La anticipada recomposición de precios acota el margen para medidas

La fuerte suba de precios que se observó en noviembre se extiende a diciembre, lo cual revela un intrincado proceso para el próximo año. La inflación podría irse al 40% durante el primer semestre si se produce un salto cambiario, según Ecolatina.

13 diciembre, 2015

Pese a que noviembre es uno de los meses que menor presión inflacionaria suele presentar (baja estacionalidad), los precios de los bienes y servicios mostraron importantes aumentos el mes pasado.

 

El IPC Ecolatina subió 2,6% en noviembre de 2015, 0,7 p.p. por encima del promedio de los primeros diez meses del año (+1,9%).

 

El alza estuvo liderada por el capítulo alimentos y bebidas, que trepó casi 3% durante el mes. Algunos productos llegaron a evidenciar alzas incluso superiores al 20% mensual. Por caso, dentro de los productos lácteos, que registraron aumentos promedio de 4,2%, un litro de yogur de primera marca trepó 20,4%.

 

De manera análoga, la carne vacuna subió casi 5% promedio en noviembre. Destacan las fuertes alzas en el kilo de colita de cuadril (pasó de $ 148 en octubre a $ 170 en noviembre, 15% más caro), y el kilo de lomo (subió de $ 173 a $ 194, alza mensual de 12%).

 

No es casual que estos aumentos hayan tenido lugar tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Es que, a lo largo del año, el gobierno monitoreó de cerca la evolución de los precios, pero luego de los comicios los controles se relajaron.

 

Aunque con un impacto más acotado, ello coincidió con el aumento de las restricciones a importadores, lo cual no sólo redujo la oferta de bienes sino que llevó a mayores empresas a utilizar el contado con liquidación como medio de pago, trasladando parte del diferencial cambiario a sus precios.

 

Pero la mayor inflación no debe vincularse únicamente a la administración anterior, ya que las expectativas sobre las próximas medidas del actual gobierno jugaron un papel clave sobre los aumentos de precios.

 

La anunciada unificación cambiaria llevó a los productores/empresarios a anticipar posibles ajustes en sus costos transables.

 

Además, la eliminación de cupos de exportación y reducción de retenciones informada tiene un impacto adicional sobre los precios.

 

La fuerte suba de precios que se observó en noviembre se extiende a diciembre, lo cual revela un intrincado proceso en materia de precios para el próximo año.

 

Bajo este marco es necesario precisar la política inflacionaria de cara a 2016 que, con un elevado componente inercial, tiene el complejo desafío de poner fin a diez años de incremento de precios a tasas de dos dígitos y fuertes desequilibrios de precios relativos (atraso cambiario y tarifarios).

 

Mayores incrementos de precios, salarios y tipo de cambio en 2016

 

La promesa electoral de unificación cambiaria aumentó significativamente las expectativas de devaluación, haciendo poco factible que el nuevo equipo económico postergue la salida del cepo. En la medida que esta salida sea ordenada, implicará un único, pero significativo, salto del tipo de cambio oficial.

 

Más allá de los casos mencionados anteriormente, no hay dudas que el nivel de precios de la economía no incorporó totalmente el valor del tipo de cambio esperado y todavía depende del valor actual del dólar. En este sentido, no parece adecuado discutir acerca de la existencia de traspaso de una suba del tipo de cambio nominal a los precios, sino su magnitud (tanto directa como también indirecta a partir de la dinámica salarial).

 

Un shock cambiario implica un incremento directo en los costos de bienes y servicios transables de las empresas, las cuales trasfieren en mayor medida a sus precios de venta.

 

A la vez, la incertidumbre acerca de la evolución futura del precio del dólar eleva el posible costo de reposición de dichos productos, lo cual puede potenciar aún más el aumento de precios.

 

De esta manera, la inflación, que culminará 2015 en torno de 27%, podría rápidamente acelerarse a valores cercanos al 40% durante el primer semestre del año que viene si se produce un salto cambiario.

 

Pero una parte del pass through (es decir, el traspaso de la devaluación a precios) se negociará en el ámbito de los próximos convenios salariales. El hecho de que estos transcurran en un contexto de fuerte aceleración inflacionaria pone en una disyuntiva a sindicatos, empresarios y el gobierno, ya que si estos se negocian en función del repunte inflacionario post ajuste cambiario, puede llevar a incrementos nominales muy elevados, llevando a las variaciones de precios a niveles preocupantes y difíciles de reducir.

