Un verano riesgoso para el sistema político

En el inicio de 2014, el Gobierno decidió llevar adelante una serie de cambios en materia de política económica, pero el optimismo de la ciudadanía sobre la situación actual presenta un enorme deterioro, publica abeceb.com.

Según los datos provenientes de la encuesta nacional sistemática de Isonomía Consultores, señala el director Rodrigo Martínez, el derrotero del optimismo sobre la situación actual del país respecto a un año atrás presenta un enorme deterioro: la proporción de ciudadanos pesimistas presenta un aumento interanual del 42% y los optimistas descendieron en un 61%.

 

Desde otro punto de vista, si en la Argentina de marzo de 2013 había tres argentinos pesimistas por cada optimista hoy esa proporción aumentó a diez por cada uno.

 

En lo concerniente a la mirada prospectiva del país, en términos interanuales, aumentó un 54% la cantidad de argentinos que creen que el país estará peor dentro de un año, mientras que descendieron en un 66% los que creen que estará mejor. Asimismo, un 55% de los argentinos cree en la actualidad que su situación económica personal está peor que hace un año siendo ese valor de un 36% hace un año atrás.  En otro orden de cosas, el 52% de los argentinos cree que la eliminación de los planes de cuotas afectará negativamente sus decisiones de compra en el corto plazo, así como también el 80% considera que el actual no es un buen momento para la compra de bienes importantes para su economía doméstica (que contrasta contra un 50% del mes de diciembre del año pasado y un 60% en marzo de 2013). Sin embargo, el dato más impactante es, sin duda, que el 75% de los argentinos en el plano nacional dicen tener poca confianza de poder contar con el dinero suficiente para cubrir los gastos de su hogar.  Independientemente de los valores consignados previamente, el dato central que creemos necesario recalcar es que, más allá de una suba circunstancial moderada durante el apogeo de la disputa electoral del año pasado, la medición de estas variables en diciembre de 2013 mostraba casi nulas evoluciones interanuales. Este dato, implica que las definiciones estructurales tomadas en los últimos sesenta días han redefinido, en términos de opinión pública, un gran cambio en el humor social y en muchas de las variables básicas que definen la toma de decisiones económicas micro de los consumidores. 

 

La economía presentaba en muchas de sus variables estructurales señales de agotamiento que terminaron transformando muchas de las decisiones gubernamentales en aspectos difíciles de obviar sin transformar el agotamiento en crisis. No obstante, desde un punto de vista estrictamente político surge el interrogante del timing de esta decisión. En otras oportunidades hemos destacado la tendencia repetida en el tiempo del kirchnerismo a supeditar decisiones de política pública a las conveniencias de su construcción política. Evidentemente, los sucesos de enero y febrero muestran las consecuencias de esta decisión estratégica y disparan el interrogante sobre si el conjunto de medidas adoptadas han conseguido evitar el derrumbe total de las expectativas de corto y mediano plazo del electorado a tiempo. En otros términos, si adoptamos como válida la hipótesis de que el gobierno va por el buen camino y sostendrá muchas de estas decisiones en el tiempo, la pregunta política que resurge es: ¿podrá el kirchnerismo recuperar su potencia política y electoral? ¿Puede ser, nuevamente el kirchnerismo, el símbolo de la recuperación de la economía y consolidarse como el actor capaz de resolver los problemas de la ciudadanía? A la fecha, la respuesta del electorado es contundente: la gestión de Cristina Fernández de Kirchner ha caído casi un 10% desde fin del 2013; por primera vez desde que está en el gobierno, casi la mitad de los argentinos no cree que el Gobierno Nacional pueda solucionar en los próximos dos años de gestión el principal problema que afecta a nuestro país; y, finalmente, las temáticas económicas han superado a la inseguridad como el principal problema de los argentinos tanto a nivel país como en el plano personal. Finalmente, en lo concerniente a las responsabilidades políticas es necesario puntualizar que este proceso también está generando costos en el resto del espectro político del país. La mayoría de las imágenes de los dirigentes políticos del país está a la baja y, desde la perspectiva del ciudadano, la política presenta cada vez menos posibilidades de resolver los problemas que lo aquejan. Es paradójico entonces que cuando, finalmente, pareciera que el gobierno nacional ha decidido consolidar un rumbo de política económica más acorde a las necesidades de tiempo y, en simultáneo, las demás expresiones políticas y económicas (más allá de las diferencias de forma o de menor orden) parecen consensuar en términos generales con el camino establecido, sea la ciudadanía la que considere que, al parecer, la suerte ya está echada. 

 

A pesar de que el nuevo rumbo parece apuntar a resolver algunos problemas clave de la economía, y que cuenta en términos generales con el acuerdo de otras expresiones políticas y económicas, el interrogante principal se centra en torno de la real voluntad política del gobierno de afrontar los desafíos planteados.

 

El retorno al funcionamiento cotidiano de las actividades políticas, sociales y económicas en el país luego del receso veraniego arroja una gran variedad de novedades que implican, indudablemente, importantes cambios coyunturales respecto a la situación observada a diciembre de 2013.

En un primer término, el gobierno decidió emprender una muy importante serie de cambios en materia de política económica (independientemente del discurso político utilizado para justificarlos) que parecen mostrar los primeros indicios del reconocimiento de algunos de los problemas estructurales de la economía del país.

 

No obstante, aún permanecen temas fuera de agenda (entre ellos, el más estructural: los subsidios a la energía) y será importante esperar el rumbo que adopten las noticias futuras para el potencial acceso del país al mercado de capitales internacional. 

 

En otros términos, esto significaría revalidar en términos de implementación y sostenimiento de políticas públicas si el gobierno nacional, definitivamente, irá a fondo con las medidas adoptadas para resolver alguno de los conflictos nodales de la economía o si se refugiará en algún éxito coyuntural obtenido para sostener el muy golpeado discurso gubernamental frente a sus bases electorales actuales o potenciales. En segundo término, el plano político y social nos encuentra con un comienzo de año muy convulsionado.

 

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