Carlos Ghosn: el hombre que quería ser CEO

A principios de esta semana Nissan anunció inversiones por US$ 600 en Córdoba. Detrás de la decisión de expandir participación en otros mercados está el CEO global de la marca, que maneja tres empresas y produce 10% de los autos del mundo. Por Florencia Pulla. 

Manejar una empresa es un desafío que a veces consume todos los momentos del día y se entromete en la vida privada y la realización personal. Ni hablar, entonces, lo que significa ser CEO de tres automotrices en tres partes del mundo totalmente opuestas, unidas bajo el objetivo común de la alianza Renault-Nissan pero que ahora también incluye a la rusa AvtoVaz. Ese es el trabajo del brasileño Carlos Ghosn.

 

Poco se sabe sobre su vida personal. 60 años. Divorciado. Cuatro hijos. Casas en Francia, Japón y Brasil. Headquaters en Holanda. Subido a un avión permanentemente; sumadas las millas circunnavega el globo once veces por año. Sigue una vida de monje, comiendo, ejercitándose y llegando temprano a sus reuniones en distintas partes del globo. Cuando está en Japón solo toma decisiones sobre Nissan; en Francia, de Renault; en Rusia, de AvtoVaz. Así, dicen quienes lo conocen, logra un frágil equilibrio entre sus diferentes roles que, en realidad, son uno solo: que la alianza, la suma de todas las partes, siga dando ganancias. No es poca cosa: hablamos de 10% de los autos a escala global y de una porción de mercado que significa US$ 148.000 millones.

 

Su visión es simple, su ética de trabajo implacable. Como CEO de Nissan –el primero de todos los puestos que hoy ostenta- tuvo que implementar duros esquemas de despidos que significaron librarse de buena parte de la burocracia que hacía inmanejable al gigante nipón. Lo logró: “Le cost cutter”, como lo llaman desde entonces, logró que Nissan volviese a ganar dinero después de solo dos años de su llegada. 15 años después, en 2014, Nissan cerraría el balance anual con un crecimiento en las ventas de alrededor de 12% y nuevos modelos saliendo, prolijos, de la línea de ensamblaje. A la alianza tampoco le ha ido mal: Renault-Nissan vende 8,5 millones de autos por año. Aunque todavía detrás de Toyota, GM y Volkswagen, la pelea es cada vez más estrecha gracias a las 68 fábricas que tiene en todo el mundo.

 

El anuncio reciente de que Renault-Nissan desembolsaría US$ 600 millones para la producción de pickups nacionales es uno más, de los tantos, en este sentido. Desde Córdoba planean lanzar el primer modelo en 2017 para exportar, principalmente.

 

Con tres cargos a su nombre y llegando a la edad del retiro, la pregunta de los inversionistas sobre un futuro reemplazo no tiene todavía una clara respuesta. Es posible que no sea uno sino dos o tres quienes se hagan cargo de este mamut que ingenió Ghosn desde sus entrañas o que la alianza, finalmente, se convierta en fusión.

 

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