Rousseff y Biden se verán en el Mundial

El vicepresidente de EE.UU. aprovechará el viaje a Brasil en junio por el Mundial para entrevistarse con Dilma y buscar una reconciliación diplomática entre ambos países tras el escándalo del espionaje.

Una reunión entre el vicepresidente estadounidense, Joe Biden, y la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, en oportunidad del Mundial de Fútbol en Brasil. procurará normalizar la relación bilateral tras el escándalo de espionaje que la afecta desde que se desatara el año pasado.

 

Anteayer, la secretaria de Estado adjunta de Asuntos del Hemisferio Occidental de EE.UU., Roberta Jacobson, confirmó el encuentro durante su intervención en la asamblea anual del Consejo de las Américas. “El vicepresidente tiene previsto asistir al Mundial y se reunirá con la presidenta Rousseff cuando lo haga”, reveló Jacobson, según consigna la edición en español de El País.

 

Sin embargo, desde el Ministerio brasileño de Relaciones Exteriores evitaron confirmar el anuncio del Departamento de Estado.

 

“Efectivamente, Joe Biden viene a ver un partido del Mundial, no se sabe si en Recife, o en Natal [ciudades sede del Mundial]. Que se va a encontrar con Dilma no lo podemos confirmar. Puede que sí, puede que no. Pero hay una posibilidad porque representa un jefe de Estado. Pero hay muchos representantes que vienen, y tenemos que ver si cuadran en la agenda”, dijo un portavoz, informa Carla Jiménez desde San Pablo.

 

La responsable del Hemisferio Occidental admitió que la relación bilateral ha vivido un “periodo difícil” por las revelaciones de que EE.UU. escrutó el correo electrónico de la mandataria brasileña, pero se mostró confiada en que ganen vigor en los próximos meses.

 

“Hay mucho que continúa en la relación aunque los titulares digan que se ha congelado”, afirmó tras ser preguntada por el clima actual de entendimiento entre los dos gigantes del continente.

 

Jacobson insistió en que para Estados Unidos el acercamiento a Brasil es vital y que por ello, al margen del distanciamiento gubernamental, se mantiene una sólida vinculación económica, turística, cultural o deportiva.

 

En este sentido, recordó que, junto a China, Brasil es el único país en el que Washington está abriendo nuevos consulados y destacó que hay una “creciente interacción” entre ambas poblaciones.

 

En 2011, el presidente de EE.UU., Barack Obama, visitó Brasil y en 2012 Rousseff estuvo en Washington. Fue el reflejo de la mejora progresiva de las relaciones tras el malestar que causó en la Casa Blanca la mediación en mayo de 2010 del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva en la crisis nuclear iraní.

 

Hace cerca de un año el vicepresidente Biden y Rousseff ya se reunieron en Brasilia. Entonces el clima de entendimiento entre los dos gigantes era máximo.

 

El momento de la consolidación definitiva de unas relaciones que aspiran a ser al más alto nivel entre las dos mayores economías y democracias del continente americano se iba a vislumbrar con la distintiva visita de estado de Rousseff a Washington en octubre de 2013.

 

Sin embargo, las revelaciones en septiembre del exanalista de la NSA Edward Snowden sobre el espionaje masivo a la Presidenta y su círculo cercano hicieron saltar por los aires todo el progreso alcanzado y dilapidaron la confianza de Brasilia con Washington.

 

Tras saber que había sido ampliamente escrutada por EE.UU., Rousseff decidió cancelar su reunión con Obama.

 

Al margen de sus consecuencias políticas, el espionaje de la NSA fue un factor clave para que el Gobierno brasileño se decantara por el fabricante sueco Saab en lugar del estadounidense Boeing para un pedido millonario de aviones de combate.

 

Desde entonces se ha ido consolidando una mejora gradual hasta el punto que a finales de marzo el embajador de Brasil en EE UU, Mauro Vieira, dijo que la mandataria “desea mucho venir” a Washington para recuperar la entrevista pendiente con Obama, pero dio a entender que difícilmente se producirá antes de las elecciones presidenciales de octubre en Brasil.

 

El Gobierno de Obama ha dado explicaciones al de Rousseff sobre los largos tentáculos de la NSA y sus planes de reforma, pero no ha llegado la preciada disculpa oficial reclamada por Brasilia.

 

Pese a este episodio, las dos potencias mantienen algunos puntos de fricción en diversos asuntos. Por ejemplo, Brasil tiene que decidir si impone represalias comerciales contra EE UU por su contencioso por las subvenciones a la producción de algodón. Y, en el terreno diplomático, a Washington le gustaría que Brasilia abrazara una actitud mucho más crítica con la represión del Gobierno venezolano contra las protestas opositoras.

 

En paralelo a las esferas políticas, los empresarios de ambos países han estado presionando a los dos gobiernos para dejar atrás el escándalo Snowden y relanzar la relación bilateral, conscientes de la magnitud y el potencial del vínculo económico.

 

Según los últimos datos del Departamento de Estado, Brasil es el octavo socio comercial de EE.UU., que es el primer inversor extranjero en el gigante emergente; mientras que EE.UU. es el segundo destino de las exportaciones brasileñas.

 

En 2012 el intercambio comercial bilateral alcanzó los 76.000 millones de dólares.

 

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