Semana clave para Grecia y sus acreedores

Deberá decidir esta semana si paga un primer tramo de su deuda con el FMI el viernes o si espera a fin de mes para saldar los 1.600 millones de euros que vencen en junio y gana tiempo para llegar a un mejor acuerdo. 

A días de que venza el primer tramo de la deuda con el FMI de este mes, el próximo viernes, los contactos entre los líderes de Grecia, las principales potencias europeas, los dirigentes de la Unión Europea (UE) y el FMI se intensificaron y desataron una lluvia de rumores sobre el futuro de Atenas en la zona euro. 

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, acaba de hablar con sus pares de Francia y Alemania, el presidente Francois Hollande y la canciller Angela Merkel, en conferencia telefónica, para intentar destrabar las negociaciones sobre la deuda externa de Atenas. 

Según informaron fuentes gubernamentales griegas, la conversación se realizó en “un muy buen clima” y los tres líderes coincidieron en la necesidad de llegar a un acuerdo cuanto antes. 

Grecia padece una fuerte escasez de dinero que podría provocar su bancarrota en semanas y una posible salida del euro, según el peor escenario posible.

Para evitarlo, debe alcanzar un acuerdo con sus acreedores sobre una serie de reformas económicas que se le piden para obtener el desembolso de 7.200 millones de dólares que forman parte de su segundo programa de “rescate”, de 2011, y que le permitiría afrontar sus compromisos.

El más urgente de estos compromisos es el vencimiento de 300 millones de euros de su préstamo del FMI del próximo viernes, el primero de cuatro pagos que debe hacer al organismo de crédito en junio, hasta el día 19.

Días atrás, no obstante, el FMI confirmó que Grecia puede optar, como hizo Zambia hace 30 años, por unificar todos los reembolsos y efectuarlos a fin de mes. Atenas ya advirtió que podría verse incapacitada de pagar si no se destraban sus fondos de asistencia, pero aún no se pronunció sobre esa alternativa. 

Pese a cuatro meses de negociaciones, las partes no se han podido poner de acuerdo en torno a esas medidas de ahorro exigidas a Grecia para calificar para obtener los fondos. El país del sur de Europa no recibe fondos de “rescate” desde agosto pasado, y se está financiando con sus propios recursos.

Por eso, mientras negocia a contrarreloj con los líderes de la UE, Tsipras también presiona públicamente a sus acreedores para que flexibilicen sus posiciones y aceleren las negociaciones. 

El premier griego publicó una dura columna en el diario francés Le Monde, en la que condenó las “propuestas absurdas” que impulsan sus acreedores de la UE y el FMI para llegar a un acuerdo. 

Destacó la exigencia de volver a reducir las pensiones en Grecia y recordó que en su país 44,5 % de los jubilados tiene ingresos que los colocan por debajo del umbral de la “pobreza relativa”, mientras que 23,1% vive “en riesgo de pobreza o exclusión social”.

El líder izquierdista griego también destacó como un absurdo la negativa a que su país cumpla con las mismas normativas de protección laboral que rigen en el resto de la UE como lo es la negociación colectiva, es decir, las paritarias.

“Lo que pedimos es simplemente algo que es práctica común en el resto de los países de la eurozona”, insistió Tsipras en su artículo.

Versiones periodísticas de los últimos días sostuvieron que Grecia, la UE y el FMI llegaron a un acuerdo para escalonar el IVA de manera progresiva para evitar un aumento generalizado, como pedía el establishment financiero mundial, y garantizar un tratamiento preferencial a los alimentos básicos. 

Sin embargo, las diferencias sobre las leyes laborales y la evolución de las pensiones siguen dividiendo la mesa de negociación. 

Mina Andreeva, la vocera de la Comisión Europea, el Ejecutivo de la UE, evitó hoy confrontar con Tsipras y simplemente dijo en conferencia de prensa que están “trabajando para asegurar que se ofrece un trato unificado por parte de las tres instituciones” comunitarias y que es el momento de “mostrar unidad” en la eurozona.

Pero la tensión entre Atenas y sus acreedores internacionales es innegable y cada vez se siente más dentro del territorio griego.

Prueba de ello fue que Elena Panariti, la economista designada por el ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, como representante de Grecia ante el FMI renunció hoy al cargo antes de asumirlo por las críticas que se multiplicaron en los últimos días entre legisladores y miembros de Syriza, la alianza de izquierda que llevó a Tsipras al poder en enero pasado. 

En una carta pública, un grupo de legisladores oficialistas reclamaron que “un representante destacado de las políticas de rescate no puede representar al gobierno”, en referencia a la estrecha relación de Panariti con el gobierno socialdemócrata de Yorgos Papandreu, responsable de firmar el primer rescate millonario que obligó al país a imponer las medidas de ajuste dictados por la UE y el FMI.

 

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