Gigantes digitales contra la seguridad del estado

En realidad, el tema es la seguridad de regímenes como China, Birmania, Zimbabwe, Norcorea, Cuba, Irán, etc. Pero el trasfondo es un choque entre ellos y la globalización vía Internet o redes sociales, que desvela también a las democracias.

<p>Durante a&ntilde;os, el discurso globalizador &ndash;cristalizado en el consenso de Washington, 1989- vinculaba libertad econ&oacute;mica con libertad pol&iacute;tica. No era as&iacute;: los pa&iacute;ses autoritarios o totalitarios contin&uacute;an usufructuando el legado de Milton Friedman sin cortapisas &ldquo;democr&aacute;ticas&rdquo;.<br />
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Richard M.Nixon y, especialmente, Henry Kissinger sab&iacute;an que su revolucionaria apertura a China (1971) no presupon&iacute;a cambios copernicanos en un pa&iacute;s que jam&aacute;s fue democr&aacute;tico. Al contrario, el capitalismo de estado impuesto desde 1978 nunca presupuso libertades civiles. &ldquo;Google, Yahoo, etc. lo saben ahora y, por eso, privilegian los negocios sobre la &eacute;tica&rdquo;, se&ntilde;ala el analista italiano Massimo Gaggi.<br />
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Los avances tecnol&oacute;gicos, por cierto, benefician a los reg&iacute;menes dictatoriales tanto como a sus propios opositores internos. En occidente, las herramientas de Internet son aprovechadas por la pornograf&iacute;a infantil, el terrorismo internacional y todo tipo de abusos nada democr&aacute;ticos<br />
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Mientras Google o Yahoo se rinden al totalitarismo chino &ndash;lo har&iacute;an ante el iran&iacute; si &eacute;ste fuese lo bastante fuerte-, redes como Twitter o Facebook vulneran cada d&iacute;a la privacidad de la gente. De paso, desnudan los abusos secretos de la CIA tras los ataques de septiembre de 2001contra Manhattan y el Pent&aacute;gono o los excesos en Afganist&aacute;n.<br />
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Ahora le toca el turno a la canadiense RIM, fabricante del celular Blackberry. La empresa acept&oacute; un diktat de Saudiarabia, estado isl&aacute;mico autoritario amigo de Washington, y cedi&oacute; a los jeques control sobre el correo electr&oacute;nico que circula por el reino wahhab&iacute;. Sin duda, aquella globalizaci&oacute;n tan l&iacute;rica se ha derrumbado como su contraparte financiera, terminada de extinguirse con la crisis sist&eacute;mica occidental de 2006/09 y la del endeudamiento en la Uni&oacute;n Europea, todav&iacute;a en curso.<br />
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El caso Blackberry implica una peligrosa mutaci&oacute;n, pues los mensajes se encriptan y son accesibles s&oacute;lo v&iacute;a servidores de RIM (Research in motion). Todos ubicados no en el desierto, sino en Canad&aacute;, EE.UU. y Gran Breta&ntilde;a. En otras palabras, la censura saud&iacute; puede hoy entrometerse en pa&iacute;ses occidentales, adem&aacute;s de estados tan poco democr&aacute;ticos como Indonesia, Om&aacute;n o los emiratos del golfo P&eacute;rsico. Por si las moscas, Francia ha pedido a sus funcionarios no comunicarse por Brackberry y las redes sociales. No por buenos motivos, sino para frenar los esc&aacute;ndalos alrededor de Nicol&aacute;s Sarkozy o el grupo L&rsquo;Or&eacute;al.&nbsp; <br />
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