Ahora, una fuerte subsidiaria de AIG quiere abandonar el grupo

International Lease Finance Corp., la filial más redituables de American International Group (dislate que significa ”internacional norteamericano”), estudia escindirse. Es líder en alquiler de aviones con opción de venta, o sea “leasing”.

12 mayo, 2008

Directivos de la empresa tienen miedo de que los problemas de AIG acabe perturbando a ILFC. En particular su máxima autoridad, Steve Udvar-Házy. En rigor, la firma es la mayor compradora de aviones comerciales en el mundo y su negocio es, precisamente, el “leasing”, actividad donde la competencia es feroz.

La semana pasada, AIG –que conduce Martin Sullivan, tras la estrepitosa caída de Maurice Greenberg- declaró pérdidas por US$ 7.810 millones en el primer trimestre. Eso se debió a un grave error de cálculo, por parte de Sullivan y su equipo, en materia de instrumentos derivativos ligados a malas hipotecas. O sea, timba sobre timba.

Pero ILFC, que en ese mismo lapso ganó US$ 272 millones (41% respecto de un año antes), ha sido bajada de nota junto con su matriz por Standard & Poor’s y Fitch Ratings. Vale decir, pagan justos por pecadores. En esos mismos doce meses, la acción de AIG había retrocedido 43%. Ante ello, la junta directiva analiza, entra las alternativas, separarse de la aseguradora.

Este asunto seguramente explotará en la asamblea ordinaria del grupo, prevista para el miércoles 14. Udvar-Házy es un contrincante de cuidado. Como su amigo George Sörös, es un húngaro que escapó de la ocupación soviética en los años 50, fundó ILFC en los 70 y la vendió en los 80 pero sin perder el control operativo. Hoy cuenta con 900 máquinas por alrededor de US$ 50.000 millones y tal es su poder que, en 2006, Airbus modificó el mediano A350 debido a críticas del magyar. Ahora, puede sumarse a los accionistas que quieren despedir a Sullivan.

Directivos de la empresa tienen miedo de que los problemas de AIG acabe perturbando a ILFC. En particular su máxima autoridad, Steve Udvar-Házy. En rigor, la firma es la mayor compradora de aviones comerciales en el mundo y su negocio es, precisamente, el “leasing”, actividad donde la competencia es feroz.

La semana pasada, AIG –que conduce Martin Sullivan, tras la estrepitosa caída de Maurice Greenberg- declaró pérdidas por US$ 7.810 millones en el primer trimestre. Eso se debió a un grave error de cálculo, por parte de Sullivan y su equipo, en materia de instrumentos derivativos ligados a malas hipotecas. O sea, timba sobre timba.

Pero ILFC, que en ese mismo lapso ganó US$ 272 millones (41% respecto de un año antes), ha sido bajada de nota junto con su matriz por Standard & Poor’s y Fitch Ratings. Vale decir, pagan justos por pecadores. En esos mismos doce meses, la acción de AIG había retrocedido 43%. Ante ello, la junta directiva analiza, entra las alternativas, separarse de la aseguradora.

Este asunto seguramente explotará en la asamblea ordinaria del grupo, prevista para el miércoles 14. Udvar-Házy es un contrincante de cuidado. Como su amigo George Sörös, es un húngaro que escapó de la ocupación soviética en los años 50, fundó ILFC en los 70 y la vendió en los 80 pero sin perder el control operativo. Hoy cuenta con 900 máquinas por alrededor de US$ 50.000 millones y tal es su poder que, en 2006, Airbus modificó el mediano A350 debido a críticas del magyar. Ahora, puede sumarse a los accionistas que quieren despedir a Sullivan.

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