Para el IERAL, el empleo es la mejor política social

La consigna del empleo como la política social más apropiada cobra plena actualidad.

4 diciembre, 2019

Aunque obvia, la consigna del empleo como la política social más apropiada cobra plena actualidad, cuando se pone en contexto lo que está ocurriendo en los países de la región y asoman disidencias acerca de sus causas y las eventuales soluciones. Ante todo, debe asumirse que el descontento no reconoce ideologías – dice el informe de Jorge Vasconcelos del IERAL, de la Fundación Mediterránea- , ya que está poniendo a la defensiva y/o está haciendo perder elecciones a gobiernos de distinto signo político, como muestran los casos de Bolivia, Chile, Ecuador, y el resultado de los recientes comicios de Argentina y Uruguay. Un par de años antes, esto también se había observado en Brasil.

Aunque obvia, la consigna del empleo como la política social más apropiada cobra plena actualidad, cuando se pone en contexto lo que está ocurriendo en los países de la región y asoman disidencias acerca de sus causas y las eventuales soluciones.

Ante todo, debe asumirse que el descontento no reconoce ideologías, ya que está poniendo a la defensiva y/o está haciendo perder elecciones a gobiernos de distinto signo político, como muestran los casos de Bolivia, Chile, Ecuador, y el resultado de los recientes comicios de Argentina y Uruguay. Un par de años antes, esto también se había observado en Brasil.

Como ya se ha analizado en otra oportunidad (Ver, “La década diferenciada de América latina”), luego del pico de 2011, el retroceso del precios de las commodities definió un antes y un después para toda la región. Paradójicamente, dos de los países que hoy lucen menos conflictivos, Brasil y la Argentina, han sido los de peor performance económica. El resto, que incluye a Chile, Uruguay y Bolivia, logró seguir creciendo después de 2011, pero lo hizo a un ritmo más acotado y, ahora se ve más claro, sin cumplir con las expectativas de sus respectivas poblaciones.

La evolución de la tasa de desempleo en los países de la región ilustra bien este punto. En 2013, había poca distancia entre Brasil, la Argentina, Uruguay y Chile, con desocupación entre el 7,1 % y el 5,9 %. En cambio, ahora la brecha es significativa, entre el 12 % de Brasil y el 7 % de Chile, pasando por 11 % de Argentina y 8,7 % de Uruguay. Eso en la fotografía, ya que en la película, mientras en Brasil la tasa de desempleo comenzó a descender, en los otros tres sigue subiendo, aunque de modo más intenso en la Argentina.

Está claro que hay cuestiones sociales que reclaman prioridad. Pero no se trata sólo de políticas de redistribución de ingresos. Hay que volver a crecer y será cuesta arriba si se lo intenta replicando las políticas aplicadas a partir de 2011. No puede ser que tengamos la misma receta para cuando la soja cotizaba a 600 dólares la tonelada que para este escenario de 300 dólares.

En realidad, las políticas sociales por si mismas nunca habrán de alcanzar. Para una redistribución del ingreso sustentable, se necesita de una economía que se organice para generar incentivos a la inversión y a la productividad, para hacer más compleja y diversificada su estructura productiva y de empleo. Y si existen trabas para crecer, se deben evitar los dilemas retóricos (restricción fiscal vs externa).

Hace décadas que un economista nada ortodoxo como Albert Hirschman escribió que países como la Argentina necesitaban crear condiciones para la expansión de sectores con “exportabilidad”. Al margen de la proporción que se destine al mercado internacional, lo relevante es que la producción de bienes y servicios exportables está asociada a activos y flujos que sirven de colateral para conseguir financiamiento internacional, siempre que el modo en que está organizado el mercado cambiario y el nivel del riesgo país no jueguen en contra.

Esa es la clave para atraer inversiones de cuantía. Por eso las retenciones son un arma de triple filo que debe manejarse con cuidado, porque tienen un fuerte sesgo antiexportador, por su eficacia recaudadora de corto plazo y por introducir una cuña fiscal en detrimento de las provincias más dinámicas.

Para resolver el conflicto entre exportar alimentos o energía y no castigar el consumo local, la primera opción siempre debería ser apostar por la abundancia de la oferta, por incentivar la producción. Al mismo tiempo, los subsidios focalizados a través de tarjetas y tarifas sociales lucen mucho más efectivos y con efectos menos distorsivos que aquellos instrumentos que segmentan mercados y definen varios precios para un mismo producto. Décadas atrás la Argentina intentó desarrollarse apostando a completar el ciclo productivo desde la materia prima al bien final, lo que a su vez indujo la concentración industrial en el principal centro de consumo.

Entretanto, países como Corea, Nueva Zelanda, Finlandia, Israel, España, mostraron crecimiento sostenido y mejora de la distribución del ingreso, apoyados en otra combinación de factores: diversificación y mayor complejidad productiva, con generación de valor en eslabones muchas veces al costado o en lugares intermedios de la cadena productiva, y no necesariamente al final, pero siempre integrados al mundo. Más acá en el tiempo, la tecnología de la información y el comercio electrónico, con todas las posibilidades de descentralización que conllevan, hicieron más grotesca la macrocefalia Argentina.

La política redistributiva y la orientada a la producción tienen su especificidad, pero es evidente que aquellos países que logren avanzar en diversificación y complejidad tendrán fuerzas igualadoras mucho más genuinas, como muestran los trabajos de Hidalgo y Hausmann. A propósito, ese enfoque lleva a prestar más atención a “cómo” se produce en lugar de “qué” se produce, por lo que de allí surge que muchas veces los bienes elaborados de mayor complejidad no son los que están al final de la cadena, sino en lugares intermedios.

La Argentina tiene sólo 13 empleos privados formales por cada 100 habitantes, un promedio insuficiente para solventar el sistema jubilatorio, pero que además esconde vastas regiones sin densidad productiva. Mientras en Córdoba hay 4 puestos privados formales por cada 1 empleo público, en Formosa, Catamarca y varias más, hay menos empleos privados que públicos. Sin crear condiciones para que florezcan puestos genuinos en el interior profundo, ¿cómo evitar que la migración multiplique problemas sociales en los conurbanos?

Ese norte implícito debería servir de guía para monitorear el día a día a partir del 10 de diciembre. El arranque del nuevo gobierno difícilmente ofrezca sorpresas, pero la clave de la gestión no está en los primeros anuncios, sino en el modo y los instrumentos con los que se habrá de hacer frente a las dificultades, a medida que éstas se vayan presentando. En cada bifurcación de caminos, cuál es el rumbo que se elige.

 

 

 

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