Moreno en apuros: se unen sindicalistas y empresarios de sectores en conflicto

Cada vez tiene más dificultades el voluntarismo del secretario de Comercio para disimular precios. Evitó que el INdEC captara el alza de la carne, pero se le rebelaron los industriales y obreros del sector, lo mismo que las estaciones de servicio y su per

El secretario de Comercio forzó un acuerdo con los frigoríficos para imponer precios de referencia en la media res, al tiempo que retocar los valores congelados de 12 cortes denominados populares, que en realidad son los que no se exportan.


El mes clave para aplacar las tensiones sobre los precios será mayo. Hasta entonces calculan los expertos ganaderos que tardará en nivelarse la oferta de ganado con la entrada de los feed lots y hasta entonces lo único que se podría hacer para contener los precios internos de la carne sería acotar 40 % el cupo de exportación.


La propuesta de subsidiar el animal ya faenado no había prendido en los abastecedores del mercado interno, por cuanto la condición de presentar la factura para recibir la compensación no cubriría la mitad de las operaciones, que las hace en negro.


En el anterior conflicto, cuando se cupificaron las ventas al exterior, los frigoríficos recibieron el ablande del gremio de los camioneros, que con la excusa de captar afiliados, piquetearon los establecimientos que casualmente se oponían a la medida oficial. Detrás estaba Hugo Moyano, en aparente connivencia con Guillermo Moreno.


De la afinidad entre ambos, el secretario general de la CGT dio testimonio, al salir públicamente a apoyarlo en medio de la disputa con quien debería ser el jefe natural del secretario de Comercio, el ministro de Economía.


Con la CGT jugada al tope salarial que motorizara Moyano en torno de un 20 % que, en realidad, sube unos puntos por adicionales que no se toman en cuenta a la hora de promediar, la parte que le toca al gobierno es que esos guarismos no se trasladen a los índices de precios para evitar la espiral, y así Moreno se erige en el garante de campo que frene primero las remarcaciones y, lo que le quede fuera, lo ataje en el índice.


Eso está haciendo con la carne, donde por un lado aplica mano dura a los empresarios y, por otra, instruye a su gente en el INdEC para que tome los valores congelados de los cortes populares acordados el año pasado, los que ya quedaron desactualizados en los supermercados y carnicerías.


El dato no es menor, por el peso que tiene la carne en la canasta de alimentos. Para cubrir a la cúpula del instituto que le responde, hizo que desde Liniers le pasaran listas confeccionadas por él mismo a fin de elaborar los informes.


Aprietes<<7b>


“La Nación” contaba en ediciones anteriores un episodio que enmarca la actual protesta de los empresarios de la carne: “Hasta bien entrada la noche, Moreno discutió en su oficina con el titular de CADIF, Américo Bermejo, y un representante de la Industria Cárnica Argentina (Unica). Un tercer representante, Miguel Schiariti, titular de la Cámara de Industria del Comercio de la Carne (CICCRA), se retiró ofuscado cerca de las 20, ante la demora en ser atendidos. Más temprano había habido contactos con la Sociedad-Rural. El secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, se sumó tarde a la frustrada negociación que se dio en un clima de malestar”.p>

Al final resultó ser que Guillermo Moreno no era más bueno que Lassie, como bromeara el ex presidente Néstor Kirchner ante un auditorio empresario. Por lo menos, así deja constancia la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina en el editorial de informe mensual.


“Los funcionarios, cuyo tiempo y esfuerzo pagamos todos los argentinos, que debieran dedicarse a otros menesteres, se entretienen presionando a los empresarios que se atreven a discrepar del parecer de Guillermo Moreno”, afirma.


No es la primera vez que se denuncian públicamente esas prácticas del funcionario, ya que la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) repudió el año pasado la “actitud insensata, intimidatorio y confrontativa del secretario de Comercio Interior”.


