Cosechas genéticas: promesas y problemas

Cuando recién se comenzaba a hablar de productos genéticamente modificados se decía que habría alimentos con poderes curativos y resistentes al deterioro. Todavía eso no se vio, pero la segunda generación tal vez comience a dar esos resultados.

14 febrero, 2006

Hasta ahora los únicos beneficiados han sido los agricultores, que han podido combatir mejor las malezas y los insectos. Pero la próxima generación de cultivos genéticos traerá, ahora sí, beneficios para los consumidores. Claro que entre ellos no figuran los productos que antes se mencionaban.

Desarrollarlos ha sido por demás difícil. La resistencia del público a los alimentos genéticamente modificados, dificultades técnicas e impedimentos legales además de la posibilidad de mejorar alimentos sin recurrir a la ingeniería genética, complicaron el avance.

En el año 2002 un grupo de científicos fueron noticia cuando se supo que estaban manipulando la semilla de soja para que provocara menos reacciones alérgicas. Pero el proyecto debió abandonarse porque las empresas que fabricaban alimentos para bebés rechazaban los alimentos bio-ingenierizados. Además las empresas de alimentación temían posibles demandas si algunos consumidores desarrollaban reacciones alérgicas a un producto caratulado como no alergénico.

La próxima generación de estos cultivos — particularmente aquellos que brindan comida más saludable y sabrosa – podrían ser importantes para ganar aceptación de los consumidores El negocio logró una importante victoria la semana pasada cuando un panel de la Organización Mundial del Comercio determinó que la Unión Europea había violado reglas comerciales al negar aprobaciones a nuevos cultivos biotecnológicos. Es improbable, sin embargo, que esa decisión sea suficiente para superar las sospechas de los consumidores europeos con respecto a los alimentos genéticamente modificados.

Nuevos cultivos son también muy importantes para la industria, que desde hace por lo menos 10 años viene machacando sobre las mismas dos ventajas: tolerancia a los herbicidas y resistencia a los insectos. Están apareciendo por fin algunos tipos nuevos de cultivos. Monsanto acaba de lograr aprobación federal para un tipo de maíz genéticamente modificado que, afirma, tendrá mayor valor nutricional, aunque sólo para cerdos y aves de corral. El grano, que posee una bacteria, contiene mayores niveles de Lisina, un aminoácido que a veces se les da a los animales de granja como suplemento.

Pronto vendrán, anuncian, también aceites de soja que permitirán frituras y horneados más saludables. Para impedir que el aceite de soja se vuelva rancio, se recurre al proceso de hidrogenación. Ese proceso genera las grasas trans, que son dañinas y deben anunciarse en las etiquetas según nuevas regulaciones. Pero ahora Monsanto y DuPont, han desarrollado semillas de soja con una composición alterada de aceite que, en algunos casos, no necesita hidrogenación. Kellog dijo en diciembre que usaría los productos, especialmente los de Monsanto para eliminar las grasas trans de algunos de sus productos.

Tanto el producto de Monsanto, Vistive, como el de DuPont, llamado Nutrium, fueron desarrollados con métodos tradicionales. Sólo tienen modificación genética por cuanto tienen un gen que les permite crecer aun cuando se los rocía con el herbicida Roundup, de amplia utilización. Pero ambas compañías dicen que la próxima generación de soja, que sería capaz de eliminar las grasas trans en más alimentos, probablemente sí necesitarán manipulación genética. Calculan, también, que harán falta entre 3 y 6 años más.

Los próximos logros

Además, dijeron las empresas , también habrá soja con ácidos grasos omega-3, que son buenos para el corazón y el cerebro. Por ahora esos ácidos se derivan del consumo de pescado, que a su vez los obtienen al comer algas.

También está en camino la segunda generación de cultivos. DuPont está tratando de desarrollar soja con mejor sabor para usar en productos como barritas proteicas. Avanza la búsqueda de cultivos más nutritivos para los países menos desarrollados. Uno de ellos es el llamado arroz dorado, que contiene vitamina A. La carencia de vitamina A puede provocar ceguera en algunos países pobres.

