Sin estridencias, Trump sorprendió al Congreso

Impresionó gratamente a quienes lo cuestionan, por su tono moderado y conciliador. Pero desencantó a los que esperaban precisiones sobre la anunciada reforma impositiva o el gran plan de obras públicas que se pondría en marcha.

Fue, en tono y contenido, muy distinto este primer discurso presidencial ante el Congreso, que el que pronunció el 20 de enero en la consagración presidencial. Incluso apeló ahora a la unidad política y señaló la urgencia de reemplazar con una ley al Obamacare “con grandes fisuras actuales”, según sus voceros.

Para los opositores fue grato el cambio de actitud, aunque mantienen sus prevenciones de que pronto aparecerá el Trump de siempre. Sus seguidores lo aplaudieron como a un estadista. Pero el poder financiero y económico del país, con grandes expectativas por la prometida orientación económica, quedaron defraudados por la falta de anuncios concretos.

Fue un discurso civilizado, tranquilo, sin los brutales ataques usuales. Incluso podría existir la posibilidad de que haya un modesto giro en alguna de las materias más sensible. Sugirió que podría existir un nuevo régimen legal para los indocumentados (en vez de echarlos a todos del país sin vacilar). Pero habrá que esperar para comprobar si es una simple treta, o si hay un real cambio.

Aún con la nueva actitud no basta para que los opositores bajen la guardia, en especial los millones de personas que se sienten amenazadas por las políticas que se cansó de enunciar durante la campaña y en las primeras semanas en la Casa Blanca.

Para muchos observadores, el contenido del discurso fue el mismo de siempre, revestido de cuidadas expresiones para no sonar intimidante. Sin embargo es cierto que hubo una abierta condena del antisemitismo y un llamado a la unidad política.

Esta inesperada rama de olivo alcanzó también a aliados y organizaciones que antes habían sido puestos en la picota. Sobre la OTAN (la Organización del tratado del Atlántico Norte), aseguró que este pacto militar que fue forjado con la guerra mundial y a través de la Guerra Fría “que derrotó al comunismo”. Aunque aclaró que los socios de este selecto club deberán “cumplir con sus obligaciones financieras”.

Declaró que Estados Unidos estaba dispuesto otra vez a liderar. Pero hubo un matiz: no liderar el mundo libre, como decían anteriores presidentes, solamente “mi trabajo es representar a Estados Unidos”.

Ayudó a calmar los ánimos de las filas republicanas, alarmadas por el caótico accionar de la Casa Blanca durante los primeros 40 días de mandato.

Entre los politicólogos, la impresión que dejó el discurso es que Trump ha madurado, y que su intervención ante el Congreso fue más “presidencial”, y menos las mañas de un político difícil de clasificar. Como si la intención fuera atraer a su órbita a los sectores más moderados.

En suma, fue mucho más sobrio, hasta sorprender, pero no hubo anuncios relevantes ni siquiera insinuó intenciones sobre lo que realmente piensa hacer en el futuro próximo.

Como dijo un senador Demócrata, se ha llegado a un punto donde un discurso presidencial es un éxito, porque quien lo pronuncia no ha dicho nada embarazoso o abiertamente ofensivo.

En materia de política externa, no se mencionó a China o a Rusia, aunque si se ratificaron las metas proteccionistas prometidas en la campaña.

 

 

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