Subsidios agrícolas: ¿EE.UU. quiere realmente eliminarlos?

En pocos días, Robert Zoellick y, a continuación, George W.Bush propusieron suprimir subsidios agrícolas. Su objeto parece ser resucitar la ronda Dohá, puesta en la congeladora tras el fracaso de Cancún.

En gestos poco compatibles con la campaña por la reelección, el presidente y su representante comercial salieron a desafiar el voto rural y la reticencia de la Unión Europea. En mensajes a cada uno de los 140 miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Zoellick propuso el lunes 12 “una rápida eliminación de todos los subsidios a exportaciones agrícolas y la rebaja de aranceles sobre importaciones de mercancías y alimentos”.

Más tarde, Bush reiteraba lo mismo en la cumbre de mandatarios americanos (Monterrey) y, luego, en el mensaje anual al país. De paso, sugirió suspender tratativas sobre normas de inversión –o sea, apertura indiscriminada a capitales extranjeros- y otros temas que caen mal en Brasil, Argentina, India, China y otros países.

Naturalmente, este intento para reanimar la ronda Dohá encuentra dura oposición entre agricultores, políticos y gremialistas estadounidenses, remisos a perder subsidios o competir sin protección directa e indirecta. La actitud de Bush tiene, empero, una explicación clara: dando por hecha la reelección en noviembre, quiere terminar las negociaciones en la OMC antes de mediados de 2005. A partir de ese momento, ya no podrá subscribir acuerdos comerciales sin intervención parlamentaria.

Por supuesto, el bloque emergente y periférico aplaudió las propuestas. En cuanto a Japón y los europeos, no se apresuran a presentar proyectos ni lanzar ideas con vistas a una reunión en Hongkong (en apariencia, transferida de marzo a diciembre próximos). A la inversa, Zoellick especifica que Washington quisiera centrarse esencialmente en manufacturas y productos agrícolas, temas que hundieron la conferencia de Cancún (noviembre pasado).

En gestos poco compatibles con la campaña por la reelección, el presidente y su representante comercial salieron a desafiar el voto rural y la reticencia de la Unión Europea. En mensajes a cada uno de los 140 miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Zoellick propuso el lunes 12 “una rápida eliminación de todos los subsidios a exportaciones agrícolas y la rebaja de aranceles sobre importaciones de mercancías y alimentos”.

Más tarde, Bush reiteraba lo mismo en la cumbre de mandatarios americanos (Monterrey) y, luego, en el mensaje anual al país. De paso, sugirió suspender tratativas sobre normas de inversión –o sea, apertura indiscriminada a capitales extranjeros- y otros temas que caen mal en Brasil, Argentina, India, China y otros países.

Naturalmente, este intento para reanimar la ronda Dohá encuentra dura oposición entre agricultores, políticos y gremialistas estadounidenses, remisos a perder subsidios o competir sin protección directa e indirecta. La actitud de Bush tiene, empero, una explicación clara: dando por hecha la reelección en noviembre, quiere terminar las negociaciones en la OMC antes de mediados de 2005. A partir de ese momento, ya no podrá subscribir acuerdos comerciales sin intervención parlamentaria.

Por supuesto, el bloque emergente y periférico aplaudió las propuestas. En cuanto a Japón y los europeos, no se apresuran a presentar proyectos ni lanzar ideas con vistas a una reunión en Hongkong (en apariencia, transferida de marzo a diciembre próximos). A la inversa, Zoellick especifica que Washington quisiera centrarse esencialmente en manufacturas y productos agrícolas, temas que hundieron la conferencia de Cancún (noviembre pasado).

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