¿Se agota finalmente el modelo capitalista anglosajón?

Wachovia negocia comprar Morgan Stanley y cae 24%. Goldman Sachs, la otra firma de valores supérstite, cede 14% mientras gestiona la venta de Washington Mutual (líder en ahorro y préstamo para vivienda). Lloyds toma Halifax Bank of Scotland.

18 septiembre, 2008

<p> Para George W. Bush, esta ola de turbulencias signa un final de mandato peor que el de otro republicano, Herbert C. Hoover, en 1933. Su largo gobierno, tras inaugurar otra fase de capitalismo estatal &ndash;liquidando el modelo anglosaj&oacute;n perge&ntilde;ado por el monetarismo neocl&aacute;sico-, no logra explicarle al p&uacute;blico qu&eacute; hace o por qu&eacute;.</p>
<p> Esta tarea les cabe a Henry Paulson (hombre de Goldman Sachs en hacienda) y Benjamin Bernanke, experto universitario en crisis financieras antes de llegar a la Reserva Federal. Paulson tiene una fortuna personal de US$ 700 millones -&iquest;d&oacute;nde estar&aacute; colocada? &iquest;en Bahamas?-, pero no logra comunicarse con legisladores, dirigentes pol&iacute;ticos ni la gente. Como Bernanke, tampoco tiene respuestas cuando comit&eacute;s de diputados o senadores y el candidato oficialista John McCain le preguntan cu&aacute;ndo o como concluyen las turbulencias que, bien mirados, empezaron en agosto de 2007.</p>
<p> El drama queda agudamente ilustrado en una vi&ntilde;eta que el &ldquo;Corriere Della Serra&rdquo; lleva en primera p&aacute;gina este jueves. La efigie de George Washington, desde un billete de d&oacute;lar, le alcanza a Bush una pila de billetes. &ldquo;Ac&aacute; tiene el pr&eacute;stamo &iquest;y la garant&iacute;a?&rdquo;, inquiere. &ldquo;Una hipoteca sobre la Casa Blanca &ndash;replica el presidente-, pero no le diga nada a McCain&rdquo;.</p>
<p> M&aacute;s all&aacute; de amplias diferencias entre 1929 y 2008 (entonces no hab&iacute;a jugadores como Jap&oacute;n, China, India, Brasil, Rusia o los exportadores petroleros, todav&iacute;a no acoplados a este desmadre), lo sucedido en Walla Serret y Londres es un cl&aacute;sico. El negocio financiero &ndash;hoy le dicen &ldquo;industria&rdquo;, una iron&iacute;a cruel: s&oacute;lo fabrica globos- produjo dos burbujas en doce a&ntilde;os, la puntocom y la inmobiliaria. La segunda desemboc&oacute; en una doble crisis de malas hipotecas e iliquidez. La causa final remite a los tulipanes holandeses del siglo XVII: es la codicia, en contextos mal o no regulados. Los grandes pensadores de los siglos XIX y XX llamaban a eso &ldquo;capitalismo salvaje&rdquo; o, sencillamente, especulaci&oacute;n pura.</p>
<p> La man&iacute;a hoy en crisis se tradujo en hipotecas de mala calidad &ndash;o sea a deudores de escasa solvencia- y cotizaciones burs&aacute;tiles que (como las firmas puntocom antes) alcanzaron niveles absurdos. En ese pa&ntilde;o apostaban Northern Rock, las constructoras espa&ntilde;olas, Bear Stearns, Lehman Brothers, American International Group, Merrill Lynch, HBOS, Citigroup, Wachovia y tantos m&aacute;s. Pero la mayor&iacute;a de econom&iacute;as emergentes o perif&eacute;ricas. No por lo que imagina Cristina Fern&aacute;ndez Kirchner &ndash;cuyas parrafadas s&oacute;lo entretienen a desorientados bonistas-, sino simplemente porque no tienen plata ni cr&eacute;dito para poner fichas en el gran casino occidental.</p>
<p> Al desmoronarse la pir&aacute;mide hipotecaria, los bonos, los paquetes de obligaciones y hasta los contratos derivados &ndash;esos fantasmas que revolotean desde fines de los 80 y tantos analistas &ldquo;serios&rdquo; nunca mencionan- perdieron valor real. En &uacute;ltimo t&eacute;rmino, los bancos comerciales que financiaban &ldquo;la gran aventura&rdquo; dejaron de prestar. Eso gener&oacute; la actual iliquidez, no sin poner a las entidades ante un dilema: como meros intermediarios del dinero (por eso no son una industria), pueden &ldquo;hacer cualquier cosa con &eacute;l, menos sent&aacute;rsele encima&rdquo;, dec&iacute;a John K. Galbraith.</p>
<p> Entra aqu&iacute; en escena el estado, &eacute;se mismo que los neocl&aacute;sicos hab&iacute;an reducido al papel de mero espectador, por momentos bobo. Claro que sin llegar a extremos como el de la Argentina convertible. Ahora Robert Rubin se acuerda de John M. Keynes o Thomas Friedman aquella &ldquo;Resolution Trust Corporation&rdquo;, usada hace 25 a&ntilde;os para superar la crisis en ahorro y pr&eacute;stamo para vivienda (los c&eacute;lebres &ldquo;bonos chatarra&rdquo; de Michael Milken). Aun imitando ese instrumento &ldquo;heterodoxo&rdquo;, despu&eacute;s ser&aacute; preciso restringir colocaciones apalancadas, hipotecas t&oacute;xicas, aseguradoras imprudentes y fondo de cobertura (o sea, derivativos). </p>

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