Llach: giro ortodoxo sin modernización

El gobierno sigue recorriendo, cansinamente, su camino de Damasco hacia la ortodoxia sin animarse todavía a modernizarla con un plan de estabilización, uno financiero y políticas de reactivación que acompañen al frente monetario, concluye IAE en su informe.

No es casual que sea en el frente monetario donde las cosas marchan relativamente mejor, porque se han encarado con más claridad y decisión. La base monetaria crece ahora sólo al 15,5% anual, aunque a costa de un creciente endeudamiento del BCRA que aumentó 54.000 millones de pesos o casi un 50% en doce meses y que es imprescindible para absorber la emisión “prestada” al Tesoro que crece a pareja velocidad, indica Juan J. Llach en el informe económico mensual 135 del Departamento de Economía del IAE Business School, de la Universidad Austral.

Las reservas del BCRA han aumentado, por ahora modestamente y de acuerdo con lo previsto por la llegada estacional de los dólares sojeros –señala-, y advierte que, aunque el tipo de cambio oficial estabilizado, la fuerte caída del informal y la reducción de la brecha a menos del 30% tentarían a unificar el mercado, es poco probable que ello ocurra y, además, sería riesgoso sin un plan de estabilización.

 

El precio de esta paz financiera no es menor porque las tasas de interés han subido y el crédito escasea, con costos perceptibles para la actividad económica, sentencia.

 

En materia de precios, las cosas van peor de lo esperado, con más de 12% en el trimestre -el IPC de Graciela Bevacqua dio 3,3% en marzo- y se requerirá una tasa mensual del 2% para cumplir nuestro pronóstico del 34% para el año, algo todavía posible si hay más medidas estabilizadoras.

 

Los resultados de las paritarias han promediado no menos de 30%, contra el techo del 25% soñado por el gobierno para, créase o no, lograr una caída del 10% del salario real, algo que sí ocurrirá con las jubilaciones.

 

El frente fiscal muestra gran debilidad, con el gasto total creciendo 44,7% -el año pasado a esta altura crecía “sólo” 28%- y un resultado financiero negativo de 7.500 millones de pesos en dos meses, que llega a 9.500 si se excluyen las “rentas” de la propiedad, ficticias en buena medida en el caso de las del BCRA. Sólo un poco ayudarán por ahora los recortes de subsidios, pese a los elogios del FMI, ya que hasta tanto lleguen los de la electricidad ahorrarán como máximo 10.000 millones de pesos contra un presupuesto estimado anual de 160.000 millones en el rubro.

 

La estrategia de financiamiento se juega como en una lenta partida de ajedrez cuyo premio principal sería, sin dudas, acordar con el Club de París.

 

Como la Argentina necesita pagar a plazo hará falta un auditor. Pero ocurre que junto a Venezuela, Ecuador, Egipto, Eritrea y Somalia nuestro país configura el sexteto de los 188 miembros del FMI que se niega a aceptar la auditoría anual obligatoria del artículo IV del estatuto y trata entonces que el Club acepte otra auditoría, algo que parece difícil de lograr.

 

El FMI publicó la semana pasada sus habituales proyecciones de abril del crecimiento global para 2014 y 2015. No hubo grandes cambios, pero a la Argentina le fue muy mal al pronosticarse aumentos del PIB de sólo 0.5% este año y 1% el próximo, el sexto peor pronóstico de 141 países emergentes y el menor de América Latina luego de Venezuela.

 

Brasil también fue degradado pero con 1,8% este año 2,7% el próximo, o sea tres veces más que la Argentina.

 

Los emergentes se muestran en su mayoría sólidos, aunque hay que seguir la evolución de los “cinco grandes frágiles” (India, Sudáfrica, Turquía, Brasil e Indonesia), todavía con abultados déficits externos o fiscales en vías de reducción pero no lo suficiente para estar exentos de ataques especulativos.

 

La demanda de alimentos, más allá de los subibajas típicos de estos mercados, continuará firme muchos años, tal como lo venimos diciendo hace tiempo y como se acaba de documentar en el interesante seminario sobre la Argentina y Asia en 2030 y las estrategias de agronegocios, realizado la semana pasada en la Facultad de Agronomía de la UBA y en el que participaron representantes de China, Corea, India, Japón, Tailandia y Vietnam.

