Voto sobre analgésicos sugiere conflictos de intereses

Una clave del debate sobre las incompatibilidades de expertos que actúan simultáneamente para empresas y la FDA. Por ejemplo, 10 de 32 asesores que votaron por Celebrex, Bextra (Pfizer) y Vioxx (Merck) fueron consultores de esas firmas.

Ese comité especial, convocado por la Food & Drug Administration, votó por escaso margen –días pasados- en favor de que Vioxx volviese a plaza, si bien con restricciones y advertencias en los envases. Similar temperamento se adoptó respecto de otros compuestos basados en Cox-2 (Bextra, Celebrex).

Ante eso, el New York Times pidió al Center for Science in the Public Interest (CSPI), una organización no gubernamental que objeta procedimientos de la FDA y de la propia industria, escrutar los antecedentes de los panelistas. El CSPI dispone de una vasta base de datos.

Las investigaciones concluyeron que, si los diez asesores vinculados a Pfizer y Merck no hubiesen votado, los resultados habrían sido 12-8 en favor de retirar Bextra y 14-8 por mantener Vioxx fuera de las farmacias. En ambas instancias, nueve de los 10 panelistas se inclinaron por las respectivas empresas.

Consultados por el NYT y según consigna el Wall Street Journal por Internet, varios de los asesores manifestaron que casi todas las retribuciones percibidas de las compañías por sus servicios fueron a universidades e instituciones, no a sus bolsillos. Ocho de los diez, además, sostuvieron que sus pasados vínculos con los laboratorios no habían influido para nada en esa votación.

“Investigadores con lazos empresariales suelen figurar en paneles de la FDA, pese a que la práctica haya venido siendo cuestionada durante bastante tiempo”, señala el NYT. A su vez, el CSPI recomienda “buscar algún equilibrio entre la experiencia profesional –común entre quienes han hecho ensayos clínicos de medicamentos cuestionados para sus fabricantes- y la necesidad de prevenir conflictos de intereses”.

Por cuerda separada (apunta el WSJ), el Center for Disease Control and Prevention (CDCP) ha resuelto separar el programa de inmunización –que propende a la vacunación masiva- y el de seguridad en vacunas (monitorea riesgos potenciales). La idea es mejorar investigaciones sobre efectos colaterales. Por supuesto, a esta altura del partido, la industria está en pie de guerra y se siente asediada por un trío pesado: NYT, WSJ y British Medical Bulletin.

Ese comité especial, convocado por la Food & Drug Administration, votó por escaso margen –días pasados- en favor de que Vioxx volviese a plaza, si bien con restricciones y advertencias en los envases. Similar temperamento se adoptó respecto de otros compuestos basados en Cox-2 (Bextra, Celebrex).

Ante eso, el New York Times pidió al Center for Science in the Public Interest (CSPI), una organización no gubernamental que objeta procedimientos de la FDA y de la propia industria, escrutar los antecedentes de los panelistas. El CSPI dispone de una vasta base de datos.

Las investigaciones concluyeron que, si los diez asesores vinculados a Pfizer y Merck no hubiesen votado, los resultados habrían sido 12-8 en favor de retirar Bextra y 14-8 por mantener Vioxx fuera de las farmacias. En ambas instancias, nueve de los 10 panelistas se inclinaron por las respectivas empresas.

Consultados por el NYT y según consigna el Wall Street Journal por Internet, varios de los asesores manifestaron que casi todas las retribuciones percibidas de las compañías por sus servicios fueron a universidades e instituciones, no a sus bolsillos. Ocho de los diez, además, sostuvieron que sus pasados vínculos con los laboratorios no habían influido para nada en esa votación.

“Investigadores con lazos empresariales suelen figurar en paneles de la FDA, pese a que la práctica haya venido siendo cuestionada durante bastante tiempo”, señala el NYT. A su vez, el CSPI recomienda “buscar algún equilibrio entre la experiencia profesional –común entre quienes han hecho ensayos clínicos de medicamentos cuestionados para sus fabricantes- y la necesidad de prevenir conflictos de intereses”.

Por cuerda separada (apunta el WSJ), el Center for Disease Control and Prevention (CDCP) ha resuelto separar el programa de inmunización –que propende a la vacunación masiva- y el de seguridad en vacunas (monitorea riesgos potenciales). La idea es mejorar investigaciones sobre efectos colaterales. Por supuesto, a esta altura del partido, la industria está en pie de guerra y se siente asediada por un trío pesado: NYT, WSJ y British Medical Bulletin.

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