”, que es otra cosa), “los requerimientos globales de hidrocarburos habrán subido más de 50% sobre los actuales hacia 2030”, en un contexto de agotamiento más marcado. En cuanto al mercado, los futuros petroleros han saltado casi 70% y tocaron máximos de US$ 99,50 hace dos semanas. Pero, como parte de este alza refleja el derrumbe del dólar, cada día más socios de la OPEP presionan para substituirlo por una canasta euro-dólar-yen.

Para la AIEC, empero, esta onda alcista no ha perjudicado el crecimiento de los PBI centrales al grado de los años 70, una conclusión debatible. Pero sí lo hace con los PBI de grandes economías en desarrollo, esencialmente China, India y Vietnam. En otro plano, las aerolíneas comerciales norteamericanas también descuentan un aumento de combustibles refinados, todavía mucho más baratos que en la Eurozona.

Los costos geopolíticos son de sobra conocidos. No hacía falta el reciente descubrimiento de grandes reservas en Brasil para subrayarlos. Por ejemplo, Rusia, Irán y Venezuela podrán seguir riéndose de las casi ingenuas presiones estadounidenses en el plano militar, diplomático o nuclear. Ni hablar si la crisis pakistaní desemboca, como hace 28 años en Tehrán, en un régimen fundamentalista.

El presidente Vladyímir Putin, felizmente un laico, logró que la Dumá suspendiese la participación de Moscú en el tratado europeo sobre fuerzas convencionales. Al margen de la reacción estadounidense, los aliados europeos –salvo Francia, Noruega y Gran Bretaña- dependen del gas natural ruso.

En tan complejo tablero, la situación de las grandes petroleras privadas es ambigua. Por un lado, el alza de precios ya no les reporta tantas utilidades, pues también aumentan los costos de extracción, refinamiento y, cuando la encaran, exploración. Por el otro, la actual bonanza en hidrocarburos parece beneficiar más a empresas estatales o paraestatales, como indica el caso brasileño.

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