Lo cierto es que, sin que el INdEC se entere, la carne trepó esta semana más de 20% en las carnicerías respecto de fines de 2007 y, a la vez, los ánimos se tensan cada vez más en el campo. CARBAP y FAA amenazan con medidas de fuerza desde hace días, no sólo por la carne, sino también contra las políticas para el trigo y la leche.


Alianza de clases


Así como el sheriff de los precios y el líder de los trabajadores se ponen de acuerdo para meter la distribución del ingreso en una horma, los empleados de sectores afectados por ellos se unen para oponérseles.


Es el caso del sindicato de la carne, que efectuó un paro y movilización en contra de la limitación del cupo en las exportaciones, que pone en peligro 7.000 fuentes de trabajo.


O ahora de la acción conjunta de expendedores de combustibles y el personal, que evalúan parar conjuntamente en Semana Santa si el gobierno no soluciona el conflicto. El problema son los precios regulados y las que más sufren son las pequeñas estaciones de servicio, sobre todo del interior, que cierran o achican sus operaciones por la falta de rentabilidad para sostener el negocio con las condiciones impuestas.

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Crisis ministerial


La lectura política que se hiciera de la asistencia de Cristina Kirchner al acto en el Banco Nación por el anuncio de una línea de créditos para las pymes no pudo ser menos descalificadora para la continuidad del ministro de Economía, Martín Lousteau, en su cargo, ya que la relacionaba con un espaldarazo presidencial a la titular de la entidad, Mercedes Marcó del Pont para reemplazarlo.


Coincidió esa interpretación con una suerte de tregua que propiciaron desde la Casa Rosada entre el titular del Palacio de Hacienda y el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, que chocaron por diferencias en la confección del nuevo índice de precios con el que se sustituirá al desprestigiado método tradicional de medición del INdEC, a partir de que fuera virtualmente intervenido por éste último.


La orden fue sacar la disputa de los medios, no sólo evitando declaraciones, sino mediante la instrucción a los allegados para que no operaran opinión pública en una y otra dirección.


De resultas del armisticio, Moreno seguiría intentando morigerar los impactos de las paritarias y de las estacionalidades sobre el indicador oficial de inflación, mientras Lousteau se ocuparía de las gestiones oficiosas financieras en el exterior, a través de su equipo.

El secretario de Comercio forzó un acuerdo con los frigoríficos para imponer precios de referencia en la media res, al tiempo que retocar los valores congelados de 12 cortes denominados populares, que en realidad son los que no se exportan.


El mes clave para aplacar las tensiones sobre los precios será mayo. Hasta entonces calculan los expertos ganaderos que tardará en nivelarse la oferta de ganado con la entrada de los feed lots y hasta entonces lo único que se podría hacer para contener los precios internos de la carne sería acotar 40 % el cupo de exportación.


La propuesta de subsidiar el animal ya faenado no había prendido en los abastecedores del mercado interno, por cuanto la condición de presentar la factura para recibir la compensación no cubriría la mitad de las operaciones, que las hace en negro.


En el anterior conflicto, cuando se cupificaron las ventas al exterior, los frigoríficos recibieron el ablande del gremio de los camioneros, que con la excusa de captar afiliados, piquetearon los establecimientos que casualmente se oponían a la medida oficial. Detrás estaba Hugo Moyano, en aparente connivencia con Guillermo Moreno.


De la afinidad entre ambos, el secretario general de la CGT dio testimonio, al salir públicamente a apoyarlo en medio de la disputa con quien debería ser el jefe natural del secretario de Comercio, el ministro de Economía.


Con la CGT jugada al tope salarial que motorizara Moyano en torno de un 20 % que, en realidad, sube unos puntos por adicionales que no se toman en cuenta a la hora de promediar, la parte que le toca al gobierno es que esos guarismos no se trasladen a los índices de precios para evitar la espiral, y así Moreno se erige en el garante de campo que frene primero las remarcaciones y, lo que le quede fuera, lo ataje en el índice.


Eso está haciendo con la carne, donde por un lado aplica mano dura a los empresarios y, por otra, instruye a su gente en el INdEC para que tome los valores congelados de los cortes populares acordados el año pasado, los que ya quedaron desactualizados en los supermercados y carnicerías.


