Malos augurios desde el mercado interno

La aceleración del ritmo inflacionario, la fuerte devaluación de fines de enero, el estancamiento del empleo y la suba de tasas de interés, pondrán un freno al consumo, a contramano de la “década ganada”, según abeceb.com.

Las dificultades para la actividad productiva marcan grandes desafíos para los sectores económicos, sobre todo aquellos con elevada dependencia del mercado interno, que serán los más afectados en 2014, señala Mariano Lamothe, gerente de Análisis Económico de abeceb.com.

 

En un año de pérdida de rentabilidad, la estrategia estaría en apuntar a aumentar los volúmenes, mejorar la eficiencia y, en lo posible, reducir los costos.

 

Si bien la devaluación parece haber aportado algo de oxígeno para los sectores exportadores –y entre ellos a las economías regionales-, que este esfuerzo en materia de ajustes no sea en vano y se pierda de manera fugaz dependerá del manejo de la inflación desde la política económica.

 

Los drivers de crecimiento de la “década ganada” –caracterizada por un elevado nivel de consumo en un mercado protegido- fueron alterados:

 

Primero: la aceleración del ritmo inflacionario al final del año pasado provocó un deterioro del salario en términos reales, que se profundizó con la devaluación de fines de enero de 2014.

 

Segundo: se sumó el estancamiento del empleo, lo que anticipa malos augurios para los sectores vinculados al consumo ante el estancamiento de la masa salarial.  Pero a estos factores se agregan otros, que también impactan negativamente sobre el consumo.

 

Por un lado, la suba de las tasas de interés como parte de un enfriamiento de la política monetaria por parte del BCRA hizo elevar el denominado costo financiero total. Esto dificulta la aplicación de los descuentos y ventas en cuotas sin interés de los bancos, que en su momento contribuyeron al boom de consumo y más recientemente, a “salvar” el año en las cadenas de retail.

 

Por otro lado, la quita de subsidios que se espera sea llevada a cabo en algún momento del año tendrá su efecto sobre las tarifas de los servicios de energía y provocará un ajuste en el presupuesto familiar, por lo que se tenderá a resignar el consumo de aquellos bienes de menor necesidad. 

Los sectores más afectados por los factores mencionados serán aquellos productores de bienes de consumo durables, que atrás dejarán un período en el que fueron favorecidos por los desincentivos al ahorro. 

 

En este grupo se encuentra el sector automotriz, que al freno del mercado interno agrega el postergado despegue de Brasil, de manera que no podrá compensar la caída.

 

También el de electrodomésticos, que además de verse afectado por la caída del salario, tras la devaluación sufrió un aumento proporcional en los costos, dado su elevado componente importado en el producto final. A su vez, el contexto de enfriamiento de la demanda dificulta el traslado completo a precios. Si bien el mundial podría aportar un impulso positivo en el segundo trimestre para televisores, para el resto de los rubros se espera un fuerte retroceso a lo largo del año.  Por otro lado, los sectores con elevada dependencia del mercado interno -grupo en el que también se encuentra el de electrodomésticos y que incluye a su vez los de textil y calzado- también sufrirán un fuerte impacto de la contracción en las ventas locales. Las barreras a las importaciones -que hasta el momento garantizaban una cuota del mercado en expansión- ya no serán suficientes para impulsar a estos sectores que hoy se encuentran entrampados en la dependencia del consumo local.  Las perspectivas desfavorables de consumo desalientan también a las grandes industrias de bienes intermedios como la siderurgia y la petroquímica. Si bien estos sectores podrían contar con menores restricciones energéticas, las dificultades vendrán por el lado de la demanda de las industrias trasformadoras (como plásticos, automotriz y metalmecánica).

 

La construcción, por su parte, se verá afectada por el encarecimiento del costo de los materiales luego de la devaluación, la suba de tasas y la incertidumbre. Dentro de la industria, la excepción serán los sectores de alimentos y bebidas y refinación de petróleo, para los que no se esperan caídas de la actividad. En el primer caso, traccionarán los rubros vinculados a la molienda, mientras que para carnes deberá evaluarse la convalidación del aumento de precios por parte del consumidor y el monitoreo de los precios por parte del Gobierno.

 

A su vez, podrían registrarse mejoras en las exportaciones de algunos rubros puntales, en la medida que no se acelere la inflación y vuelva a atrasar el tipo de cambio. En el caso de la industria de refinación, se espera cierto rebote gracias a una baja base de comparación tras el incendio de la refinería de Ensenada. No obstante, estos sectores no lograrán compensar el mal desempeño del resto, por lo que se estima una contracción para la industria en general.  Asimismo, la mejora esperada de la cosecha agrícola no alcanzará para contrarrestar la contracción de la actividad en general. Por un lado, si bien se aguarda un crecimiento de la producción de los principales cultivos, este no será de una magnitud importante. La cosecha de soja -cercana al record- estará compensada por la caída de maíz y el estancamiento en el trigo, mientras que también habrá que ver el impacto de las zonas anegadas. En tanto que para los precios, la situación sigue siendo compleja, dado que se espera un aumento de stock mundial, como también impactos negativos de los recortes de los estímulos de la FED.  Mientras que tampoco será un año de despegue para la energía y la minería. Las inversiones en Vaca Muerta no rendirán sus frutos este año, y el repunte de la producción de YPF no sería suficiente para reflejar un crecimiento del sector energético.

 

En el caso del sector minero, los proyectos más importantes seguirán postergados, tanto por dificultades del mercado internacional como por incertidumbre local. 

 

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