Se ha avanzado bastante en la búsqueda de cultivos capaces de soportar sequías. Si bien ése es principalmente un beneficio para los agricultores, también ayudaría a los consumidores en regiones como África, donde las sequías traen hambrunas.

Con todo, la oposición de los consumidores y empresas de alimentos ha obligado a grandes empresas como Monsanto y DuPont a elegir sus proyectos con mucho cuidado. También dificultó la tarea de conseguir financiamiento a los académicos investigadores y pequeñas start-ups, que son las que por lo general aportan innovación en otros campos.

Otro obstáculo importante, especialmente para investigadores académicos y pequeñas empresas innovadoras, son los derechos de propiedad intelectual que tienen las grandes empresas. Además está el costo de atravesar todas las barreras regulatorias y de revisión con un cultivo modificado. Eso ha hecho muy difícil aplicar cultivos modificados como frutas y vegetales, que tienen menos ventas que los principales granos o semillas oleaginosas.

También hay impedimentos de tipo técnico. Mientras que un solo gen bacterial puede brindar resistencia a los herbicidas o a los insectos, si se quiere cambiar la composición nutricional de los cultivos a veces a veces hay que utilizar varios genes para alterar el metabolismo dentro de una célula. Eso crea muy riesgo mayor a los efectos no buscados. Las semillas mejoradas deben satisfacer las demandas de los agricultores, que piden grandes rindes, y de las empresas de alimentos que piden buen sabor y propiedades de manejo.

DuPont logró en 1997 la aprobación de una semilla de soja con alto nivel de ácido oleico que podría producir aceites más saludables, pero en lugar de convertirse con eso en un caso clave para demostrar los beneficios de la bioingeniería genética para la salud de los consumidores, la semilla ahora es utilizada solamente para fabricar lubricantes industriales. Interrogada, la empresa explica que una de las razones por las cuales no fue usada en alimentos fue que entonces la demanda de aceites más sanos no era tan grande como es ahora. Expertos externos dicen que hubo otro problema: los alimentos hechos con el aceite no tenían buen sabor.

Las empresas de biotecnología admiten que si las mejoras pueden hacerse con métodos convencionales, los resultados serían más rápidos porque no tienen que afrontar el escrutinio regulatorio.

Hasta ahora los únicos beneficiados han sido los agricultores, que han podido combatir mejor las malezas y los insectos. Pero la próxima generación de cultivos genéticos traerá, ahora sí, beneficios para los consumidores. Claro que entre ellos no figuran los productos que antes se mencionaban.

Desarrollarlos ha sido por demás difícil. La resistencia del público a los alimentos genéticamente modificados, dificultades técnicas e impedimentos legales además de la posibilidad de mejorar alimentos sin recurrir a la ingeniería genética, complicaron el avance.

En el año 2002 un grupo de científicos fueron noticia cuando se supo que estaban manipulando la semilla de soja para que provocara menos reacciones alérgicas. Pero el proyecto debió abandonarse porque las empresas que fabricaban alimentos para bebés rechazaban los alimentos bio-ingenierizados. Además las empresas de alimentación temían posibles demandas si algunos consumidores desarrollaban reacciones alérgicas a un producto caratulado como no alergénico.

La próxima generación de estos cultivos — particularmente aquellos que brindan comida más saludable y sabrosa – podrían ser importantes para ganar aceptación de los consumidores El negocio logró una importante victoria la semana pasada cuando un panel de la Organización Mundial del Comercio determinó que la Unión Europea había violado reglas comerciales al negar aprobaciones a nuevos cultivos biotecnológicos. Es improbable, sin embargo, que esa decisión sea suficiente para superar las sospechas de los consumidores europeos con respecto a los alimentos genéticamente modificados.

Nuevos cultivos son también muy importantes para la industria, que desde hace por lo menos 10 años viene machacando sobre las mismas dos ventajas: tolerancia a los herbicidas y resistencia a los insectos. Están apareciendo por fin algunos tipos nuevos de cultivos. Monsanto acaba de lograr aprobación federal para un tipo de maíz genéticamente modificado que, afirma, tendrá mayor valor nutricional, aunque sólo para cerdos y aves de corral. El grano, que posee una bacteria, contiene mayores niveles de Lisina, un aminoácido que a veces se les da a los animales de granja como suplemento.