 

Urgencias

 

Así estamos, tanteando hace ya varios años, como si las cosas no urgieran. Si se cambiara también aquí de idea y se aceptara la revisión del artículo IV del FMI sería necesario primero que la entidad aprobara el nuevo IPC y el nuevo PIB. Con el primero se ha dado un paso hacia la realidad y con el PIB aparentemente también. Pero en ninguno de los dos casos se han dado a conocer las metodologías y el IPC tampoco publica, como fue sana costumbre hasta mayo de 2008, un listado con el promedio de un conjunto de precios de productos de gran consumo ni tampoco el valor de las canastas de indigencia y de pobreza, ocultando así el principal, doloroso costo del desvarío inflacionario que lleva ya ocho años.

 

El nuevo PIB, por su parte, arrojó un crecimiento de sólo 3% en 2013, muy en línea con el consenso de la profesión pero demasiado por debajo del 4,9% que había calculado el INDEC en su estimador mensual que jamás había mostrado tal divergencia.

 

Dada la pésima imagen que ha sabido ganarse el instituto estadístico oficial es inevitable que surja la sospecha de si el número del PIB 2013 no ha sido dibujado para evitar el pago de unos 3.000 millones de dólares del warrant (cupón) del PIB.

 

No ayudan a mejorar la imagen las contradicciones entre el Jefe de Gabinete, que anunció que el cupón no se pagará, con el ministro de Economía, quien dijo que eso se resolverá en septiembre cuando se conozca la estimación final del PIB 2013.

 

En fin, se esperan con gran expectativa los datos completos del PIB para el período 2004-2013 prometidos para la “segunda quincena de abril” ya que hay preguntas muy importantes en danza ¿Habrá sido tan ganada la década, como se decía hasta ahora?

 

¿Qué inflación se habrá utilizado en estas estimaciones? Si ella fuera más realista podría mostrar desagradables sorpresas, tales como el incumplimiento del 6% de inversión en educación.

 

No puede dudarse que el programa en curso establece una relación más lógica entre medios y fines, es decir una mayor racionalidad.

 

Pero su naturaleza arcaica se revela en las tres carencias mencionadas al principio –planes de estabilización, de financiamiento y de reactivación- y el resultado es una recesión mayor de la que ocurriría con un programa más moderno, más similar a la que aplican la mayoría de los países del mundo.

 

Si todo esto, además, se hiciera como anuncio de un plan mejorarían significativamente las expectativas de inversión y el ajuste en curso sería menos recesivo. Pero, claro, esto sería un reconocimiento demasiado explícito de las falacias del relato instalado en los últimos años.

 

El único anuncio alentador en materia de inversiones ha sido el de la segunda etapa de las de Chevron-YPF en Vaca Muerta, que será de 1600 MUS$ en partes iguales.

 

El consumo será la variable que mostrará mayor caída, sobre todo el de bienes durables como se ve claramente en el derrumbe de ventas de autos y motos, como consecuencia de menores salarios reales, menor empleo y altas tasas de interés.

 

La inversión en construcción, sobre todo la pequeña y mediana, logrará un mejor desempeño y lo propio ocurrirá con el agro, pese al daño de último momento que harán los excesos de lluvias.

 

Pese a la devaluación, las exportaciones no mostrarán el dinamismo de otros años por el castigo sistemático de los últimos tiempos a la producción pampeana y regional y a la energía y la minería, que no se recupera de la noche a la mañana y, en el caso de las manufacturas industriales, porque el control sobre las importaciones sigue en pie aunque las formas sean menos brutales que con el anterior secretario de Comercio.

 

Desde ya que toda la industria, no solo la exportadora, está sufriendo el cepo importador, en cuya raíz subyace una más que obsoleta aspiración de autarquía que ignora la naturaleza global de las cadenas de abastecimiento hoy día.

 

Es increíble que en tal contexto se mantengan retenciones a las exportaciones regionales e industriales y que, según es clásico de las épocas de escasez fiscal, se retrasen las devoluciones del IVA.

 

Han surgido serias sospechas, entre tanto, por las inconsistencias de los datos de exportación oficiales de 2013, algunos de los cuales han sido retirados de la página web del organismo sin aclaración alguna hasta el momento.

 

El cambio de rumbo hacia la ortodoxia arcaica ha reducido la probabilidad de un accidente macroeconómico, aunque no la ha eliminado, algo que sólo ocurrirá con cambios en la dirección aquí sugerida.

 

La fuga del peso por la inflación no ha implicado una fuga de capitales del país y los precios de los activos seguirán firmes por las oportunidades que el mundo seguirá brindándonos y por la expectativa cierta de un cambio de políticas en 2015.

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