Materias primas: ¿su auge marcará el fin del ciclo macroeconómico?

Según un trabajo de Merrill Lynch, el “superciclo” de productos primarios podría abarcar hasta quince años. Pero, de ser así, el fenómeno signaria el paso de un ciclo macroeconómico –iniciado a fines de la II guerra mundial- al siguiente.

23 febrero, 2008

La señal de un ciclo tan largo es lo que muchos expertos llaman “tormenta perfecta”, causada por una presión inflacionaria sistémica de la demanda sobre la oferta de hidrocarburos, metales, alimentos y otros insumos básicos. En esencia, la base de recursos y reservas existentes no crece al ritmo de la demanda.

Según lo expuesto es un panel organizado por Merrill Lynch en Londres, es probable que aumentar producción y ubicar reservas exija de cinco a quince años. Ello teniendo en cuenta el ritmo de expansión en la demanda. Si se recuerda que el alza intermitente de cierto rubros lleva ya ocho años, resta un horizonte deficitario de siete.

Los hidrocarburos son ejemplo típico del proceso. Esta misma semana, los crudos pasaron los US$ 101 el barril de tejanos intermedios (Nueva York) y se acercan al máximo en dólares constantes (1.010/15). También son sintomáticos los récords en oro, platino, cobre, soya y algunos cereales. La especulación internacional con productos primarios implica US$ 175.000 millones, estima Barclay’s Bank.

Por supuesto, operadores y analistas en el mercados de materias primarias no suelen pensar en términos históricos, aunque trabajen con futuros y opciones. Pero el trasfondo de esa “tormenta perfecta” es símple: el ciclo macroeconómico iniciado al final de la II guerra mundial, que lleva ya algo más de sesenta años, va en vía de extinguirse. El proceso acompaña con retraso el colapso de la bipolaridad en 1989/91- Su bisagra es la globalización financiera planteada en 1989 y hoy en proceso de dispersión por el desacople entre las principales economías occidentales y el resto del mundo.

La señal de un ciclo tan largo es lo que muchos expertos llaman “tormenta perfecta”, causada por una presión inflacionaria sistémica de la demanda sobre la oferta de hidrocarburos, metales, alimentos y otros insumos básicos. En esencia, la base de recursos y reservas existentes no crece al ritmo de la demanda.

Según lo expuesto es un panel organizado por Merrill Lynch en Londres, es probable que aumentar producción y ubicar reservas exija de cinco a quince años. Ello teniendo en cuenta el ritmo de expansión en la demanda. Si se recuerda que el alza intermitente de cierto rubros lleva ya ocho años, resta un horizonte deficitario de siete.

Los hidrocarburos son ejemplo típico del proceso. Esta misma semana, los crudos pasaron los US$ 101 el barril de tejanos intermedios (Nueva York) y se acercan al máximo en dólares constantes (1.010/15). También son sintomáticos los récords en oro, platino, cobre, soya y algunos cereales. La especulación internacional con productos primarios implica US$ 175.000 millones, estima Barclay’s Bank.

Por supuesto, operadores y analistas en el mercados de materias primarias no suelen pensar en términos históricos, aunque trabajen con futuros y opciones. Pero el trasfondo de esa “tormenta perfecta” es símple: el ciclo macroeconómico iniciado al final de la II guerra mundial, que lleva ya algo más de sesenta años, va en vía de extinguirse. El proceso acompaña con retraso el colapso de la bipolaridad en 1989/91- Su bisagra es la globalización financiera planteada en 1989 y hoy en proceso de dispersión por el desacople entre las principales economías occidentales y el resto del mundo.

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