UE: tensiones, disputas, duras acusaciones y fracaso en Bruselas

Jacques Chirac responsabilizó a Gran Bretala y su “separatismo larvado” por el fracaso de la reunión. Otros, subrayan el escaso realismo de varias propuestas. Analistas anglosajones se entusiasman ante el riego de desbande en la UE.

18 junio, 2005

Por supouesto, nadie se sorprendió por el fracaso. Sí llamó la atención el clima confuno imperante el segundo día de sesiones (viernes), con ponencias que se presentaban y se retiraban sin siquiera un debate serio. También fañtaron árbitros idóneos: ni el presidente de turno en la UE, Jean-Claude Junker (un luxemburgués sin vuelo propio), ni el de la Comisión Europea (el conservador portugués José Manoel Durão Barroso) estaban a la altura de las circunstancias.

El plenario no deparó resultados concretos en presupuesto, subsidios o expansión del bloque. Eso sí: quedaron congelados los nuevos ingresos y la utopía constitucional, en medio de los disensos entre Chirac, Tony Blair y Gerhard Schröder.

“En la actual coyuntura regional y global, planear metas presupuestarias comunes a siete años, partiendo de 2007 (o sea, a nueve años), no triene visos de sensatez. Nadie está seguro –comentaban dos periódicos londinenses y uno suizo- de cómo llegarán a 2013 la UE, la Eurozona o el pacto de estabilidad fiscal. Tampoco está claro el perfil de la comunidad en un par de años. Sólo los tenaces burócratas de Bruselas o Fráncfort se aferran a ese tipo de futurología”.

En lo tocante al presupuesto septenal, los jefes de gobierno no arribaron a acuerdo concreto alguno, como lo trasunta la quiebra entre París y Londres. Mientras las carreras políticas de Chirac y Sachröder tal vez no alcancen a 2007, tampoco se les ven posibilidades, tampoco, al “cheque británico” ni a la propuesta francesa sobre subsidios agrícolas.

Ese “cheque” es en realidad un descuento que goza Gran Bretaña en sus aportes a la Unión Europea desde 1984 (no tan alto como el que beneficia a la “ortodoxa” España desde 1994, aunque nadie lo mencione). Londres se resiste a renegociarlo, salvo que se poden los susidios agrícolas generales.

En este caso, quien saca la mayor tajada es París. Merced a un sistema impuesto por Charles de Gaulle hace cuarenta años, creado por Edgar Faure para retener los entonces decisivos votos rurales, persiste un sistema tan costoso y anacrónico como innecesario. Por lo mismo, la tozudez gala plantea un riesgo para la UE no muy distinto al creado por los fracasos de plebiscitos en Francia y Holanda. Este país, Suecia y Alemania admitieron que ya no esperaban acuerto sobre el “presupesto imaginario”.

En relación con el doble NO, está apareciendo en Inglaterra un movimiento contra Tony Blair. No tanto en apoyo del SÍ, cuanto contra la decisión de suspender “sine die” el referendo británico. A su vez, políticos y parte de la opinión pública en España exigen plebiscito propio, en tanto una similar correlación de fuerzas en Italia presiona por reponer la lira como “moneda paralela” –no necesariamente física- al impopular euro.

El congelamiento constitucional se vincula, aparte, con la expansión de la UE. Tanto la dispuesta prematuramente en 2004 (de quince a veinticinco miembros, algunos socioeconómicos atrasados y uno, Chipre, ni siquiera entero) cuanto la contemplada a mediano plazo. Primero, porque los aspirantes –Rumania. Bulgaria- son países todavía en desarrollo. Segundo, porque Turquía despiertas resistencias y, tras lo que ve como triunfo sobre el progreso científico en Italia, el Vaticano acentúa presiones contra el ingreso de 70 millones de musulmanes.

Al final del encuentro, varios gobiernos se sumaban al pedido de suspender referendos, barajar y dar de nuevo.Varios analistas están bastante seguro que lor fuituros ingresos no se negociarán realmente hasta 2007. En el caso turco, el proceso pasaría a 2010 y la incorporación a 2015. Pero nada de eso es seguro, particularmente porque crece la impresión de que el contundente fracaso en Bruslas podría generar divisiones insalvables. Aun los supuestos beneficiarios de la ampliación en 2004 tienen ahora dudas sobre esta UE de veinticinco.