Pronto vendrán, anuncian, también aceites de soja que permitirán frituras y horneados más saludables. Para impedir que el aceite de soja se vuelva rancio, se recurre al proceso de hidrogenación. Ese proceso genera las grasas trans, que son dañinas y deben anunciarse en las etiquetas según nuevas regulaciones. Pero ahora Monsanto y DuPont, han desarrollado semillas de soja con una composición alterada de aceite que, en algunos casos, no necesita hidrogenación. Kellog dijo en diciembre que usaría los productos, especialmente los de Monsanto para eliminar las grasas trans de algunos de sus productos.

Tanto el producto de Monsanto, Vistive, como el de DuPont, llamado Nutrium, fueron desarrollados con métodos tradicionales. Sólo tienen modificación genética por cuanto tienen un gen que les permite crecer aun cuando se los rocía con el herbicida Roundup, de amplia utilización. Pero ambas compañías dicen que la próxima generación de soja, que sería capaz de eliminar las grasas trans en más alimentos, probablemente sí necesitarán manipulación genética. Calculan, también, que harán falta entre 3 y 6 años más.

Los próximos logros

Además, dijeron las empresas , también habrá soja con ácidos grasos omega-3, que son buenos para el corazón y el cerebro. Por ahora esos ácidos se derivan del consumo de pescado, que a su vez los obtienen al comer algas.

También está en camino la segunda generación de cultivos. DuPont está tratando de desarrollar soja con mejor sabor para usar en productos como barritas proteicas. Avanza la búsqueda de cultivos más nutritivos para los países menos desarrollados. Uno de ellos es el llamado arroz dorado, que contiene vitamina A. La carencia de vitamina A puede provocar ceguera en algunos países pobres.

Se ha avanzado bastante en la búsqueda de cultivos capaces de soportar sequías. Si bien ése es principalmente un beneficio para los agricultores, también ayudaría a los consumidores en regiones como África, donde las sequías traen hambrunas.

Con todo, la oposición de los consumidores y empresas de alimentos ha obligado a grandes empresas como Monsanto y DuPont a elegir sus proyectos con mucho cuidado. También dificultó la tarea de conseguir financiamiento a los académicos investigadores y pequeñas start-ups, que son las que por lo general aportan innovación en otros campos.

Otro obstáculo importante, especialmente para investigadores académicos y pequeñas empresas innovadoras, son los derechos de propiedad intelectual que tienen las grandes empresas. Además está el costo de atravesar todas las barreras regulatorias y de revisión con un cultivo modificado. Eso ha hecho muy difícil aplicar cultivos modificados como frutas y vegetales, que tienen menos ventas que los principales granos o semillas oleaginosas.

También hay impedimentos de tipo técnico. Mientras que un solo gen bacterial puede brindar resistencia a los herbicidas o a los insectos, si se quiere cambiar la composición nutricional de los cultivos a veces a veces hay que utilizar varios genes para alterar el metabolismo dentro de una célula. Eso crea muy riesgo mayor a los efectos no buscados. Las semillas mejoradas deben satisfacer las demandas de los agricultores, que piden grandes rindes, y de las empresas de alimentos que piden buen sabor y propiedades de manejo.

DuPont logró en 1997 la aprobación de una semilla de soja con alto nivel de ácido oleico que podría producir aceites más saludables, pero en lugar de convertirse con eso en un caso clave para demostrar los beneficios de la bioingeniería genética para la salud de los consumidores, la semilla ahora es utilizada solamente para fabricar lubricantes industriales. Interrogada, la empresa explica que una de las razones por las cuales no fue usada en alimentos fue que entonces la demanda de aceites más sanos no era tan grande como es ahora. Expertos externos dicen que hubo otro problema: los alimentos hechos con el aceite no tenían buen sabor.

Las empresas de biotecnología admiten que si las mejoras pueden hacerse con métodos convencionales, los resultados serían más rápidos porque no tienen que afrontar el escrutinio regulatorio.

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