El dato no es menor, por el peso que tiene la carne en la canasta de alimentos. Para cubrir a la cúpula del instituto que le responde, hizo que desde Liniers le pasaran listas confeccionadas por él mismo a fin de elaborar los informes.


Aprietes<<7b>


“La Nación” contaba en ediciones anteriores un episodio que enmarca la actual protesta de los empresarios de la carne: “Hasta bien entrada la noche, Moreno discutió en su oficina con el titular de CADIF, Américo Bermejo, y un representante de la Industria Cárnica Argentina (Unica). Un tercer representante, Miguel Schiariti, titular de la Cámara de Industria del Comercio de la Carne (CICCRA), se retiró ofuscado cerca de las 20, ante la demora en ser atendidos. Más temprano había habido contactos con la Sociedad-Rural. El secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, se sumó tarde a la frustrada negociación que se dio en un clima de malestar”.p>

Al final resultó ser que Guillermo Moreno no era más bueno que Lassie, como bromeara el ex presidente Néstor Kirchner ante un auditorio empresario. Por lo menos, así deja constancia la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina en el editorial de informe mensual.


“Los funcionarios, cuyo tiempo y esfuerzo pagamos todos los argentinos, que debieran dedicarse a otros menesteres, se entretienen presionando a los empresarios que se atreven a discrepar del parecer de Guillermo Moreno”, afirma.


No es la primera vez que se denuncian públicamente esas prácticas del funcionario, ya que la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) repudió el año pasado la “actitud insensata, intimidatorio y confrontativa del secretario de Comercio Interior”.


Lo cierto es que, sin que el INdEC se entere, la carne trepó esta semana más de 20% en las carnicerías respecto de fines de 2007 y, a la vez, los ánimos se tensan cada vez más en el campo. CARBAP y FAA amenazan con medidas de fuerza desde hace días, no sólo por la carne, sino también contra las políticas para el trigo y la leche.


Alianza de clases


Así como el sheriff de los precios y el líder de los trabajadores se ponen de acuerdo para meter la distribución del ingreso en una horma, los empleados de sectores afectados por ellos se unen para oponérseles.


Es el caso del sindicato de la carne, que efectuó un paro y movilización en contra de la limitación del cupo en las exportaciones, que pone en peligro 7.000 fuentes de trabajo.


O ahora de la acción conjunta de expendedores de combustibles y el personal, que evalúan parar conjuntamente en Semana Santa si el gobierno no soluciona el conflicto. El problema son los precios regulados y las que más sufren son las pequeñas estaciones de servicio, sobre todo del interior, que cierran o achican sus operaciones por la falta de rentabilidad para sostener el negocio con las condiciones impuestas.

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Crisis ministerial


La lectura política que se hiciera de la asistencia de Cristina Kirchner al acto en el Banco Nación por el anuncio de una línea de créditos para las pymes no pudo ser menos descalificadora para la continuidad del ministro de Economía, Martín Lousteau, en su cargo, ya que la relacionaba con un espaldarazo presidencial a la titular de la entidad, Mercedes Marcó del Pont para reemplazarlo.


Coincidió esa interpretación con una suerte de tregua que propiciaron desde la Casa Rosada entre el titular del Palacio de Hacienda y el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, que chocaron por diferencias en la confección del nuevo índice de precios con el que se sustituirá al desprestigiado método tradicional de medición del INdEC, a partir de que fuera virtualmente intervenido por éste último.


La orden fue sacar la disputa de los medios, no sólo evitando declaraciones, sino mediante la instrucción a los allegados para que no operaran opinión pública en una y otra dirección.


De resultas del armisticio, Moreno seguiría intentando morigerar los impactos de las paritarias y de las estacionalidades sobre el indicador oficial de inflación, mientras Lousteau se ocuparía de las gestiones oficiosas financieras en el exterior, a través de su equipo.

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