La difícil búsqueda de consenso

Los compromisos asumidos por la Argentina no parecen fácilmente aceptables para diversos sectores. La relación con Brasil en el marco del Mercosur y la presión estadounidense por la Ley de Patentes. Por B.N.E.

24 febrero, 2000

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, cuya carta de intención se conoció la semana pasada, constituye una de las herramientas destinadas a generar, entre los inversores locales y externos, confianza en el programa económico y, por lo tanto, en la seguridad de obtener los recursos que cierren las brechas en las cuentas fiscales y externas.

Sin embargo, no todos los compromisos asumidos parecen ser de fácil aceptación, no sólo por importantes segmentos políticos, económicos y sociales sino, también, por sectores de la propia coalición.

En ese sentido, algunas de las reformas planteadas en la carta de intención al sistema de seguridad social (tal el caso de la elevación de la edad jubilatoria de las mujeres) han suscitado una fuerte polémica y oposición por parte de sectores representativos de la sociedad.

En este caso resulta evidente la enorme dificultad para articular la necesidad de generar confianza entre los inversores con la búsqueda del consenso. Más aún, aunque la Alianza ha buscado mantener la discusión dentro del ámbito de las representaciones políticas del Parlamento e, incluso, haciendo públicas las diferencias existentes en el seno del gobierno y de la coalición, ello no ha permitido, por lo menos hasta ahora, alcanzar un grado de consenso que garantice la sanción, sin mayores dificultades y cambios, de las reformas planteadas.

¿Monedas de cambio?

Otro ejemplo de las tribulaciones que acosan al gobierno es la enorme presión que el secretario de Comercio de Estados Unidos procuró ejercer sobre las autoridades argentinas para imponer la posición de su gobierno en materia de patentes. Más allá de las extemporáneas actitudes del funcionario, lo cierto es que semejante virulencia conducía a pensar que se trataba de una de las monedas de cambio que había que pagar por el apoyo de Washington al programa económico argentino.

Se planteó, así, un conflicto entre el equipo económico y la Cancillería con los legisladores de la mayor parte del espectro político parlamentario y con los laboratorios locales.

Sobre el final de la semana, desde la jefatura de gabinete y la Cancillería se hizo conocer, oficialmente, el desagrado ante las actitudes del funcionario norteamericano. (No trascendió, en cambio, que desde la conducción económica se asumiera una actitud similar).

Los crecientes conflictos que envuelven la relación comercial con Brasil son otro indicador de la dificultad de articular la necesidad de preservar la continuidad del Mercosur (y, con ello, la confianza en un mercado ampliado para las firmas instaladas en la Argentina) con la búsqueda del consenso; en especial, con los sectores de la producción que han sido más afectados por las políticas brasileñas.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, cuya carta de intención se conoció la semana pasada, constituye una de las herramientas destinadas a generar, entre los inversores locales y externos, confianza en el programa económico y, por lo tanto, en la seguridad de obtener los recursos que cierren las brechas en las cuentas fiscales y externas.

Sin embargo, no todos los compromisos asumidos parecen ser de fácil aceptación, no sólo por importantes segmentos políticos, económicos y sociales sino, también, por sectores de la propia coalición.

En ese sentido, algunas de las reformas planteadas en la carta de intención al sistema de seguridad social (tal el caso de la elevación de la edad jubilatoria de las mujeres) han suscitado una fuerte polémica y oposición por parte de sectores representativos de la sociedad.

En este caso resulta evidente la enorme dificultad para articular la necesidad de generar confianza entre los inversores con la búsqueda del consenso. Más aún, aunque la Alianza ha buscado mantener la discusión dentro del ámbito de las representaciones políticas del Parlamento e, incluso, haciendo públicas las diferencias existentes en el seno del gobierno y de la coalición, ello no ha permitido, por lo menos hasta ahora, alcanzar un grado de consenso que garantice la sanción, sin mayores dificultades y cambios, de las reformas planteadas.

¿Monedas de cambio?

Otro ejemplo de las tribulaciones que acosan al gobierno es la enorme presión que el secretario de Comercio de Estados Unidos procuró ejercer sobre las autoridades argentinas para imponer la posición de su gobierno en materia de patentes. Más allá de las extemporáneas actitudes del funcionario, lo cierto es que semejante virulencia conducía a pensar que se trataba de una de las monedas de cambio que había que pagar por el apoyo de Washington al programa económico argentino.

Se planteó, así, un conflicto entre el equipo económico y la Cancillería con los legisladores de la mayor parte del espectro político parlamentario y con los laboratorios locales.

Sobre el final de la semana, desde la jefatura de gabinete y la Cancillería se hizo conocer, oficialmente, el desagrado ante las actitudes del funcionario norteamericano. (No trascendió, en cambio, que desde la conducción económica se asumiera una actitud similar).

Los crecientes conflictos que envuelven la relación comercial con Brasil son otro indicador de la dificultad de articular la necesidad de preservar la continuidad del Mercosur (y, con ello, la confianza en un mercado ampliado para las firmas instaladas en la Argentina) con la búsqueda del consenso; en especial, con los sectores de la producción que han sido más afectados por las políticas brasileñas.

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