John McCaine, objeto de una campaña sucia fundamentalista

La “coalición moral” de evangelistas que llevó al poder a George W.Bush desencadenó una campaña sucia contra McCain, único precandidato republicano con posibilidades de ganar las internas. Pero hasta ahora no hay pruebas.

22 febrero, 2008

“Este escándalo puede resultar decisivo para el senador. Pero, sin evidencias plausibles, puede pincharse en cualquier nomento”, sostiene David Brooks, columnista conservador del “New York times”. Justamente, el diario liberal donde estallo la campaña, luego multiplicada por intenet.

Brooks se pregunta “¿qué cuernos tenían en la cabeza mis colegas del NYT? y ¿cómo seguirá este folletín?”. Hasta ahora, sólo han aparecido dos ex colaboradores de McCain que declaran albergar sospechas e impresiones vagas. El libreto se plarece al empleado contra William Clinton en el afer Monica Levinsky, aunque sin la abierta intención de la dama afectada.

En esta oportunidad. Se trata de Vicky Isemann, una despampanante platinada que, en los años 90, actuaba como gestora de negocios en Washington. Sus clientes eran compañías de telecomunicaciones. La historia de sus supuestas relaciones sexuales con McCain no es nueva: apareció en diciembre, vía el “Drudge report”, un sitio ultraconservador y sumamente amarillista. Inexplicablemente, figura en la home page del servicio “ceoexpress” de Google.

Días atrás, William Keller resucitó el asunto en el NYT. Luego, apareció la punta del ovillo: John Weaver, antiguo asesor de McCain, se vio una vez con Isemann para pedirle que no molestara al senador. En cuanto al “Drudge report” (algo así como “chimentos de cocina”), adhiere a la campaña evangélica de ultraderecha, cuyo objeto es acabar con cualquier precandidato republicano ajeno a sus “principios morales”. Claro, olvida la larga serie de predicadores electrónicos proclives al adulterio y otros pecados de la carne.

“Este escándalo puede resultar decisivo para el senador. Pero, sin evidencias plausibles, puede pincharse en cualquier nomento”, sostiene David Brooks, columnista conservador del “New York times”. Justamente, el diario liberal donde estallo la campaña, luego multiplicada por intenet.

Brooks se pregunta “¿qué cuernos tenían en la cabeza mis colegas del NYT? y ¿cómo seguirá este folletín?”. Hasta ahora, sólo han aparecido dos ex colaboradores de McCain que declaran albergar sospechas e impresiones vagas. El libreto se plarece al empleado contra William Clinton en el afer Monica Levinsky, aunque sin la abierta intención de la dama afectada.

En esta oportunidad. Se trata de Vicky Isemann, una despampanante platinada que, en los años 90, actuaba como gestora de negocios en Washington. Sus clientes eran compañías de telecomunicaciones. La historia de sus supuestas relaciones sexuales con McCain no es nueva: apareció en diciembre, vía el “Drudge report”, un sitio ultraconservador y sumamente amarillista. Inexplicablemente, figura en la home page del servicio “ceoexpress” de Google.

Días atrás, William Keller resucitó el asunto en el NYT. Luego, apareció la punta del ovillo: John Weaver, antiguo asesor de McCain, se vio una vez con Isemann para pedirle que no molestara al senador. En cuanto al “Drudge report” (algo así como “chimentos de cocina”), adhiere a la campaña evangélica de ultraderecha, cuyo objeto es acabar con cualquier precandidato republicano ajeno a sus “principios morales”. Claro, olvida la larga serie de predicadores electrónicos proclives al adulterio y otros pecados de la carne.

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