Países petroleros, las otras víctimas del petróleo barato

Las compañías petroleras cuentan con una batería de medidas para capear el mal momento de precios por el suelo: reducen la inversión, desmantelan yacimientos y despiden personal. Para los países productores – exceptuando los del Golfo Pérsico – la situación es bastante más grave porque no tienen la misma capacidad de recortar costos.

Cuando a mediados del año pasado comenzó a caer el precio del petróleo, entre otras cosas debido al menor crecimiento económico en China que redujo su demanda de hidrocarburos,  se pensó que la OPEP intervendría con un recorte en la producción para elevlar el precio. Pero no fue así. Arabia Saudita y otros países del Golfo  se negaron a hacerlo.  Si reducían la producción – razonaban – perderían para siempre su participación en el mercado. Desde ese punto de vista, estarían retirando del mercado “petróleo barato” para hacerle lugar al “petróleo caro” y luego tendrían que hacer más recortes para acomodar todavía más petróleo de alto costo. 

 

Tenían la mirada puesta en la competencia que venía no solo del shale gas de Estados Unidos sino también de las polémicas arenas bituminosas de Canadá  y a las nuevas reservas de Rusia, el Ártico, Brasil, Asia Central, Africa  y una cantidad de pozos perforados en los océanos. 

Desde Arabia Saudita la actual perspectiva es que el bajo precio del petróleo va a estimular el crecimiento económico y la demanda de petróleo.  Mientras tanto, con sus profundos bolsillos repletos de reservas Arabia Saudita y los emiratos del golfo pueden esperar. 

 

No ocurre lo mismo, sin embargo, con otros exportadores de petróleo. Venezuela es altamente vulnerable a los vaivenes. Rusia está soportando no sólo el precio del petróleo (que financia 40% de los gastos del gobierno) sino con las sanciones por la ocupación de Ucrania. 

 

Nigeria, la economía más grande de Africa, también corre riesgos. El sector petrolero representa 95% de las ganancias de exportación y 75% de los ingresos del gobierno.

 

En general la caída de los precios del petróleo  podría significar  una transferencia de US$ 1,5 billón a US$ 2 billones de los países exportadores a los países importadores. Japón y China se beneficiarán. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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