Por supouesto, nadie se sorprendió por el fracaso. Sí llamó la atención el clima confuno imperante el segundo día de sesiones (viernes), con ponencias que se presentaban y se retiraban sin siquiera un debate serio. También fañtaron árbitros idóneos: ni el presidente de turno en la UE, Jean-Claude Junker (un luxemburgués sin vuelo propio), ni el de la Comisión Europea (el conservador portugués José Manoel Durão Barroso) estaban a la altura de las circunstancias.

El plenario no deparó resultados concretos en presupuesto, subsidios o expansión del bloque. Eso sí: quedaron congelados los nuevos ingresos y la utopía constitucional, en medio de los disensos entre Chirac, Tony Blair y Gerhard Schröder.

“En la actual coyuntura regional y global, planear metas presupuestarias comunes a siete años, partiendo de 2007 (o sea, a nueve años), no triene visos de sensatez. Nadie está seguro –comentaban dos periódicos londinenses y uno suizo- de cómo llegarán a 2013 la UE, la Eurozona o el pacto de estabilidad fiscal. Tampoco está claro el perfil de la comunidad en un par de años. Sólo los tenaces burócratas de Bruselas o Fráncfort se aferran a ese tipo de futurología”.

En lo tocante al presupuesto septenal, los jefes de gobierno no arribaron a acuerdo concreto alguno, como lo trasunta la quiebra entre París y Londres. Mientras las carreras políticas de Chirac y Sachröder tal vez no alcancen a 2007, tampoco se les ven posibilidades, tampoco, al “cheque británico” ni a la propuesta francesa sobre subsidios agrícolas.

Ese “cheque” es en realidad un descuento que goza Gran Bretaña en sus aportes a la Unión Europea desde 1984 (no tan alto como el que beneficia a la “ortodoxa” España desde 1994, aunque nadie lo mencione). Londres se resiste a renegociarlo, salvo que se poden los susidios agrícolas generales.

En este caso, quien saca la mayor tajada es París. Merced a un sistema impuesto por Charles de Gaulle hace cuarenta años, creado por Edgar Faure para retener los entonces decisivos votos rurales, persiste un sistema tan costoso y anacrónico como innecesario. Por lo mismo, la tozudez gala plantea un riesgo para la UE no muy distinto al creado por los fracasos de plebiscitos en Francia y Holanda. Este país, Suecia y Alemania admitieron que ya no esperaban acuerto sobre el “presupesto imaginario”.

En relación con el doble NO, está apareciendo en Inglaterra un movimiento contra Tony Blair. No tanto en apoyo del SÍ, cuanto contra la decisión de suspender “sine die” el referendo británico. A su vez, políticos y parte de la opinión pública en España exigen plebiscito propio, en tanto una similar correlación de fuerzas en Italia presiona por reponer la lira como “moneda paralela” –no necesariamente física- al impopular euro.

El congelamiento constitucional se vincula, aparte, con la expansión de la UE. Tanto la dispuesta prematuramente en 2004 (de quince a veinticinco miembros, algunos socioeconómicos atrasados y uno, Chipre, ni siquiera entero) cuanto la contemplada a mediano plazo. Primero, porque los aspirantes –Rumania. Bulgaria- son países todavía en desarrollo. Segundo, porque Turquía despiertas resistencias y, tras lo que ve como triunfo sobre el progreso científico en Italia, el Vaticano acentúa presiones contra el ingreso de 70 millones de musulmanes.

Al final del encuentro, varios gobiernos se sumaban al pedido de suspender referendos, barajar y dar de nuevo.Varios analistas están bastante seguro que lor fuituros ingresos no se negociarán realmente hasta 2007. En el caso turco, el proceso pasaría a 2010 y la incorporación a 2015. Pero nada de eso es seguro, particularmente porque crece la impresión de que el contundente fracaso en Bruslas podría generar divisiones insalvables. Aun los supuestos beneficiarios de la ampliación en 2004 tienen ahora dudas sobre esta UE de veinticinco.

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