¿Todo bien o todo mal?

Una semana para ser cauteloso. El país vive sacudido por las elecciones del domingo y por la polarización de los medios de comunicación.

Semana electoral. Más que nunca el empresario y el inversor deben extremar la cautela y la mesura al tomar decisiones basadas en la información que circula. El observador no puede sino advertir una añeja tendencia a la polarización de los medios de comunicación, en relación con las elecciones para la jefatura de la ciudad de Buenos Aires. El oficialismo necesita mantener su ciudadela política más fuerte después de la Presidencia. El Partido Justicialista, que predomina en el interior – en particular por el peso de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe – quiere destronar a la Alianza y reforzar posiciones para el 2001.

Según la fuente de que se trate, en la Argentina todo marcha para bien o, por el contrario, todo apunta hacia lo negativo. Esperar, pues, a los próximos días, cuando se calme la marea electoralista.

El país sigue jugando al corto plazo, los políticos prefieren el marketing político a la planificación estratégica. La lucha por el poder y sus prebendas reemplazan al concepto aristotélico de la política -arte de gobernar- y a la concepción cristiana: ejercicio de la administración de la sociedad en pro del bien común.

Veremos agrupar con títulos opresivos la disminución de la recaudación fiscal, la caída en la venta de automotores, el preocupante aumento de los despidos en Abril y las pérdidas de Aerolíneas Argentinas. Por otro lado, se enfatizan el aumento de las exportaciones al Brasil y la persistente suba de los granos en el mercado de Chicago, para gozosa esperanza de nuestros productores.

Todo es cierto. La interpretación depende del color del cristal con que se observa la realidad.

Semana electoral. Más que nunca el empresario y el inversor deben extremar la cautela y la mesura al tomar decisiones basadas en la información que circula. El observador no puede sino advertir una añeja tendencia a la polarización de los medios de comunicación, en relación con las elecciones para la jefatura de la ciudad de Buenos Aires. El oficialismo necesita mantener su ciudadela política más fuerte después de la Presidencia. El Partido Justicialista, que predomina en el interior – en particular por el peso de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe – quiere destronar a la Alianza y reforzar posiciones para el 2001.

Según la fuente de que se trate, en la Argentina todo marcha para bien o, por el contrario, todo apunta hacia lo negativo. Esperar, pues, a los próximos días, cuando se calme la marea electoralista.

El país sigue jugando al corto plazo, los políticos prefieren el marketing político a la planificación estratégica. La lucha por el poder y sus prebendas reemplazan al concepto aristotélico de la política -arte de gobernar- y a la concepción cristiana: ejercicio de la administración de la sociedad en pro del bien común.

Veremos agrupar con títulos opresivos la disminución de la recaudación fiscal, la caída en la venta de automotores, el preocupante aumento de los despidos en Abril y las pérdidas de Aerolíneas Argentinas. Por otro lado, se enfatizan el aumento de las exportaciones al Brasil y la persistente suba de los granos en el mercado de Chicago, para gozosa esperanza de nuestros productores.

Todo es cierto. La interpretación depende del color del cristal con que se observa la realidad.

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