Turquía, cerca de romper comn la Unión Europea

Algunos días antes de lo supuesto, la Comisión europea reveló que recomendará suspender tratativas por el ingreso de Angora. Simultáneamente, la entidad y la Otan negaban refuerzos para Afganistán y al Qa’eda amenazaba al Papa.

30 noviembre, 2006

Pese a la cauta reacción del primer ministro Tayyib Recep Erdögan, la mayoría de su gabinete y el partido oficialista presionan para dar por terminadas las negociaciones y centrares en las repúblicas islámicas de habla turca entre el Cáucaso y la frontera china (tres de ellas son potencias petroleras).

Curiosamente y abandonando la línea antiotomana del polaco Karol Wojtyla, Josef Ratzinger apoya ahora el ingreso de Turquía a la Unión Europea. Justo mientras Bruselas insiste en condicionar todo a Chipre, algo que Angora no digiere.

“Sería imprudente cerrarle la puerta a Turquía”, sostiene el Vaticano, tras saberse que los cancilleres de la UE -el 11 de diciembre- congelarán negociaciones, a menos que Turquíaa ceda a los planteos de Chipre, cuya parte helénica fue incorporada en 2005 a la UE con llamativa prisa.

Tras Nicosia opera Atenas pero, sospechan medios alemanes, es Gran Bretaña la fuente real de trabas, pues desea mantener una especie de tutela sobre la isla de accidentada historia. Tampoco Israel ve con simpatía la eventual incorporación de Turquía, al menos mientras la gobierne un partido islámico. Lo paradójico es que ahora tampoco Angora parece muy entusiasmada con entrar a la UE.

Resta a los cancilleres decidir un matiz: suspender las negociaciones “in toto” o sólo los trece capítulos atinentes a la unión aduanera. Según el finés Olli Rehn, “las tratativas no quedarán bloqueadas, sino demoradas en algunas materias”. Por cierto, la cuestión turca divide tanto a los veinticinco miembros de la UE –pronto serán veintisiete- cuanto a la propia CE, que preside –es un decir- el portugués José Manuel Durão Barroso.

Las negociaciones formales empezaron en octubre de 2005. Desde entonces se hallan en debate 34 capítulos, desde economía hasta justicia y, en particular, la situación de Chipre (dos tercios en manos de Nicosia, un tercio en manos turcas desde 1974) y los derechos civiles. Pero Rumania y Bulgaria –donde florecen la corrupción y el delito organizado- han sido admitidas velozmente e ingresan en enero. No obstante, la economía turca es más desarrollada que las de ambos países balcánicos.

Angora, entretanto, parece hoy poco interesada en entrar. Hace pocos meses, Erdögan exigió una condición inaceptable para Bruselas: levantar el embargo sobre la Chipre turca. Además, subsiste otro tema espinoso: la renuencia otomana a aceptar responsabilidades por masacres de armenios y kurdos ocurridas en los siglos XIX y XX. Hay un detalle favorable a los griegos: Chipre fue evacuada por los británicos y se independizó en 1960, pero la ocupación turca sucedió recién catorce años después.

Pese a la cauta reacción del primer ministro Tayyib Recep Erdögan, la mayoría de su gabinete y el partido oficialista presionan para dar por terminadas las negociaciones y centrares en las repúblicas islámicas de habla turca entre el Cáucaso y la frontera china (tres de ellas son potencias petroleras).

Curiosamente y abandonando la línea antiotomana del polaco Karol Wojtyla, Josef Ratzinger apoya ahora el ingreso de Turquía a la Unión Europea. Justo mientras Bruselas insiste en condicionar todo a Chipre, algo que Angora no digiere.

“Sería imprudente cerrarle la puerta a Turquía”, sostiene el Vaticano, tras saberse que los cancilleres de la UE -el 11 de diciembre- congelarán negociaciones, a menos que Turquíaa ceda a los planteos de Chipre, cuya parte helénica fue incorporada en 2005 a la UE con llamativa prisa.

Tras Nicosia opera Atenas pero, sospechan medios alemanes, es Gran Bretaña la fuente real de trabas, pues desea mantener una especie de tutela sobre la isla de accidentada historia. Tampoco Israel ve con simpatía la eventual incorporación de Turquía, al menos mientras la gobierne un partido islámico. Lo paradójico es que ahora tampoco Angora parece muy entusiasmada con entrar a la UE.

Resta a los cancilleres decidir un matiz: suspender las negociaciones “in toto” o sólo los trece capítulos atinentes a la unión aduanera. Según el finés Olli Rehn, “las tratativas no quedarán bloqueadas, sino demoradas en algunas materias”. Por cierto, la cuestión turca divide tanto a los veinticinco miembros de la UE –pronto serán veintisiete- cuanto a la propia CE, que preside –es un decir- el portugués José Manuel Durão Barroso.

Las negociaciones formales empezaron en octubre de 2005. Desde entonces se hallan en debate 34 capítulos, desde economía hasta justicia y, en particular, la situación de Chipre (dos tercios en manos de Nicosia, un tercio en manos turcas desde 1974) y los derechos civiles. Pero Rumania y Bulgaria –donde florecen la corrupción y el delito organizado- han sido admitidas velozmente e ingresan en enero. No obstante, la economía turca es más desarrollada que las de ambos países balcánicos.

Angora, entretanto, parece hoy poco interesada en entrar. Hace pocos meses, Erdögan exigió una condición inaceptable para Bruselas: levantar el embargo sobre la Chipre turca. Además, subsiste otro tema espinoso: la renuencia otomana a aceptar responsabilidades por masacres de armenios y kurdos ocurridas en los siglos XIX y XX. Hay un detalle favorable a los griegos: Chipre fue evacuada por los británicos y se independizó en 1960, pero la ocupación turca sucedió recién catorce años después.

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