 

Por este motivo es lógico esperar que, bajo un escenario de corrección cambiaria, las paritarias se libren en el marco de una negociación tripartita entre trabajadores, empresarios y el gobierno, con el objetivo último de realizar acuerdos que distribuyan proporcionalmente el costo del salto cambiario. El gobierno tendrá un papel protagónico en coordinar las negociaciones en base a la inflación futura, implementando una reducción impositiva o asistencia de ingresos, para compensar la pérdida sufrida por el rebrote inflacionario.

 

Otro de los temas centrales de la inflación del año que viene es la evolución de las tarifas de servicios públicos. Si bien no parece probable que junto con la corrección cambiaria se avance simultáneamente con un recorte significativo de subsidios, tampoco creemos posible que el precio de los servicios regulados se mantenga congelado. Es probable que, para no profundizar el atraso de estos precios (con el correspondiente costo fiscal asociado), suban a la par de los costos de producción.

 

Un elemento relevante en la determinación de la inflación local es la trayectoria del precio internacional de los commodities. Al igual que 2009, durante 2015 estos cayeron considerablemente, lo cual generó un impacto positivo en la estructura de costos de las empresas (implicó una reducción en el precio de sus insumos importados en dólares) y, por lo tanto, en la inflación del periodo.

 

Para 2016 se espera que los precios de los principales commodities continúen cayendo, pero a un ritmo significativamente menor al que lo hicieron durante 2015. De esta manera, la inflación local perderá, al menos parcialmente, el freno internacional con el que contó durante este año.

 

Asimismo, aun cuando los precios internacionales mantengan su tendencia a la baja, la reducción en las retenciones sumado al desarme de las restricciones a las exportaciones podrían generar aumentos en productos transables sensibles dentro de la canasta de consumo de los hogares, como es el caso del trigo (impactaría en panificados) y carnes.

 

En suma, si la depreciación del tipo de cambio oficial acumula a lo largo de 2016 un alza de 55%, la inflación se aceleraría más de 10 puntos porcentuales respecto al cierre de este año, alcanzando casi 40%. Bajo este posible escenario el atraso cambiario no desaparecería pero sí se reduciría significativamente.

 

Sin embargo, la dinámica de la inflación del próximo año no sería uniforme. Al igual que en 2014, un suba del tipo de cambio a comienzo del próximo año haría que el alza de precios se concentre en la primera mitad del año. Pero si el gobierno consiguiera implementar con éxito un acuerdo tripartito, en el segundo semestre del año la inflación podría volver a tasas cercanas al 2% mensual, culminando 2016 con una inflación que roce el 40%.

 

Los riesgos inflacionarios sin un plan económico consistente   

 

En un contexto de elevada inercia inflacionaria y una economía altamente indexada al tipo de cambio, es sumamente necesario incorporar una política fiscal y monetaria consistente con un acuerdo tripartito de modo de evitar un desborde de los precios en el caso de que tenga lugar un salto del dólar oficial.

 

Sin embargo, dado que el “éxito” de esta política económica tiene un fuerte componente de coordinación y negociación de las partes, el escenario presenta elevados riesgos intrínsecos. En un contexto de aparente fragilidad política, existe la posibilidad de que los sindicatos no acepten una contracción en su salario real y negocien paritarias por encima de 40%.

 

En este marco, la competitividad cambiaria obtenida por la devaluación se perdería en poco tiempo, forzando al equipo económico a implementar un segundo salto cambiario que podría desatar una carrera nominal entre precios, salarios y tipo de cambio, difícil de frenar sin elevados costos sobre la actividad económica y el ingreso real de las familias.

 

Dadas estas consideraciones, el cuándo y el cómo del levantamiento del cepo cambiario anunciado serán clave. Si se remueven las restricciones antes de conseguir un abultado financiamiento externo, podría producirse un salto del tipo de cambio superior al esperado que, aun cuando bajara en los meses siguientes (overshooting), generaría una mayor aceleración de la inflación.

 

Asimismo, como ya mencionamos, el impacto inflacionario de la unificación cambiaria puede morigerarse con la implementación de una política económica consistente, que articule el frente fiscal y monetario con la política de ingresos con el fin de reducir el costo social.

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