G-7: medio mundo financiero quiere intervención concertada, otro medio la cree inviable

Bush pide una reunión urgente del G-20 el sábado en Washington. Justo durante la asamblea semestral FMI-BIRF. La baja de tasas no frena los mercados: demasiados especuladores apuestan a un fenomenal desagio de la deuda pública norteamericana.

9 octubre, 2008

En realidad, George W. Bush quiere reunir al grupo de los 8 (EE.UU., Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Canadá, Italia, Rusia-, pero en forma de G-20. O sea, añadiendo China, India, Brasil, Sudáfrica, Argentina, Nueva Zelanda, Australia, Surcorea, Turquía, España, Indonesia y México. Por si las moscas, la ortodoxia de mercado (vía “Financial Times”, “Wall Street Journal” y un grupito de gurúes rioplatenses sale a declara inviable una intervención concertada del G-7 (el G-8 menos Rusia).
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En el bando opuesto, analistas m&aacute;s serios sospechan que algunos gobiernos centrales buscan orquestar mediante el G-20 una especie de desagio generalizado de deudas p&uacute;blicas y, hasta cierto punto, del sistema financiero. Dejando de lado diferencias cuantitativas (dos crisis como detonante, no una) y cualitativas &ndash;el alcance internacionales de la presente situaci&oacute;n-, surgen semejanzas con el caso argentino de 1996/2005. Ese decenio va del colapso fiscal gestado por la convertibilidad 1×1 (ocultado con ayuda del FMI) y el fin del canje &ndash;desagio- armado por Roberto Lavagna y Guillermo Nielsen. </p>
<p>En cierto modo, la mercantilista Gran Breta&ntilde;a marcha por una senda paralela y a&uacute;n menos ortodoxa. Londres acaba de nacionalizar parcialmente ocho bancos, para lo cual emitir&aacute; US$ 692.000 millones para inyectarles liquidez a HSBC (intocable desde que naci&oacute; en el Shanghai del siglo XIX), Royal Bank of Scotland &ndash;no es &ldquo;royal&rdquo; desde hace tiempo-, Halifax Bank of Scotland (HBoS), Barclay&rsquo;s, Lloyd&rsquo;s TSB, Abbey, Standard Chartered y NationWide. </p>
<p>Dada la disparidad entre las econom&iacute;as brit&aacute;nica y norteamericana, aquella suma se elevar&iacute;a a varios billones en EE.UU. Dada la iliquidez que impera en Gran Breta&ntilde;a, esa inyecci&oacute;n ser&aacute; un pagadi&oacute;s m&aacute;s oneroso que el sancionado por George W. Bush. Ser&iacute;a ingenuo suponer que los mercados ignoran esos matices; los conocen y obran en consecuencia. Por ello, la acci&oacute;n concertada entre seis bancos centrales esta semana no logra sacar el sistema de aprietos con escasos precedentes. </p>
<p>La crisis financiera surgida en Occidente, por cierto, pone en peligro no s&oacute;lo a la banca o las bolsas. Tambi&eacute;n cuestiona la unidad de veintisiete pa&iacute;ses europeos. Naturalmente, los cr&iacute;ticos anglosajones de la Eurozona (quince adherentes a la moneda &uacute;nica) subrayan que subsisten dos trabas de fondo: un banco central sin las facultades de la Reserva Federal ausencia de una carteta de hacienda &uacute;nica, como en EE.UU. Hay otra: un parlamento que habla casi veinte idiomas, contra uno solo en el Capitolio. </p>
<p>Hace unos d&iacute;as, el presidente franc&eacute;s Nicolas Sarkozy &ndash;firme seguidor de Charles de Gaulle- ofreci&oacute; su propia receta para capear la tormenta. &ldquo;Resulta esencial &ndash;afirmaba- que la Uni&oacute;n Europea cobre existencia y hable con una sola voz&rdquo;. Pero, esta misma semana, algunos de los 27 han roto filas para proteger a sus ciudadanos, bancos y empresas; no al conjunto. As&iacute;, surgen diversas formas de &ldquo;corralito&rdquo; (otro ejemplo argentino) en Irlanda, Gran Breta&ntilde;a, los estados b&aacute;lticos y, fuera de la UE, Islandia. </p>

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