Habrá populismo para un largo rato

Hay fisuras hacia adentro y hacia afuera de los grandes partidos políticos.

Cuando las explicaciones a los hechos históricos son demasiado complejas o enmarañadas, el camino obligado es simplificar y presentar una historia creíble con fuerte argumentos. Pero nunca es toda la verdad, que suele ser más esquiva.

Así, cuando fue necesario explicar el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, el impulso que tuvo el Brexit británico, el avance de la ultra derecha en Francia (Marine Le Pen con un tercio de los votos totales), en Alemania (ahora hay diputados nazis en el Bundestag), o los avances en Holanda, en Polonia, en Hungría y los más recientes en Austria, la tentación optó por una explicación sencilla.

Resulta que la globalización provocó en muchos países desarrollados una oleada de desempleo y desindustrialización. Escasea el trabajo bien remunerado. Los viejos tienen ahorros, pensiones y propiedades, pero los jóvenes no pueden soñar con repetir ese modelo. No hay posibilidad. Sin duda, esos argumentos forman parte de la explicación, pero no son toda la realidad completa a tener en cuenta. 

En Estados Unidos, la Pew Research, un gran centro de investigación de la opinión pública, avanzó en una “tipología política” con nueve categorías de su invención, para tratar de capturar el “estado ideológico” de la nación. El gran hallazgo es que la polarización política de hace un año, persiste. El electorado básico del Partido Republicano y del Partido Demócrata, viven vidas diferentes tanto en la geografía que habitan, en la sociedad a la que pertenecen, y en la ideología que asumen. Hay fisuras también hacia adentro de los grandes partidos. El electorado Republicano está muy dividido en temas como el papel de EE.UU en el mundo; sobre la inmigración, y sobre la equidad de la economía del país.

La coalición Demócrata está sólidamente unida en su oposición a Trump. Pero ahí se termina la unidad. Casi sobre los mismos temas hay diferencias entre la base citadina y trabajadora, y las élites liberales e intelectuales. Estas divisiones en ambos grandes partidos pueden transformar definitivamente la escena política estadounidense. El hallazgo importante va más allá de la existencia de dos sólidos bloques. Dentro de cada uno de ellos hay toda una escala de diferencias, que ahonda las divergencias internas y fuerza alianzas renovadas y circunstanciales.

Son tan importantes las visiones distintas entre los dos grandes bloques, como también lo diferente dentro de cada uno de esos bloques. Un fenómeno político que no debe soslayarse en el análisis. No exactamente igual, pero con notable similitud se registra el mismo fenómeno en las viejas democracias republicanas europeas. A pesar de los temores y sobresaltos, el año terminado no fue un triunfo resonante para los partidos populistas y de ultraderecha en toda Europa. La aparición de Emanuel Macron en Francia significó que el Frente de Marine Le Pen no logró imponerse, aunque obtuvo un tercio de los votos.

En Holanda, pese a todos los pronósticos, no pudieron alzarse con el poder. En Alemania, socialcristianos y social demócratas –aunque con menos votos que antes– ocuparon los primeros puestos. El auge populista en Polonia y Hungría no guarda relación con el caudal electoral. Solamente en Austria, donde ganó un partido de derecha, obtuvo ventajas la ultraderecha populista que ayudó a formar gobierno y se alzó con tres ministerios de gran importancia. Pero eso no significa que el populismo europeo haya sido derrotado. Solamente postergado. Y hay serios indicios de que habrá populismo por largo rato. En Francia, la ultraderecha nunca antes, desde la posguerra, había obtenido uno de cada tres votos populares.

En Alemania hay diputados que se dicen nazis, por primera vez desde la derrota de Hitler. En suma, fue erróneo el pronóstico de que la marea populista durante 2017 tumbaría los regímenes republicanos y democráticos de Europa. Pero no habría que repetir el error y suponer que las fuerzas populistas están en desbandada o listas a desaparecer. Por el contrario, tuvieron, en todas las elecciones del año pasado, ganancias importantes en votos y en influencia. Algunos analistas piensan que en varios casos han quedado a las puertas de alcanzar el poder.

 

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