Obama y el G-20: el dólar depende de nuestra economía

En sorpresiva carta abierta a la cumbre de Gyeongju, Barack Obama sostiene: “lo mejor que podemos ofrecer al mundo es una economía norteamericana de nuevo en expansión, capaz de reducir desequilibrios. Para eso sirven nuestras iniciativas monetarias”.

11 noviembre, 2010

<p>Dirigida individualmente a diecinueve jefes de estado o gobierno, la misiva a&ntilde;ade: &ldquo;es in&uacute;til lamentarse si algunas medidas debilitan temporalmente el d&oacute;lar, pues el estado de la econom&iacute;a deja que desear. Sin duda, debemos limitar la volatilidad internacional comercial y financiera, que nos han constre&ntilde;ido a apelar a instrumentos extremos&rdquo;.<br />
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Seg&uacute;n afirma al presidente de Estados Unidos, a quien hoy Hu Jintao, su colega oriental, supera al frente de la lista Forbes de influyentes, &ldquo;los pa&iacute;ses emergentes relevantes deben darse cuenta de su nuevo poder. &Eacute;ste comporta nuevas responsabilidades y exige otra agenda de cooperaci&oacute;n econ&oacute;mica&rdquo;.<br />
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Esta incipiente doctrina Obama, donde casi no se nombra a Beijing, no logra soslayar cierta pacater&iacute;a, en contraste con el clima duro que inicia la cumbre. Las posturas de China, Alemania, Brasil y Rusia difieren demasiado de las expuestas por EE.UU. o aliados como Gran Breta&ntilde;a, Canad&aacute; y, hasta cierto punto, Australia. En semejante contexto, la carta abierta busca encarrillar a su favor la cumbre. Eso mismo intent&oacute; hacer Washington en la anterior reuni&oacute;n (junio), sin resultados.<br />
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Mientras tanto, la &ldquo;flexibilidad cuantitativa&rdquo; de la Reserva Federal &ndash;&ldquo;eufemismo por emisi&oacute;n&rdquo; la tachan Joseph Stiglitz, George Soros o Nouriel Roubini- multiplica cr&iacute;ticas a Benjamin Bernanke y Timothy Geithner en Se&uacute;l. Por ahora, no impresiona a muchos el &ldquo;llamado a la raz&oacute;n&rdquo; de Obama, en particular porque la carta no altera un trasfondo geopol&iacute;tico donde las relaciones de fuerza ya no benefician a EE.UU.<br />
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Dos componentes no aparecen en el mensaje: esos US$ 600.000 millones de liquidez artificiosa inyectada por la RF y la lenta reapreciaci&oacute;n del y&uuml;an, obsesi&oacute;n de George W.Bush y Obama. Por cierto, la misiva alude a &ldquo;paridades cambiarias de pa&iacute;ses emergentes, que debieran responder al mercado y reflejar el sustancial crecimiento de estas econom&iacute;as. Si ello no ocurre, la brecha se ensanchar&aacute; entre la diversas &aacute;reas del mundo y se dificultar&aacute; la salida&rdquo;.<br />
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Probablemente, Obama no conoc&iacute;a las opiniones de Li Myung Bak, su anfitri&oacute;n surcoreano. Horas antes de difundirse la carta abierta desde Washington, el mandatario se declaraba &ldquo;pesimista sobre esta cumbre&rdquo; y no trepidaba en emitir un diagn&oacute;stico negativo. &ldquo;Har&aacute;n falta varios meses &ndash;sostuvo- para llegar a un principio de acuerdo. Por supuesto, los breves debates producir&aacute;n un documento formal optimista. Luego tomar&aacute; hasta mediados de 2011 alcanzar compromisos espec&iacute;ficos sobre los temas claves de la agenda&rdquo;. <br />
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