Yukos: Moscú afronta pleitos y quejas diplomáticas

Accionistas de Yukos demandan internacionalmente a Rusia, en pos de indemnizaciones por la violenta caída en el valor bursátil del grupo. Al frente, Myenatyep (60% del paquete) y su director, Timothy Osborne, secundados por Suecia.

5 noviembre, 2004

Osborne informó haber radicado una demanda según los términos de la Carta Energética, un tratado ratificado por Moscú cuyo objeto es proteger de arbitrariedades a inversores y accionistas. El trato abusivo que Vladyímir Putin dispensa a Yukos también empieza a afectar la relación con Suecia, sede de las mayores carteras colocadas en las bolsas de Moscú y Petersburgo.

Entretanto, analistas británicos, alemanes y norteamericanos temen que las actitudes discrecionales del gobierno ruso traben la integración de esa economía al resto del mundo. Empezando por la vecina Unión Europea. Los otros socios en la Comunidad de Estados Independientes (CEI, la ex Unión Soviética), especialmente Ucrania y los países petroleros de Asia central, también están inquietos.

La iniciativa de Osborne es apenas la primera de una ofensiva por parte de accionistas de Yukos para revertir los perjuicios ocasionados por el “ataque fiscal”. Reclamos que pasan ya de US$ 17.000 millones –a menudo sin justificación legal- han reducido a apenas US$ 2,90 la acción de la petrolera. Ello representa 82% de deterioro, tomando las máximas de 2003.

Precisamente esta semana, Yukos anunció para el 20 de diciembre una asamblea general extraordinaria de accionistas. Su objeto es plantear la bancarrota lisa y llana, dado que ese total de deudas tributarias es imposible de afrontar.

La demanda basada en el tratado la han radicado Hulley y Yukos Universal, sociedades residentes en Chipre, a través de las cuales Myenatyep maneja sus acciones en el grupo petrolero. Tanto Rusia como Chipre son signatarias de la carta. Básicamente, este instrumento contempla resarcimientos o indemnizaciones en caso de deterioro o expropiación de activos.

Si, en tres meses, Moscú no llega a “arreglo amistoso” con los litigantes, éstos podrán exigir un arbitraje internacional. Esto irrita a Putin, porque Myenatyep era el vehículo a través del cual Míjail Jodorkovsky –ex CEO y principal accionista de Yukos, casi un “preso político” del régimen- controlaba el gigante petrolero.

En forma separada, Sven Hirdman, embajador sueco en Moscú, se ha quejado formalmente ante Gyerman Gryef -ministro de Economía- por los perjuicios ocasionados a accionistas e inversores privados. “Se conoce ya una cantidad de posibles infracciones a procedimientos legales y existe general falta de buena voluntad, por parte de las autoridades competentes, en el caso Yukos”, afirma sin ambages el diplomático.

Osborne informó haber radicado una demanda según los términos de la Carta Energética, un tratado ratificado por Moscú cuyo objeto es proteger de arbitrariedades a inversores y accionistas. El trato abusivo que Vladyímir Putin dispensa a Yukos también empieza a afectar la relación con Suecia, sede de las mayores carteras colocadas en las bolsas de Moscú y Petersburgo.

Entretanto, analistas británicos, alemanes y norteamericanos temen que las actitudes discrecionales del gobierno ruso traben la integración de esa economía al resto del mundo. Empezando por la vecina Unión Europea. Los otros socios en la Comunidad de Estados Independientes (CEI, la ex Unión Soviética), especialmente Ucrania y los países petroleros de Asia central, también están inquietos.

La iniciativa de Osborne es apenas la primera de una ofensiva por parte de accionistas de Yukos para revertir los perjuicios ocasionados por el “ataque fiscal”. Reclamos que pasan ya de US$ 17.000 millones –a menudo sin justificación legal- han reducido a apenas US$ 2,90 la acción de la petrolera. Ello representa 82% de deterioro, tomando las máximas de 2003.

Precisamente esta semana, Yukos anunció para el 20 de diciembre una asamblea general extraordinaria de accionistas. Su objeto es plantear la bancarrota lisa y llana, dado que ese total de deudas tributarias es imposible de afrontar.

La demanda basada en el tratado la han radicado Hulley y Yukos Universal, sociedades residentes en Chipre, a través de las cuales Myenatyep maneja sus acciones en el grupo petrolero. Tanto Rusia como Chipre son signatarias de la carta. Básicamente, este instrumento contempla resarcimientos o indemnizaciones en caso de deterioro o expropiación de activos.

Si, en tres meses, Moscú no llega a “arreglo amistoso” con los litigantes, éstos podrán exigir un arbitraje internacional. Esto irrita a Putin, porque Myenatyep era el vehículo a través del cual Míjail Jodorkovsky –ex CEO y principal accionista de Yukos, casi un “preso político” del régimen- controlaba el gigante petrolero.

En forma separada, Sven Hirdman, embajador sueco en Moscú, se ha quejado formalmente ante Gyerman Gryef -ministro de Economía- por los perjuicios ocasionados a accionistas e inversores privados. “Se conoce ya una cantidad de posibles infracciones a procedimientos legales y existe general falta de buena voluntad, por parte de las autoridades competentes, en el caso Yukos”, afirma sin ambages el diplomático.

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