Esso preferiría a Petrobrás antes que a Enarsa y Pdvsa como compradores de la refinería y las estaciones de servicio

El lunes vence el plazo para recibir las ofertas por la planta de Campana y las 500 expendedoras de combustible y ya trascendió que no serían preseleccionadas las estatales argentina y venezolana.

20 septiembre, 2007

Pero necesitará la aquiescencia del Gobierno de Kirchner para homolagar cualquier variante.

La compañía estadounidense Esso resolvió a priori rechazar la propuesta de la estatal Enarsa aún antes de que se venza el plazo para recibir las ofertas para la refinería y la red de estaciones de servicio que posee en el país.

El lunes que viene recién se abrirán los sobres.

La oferta presentada por Enarsa forma parte de una vieja aspiración del mandatario venezolano, Hugo Chávez, de asociarse a través de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) para comercializar naftas en esta parte del continente. Además de haberle comprado a la uruguaya Ancap las gasolineras de Sol Petróleo en Argentina, ofreció ampliarle la refinería en la otra margen del río de la Plata y construir una nueva planta para petróleo pesado.

La descalificación a las empresas estatales argentina y venezolana provino directamente de la casa central de la Exxon Mobile, y no tuvo en cuenta que dificultará el trámite de venta, por cuanto los otros interesados firmes, Petrobrás y podría ser también Shell, tendrán que pasar por el filtro de la Comisión de Defensa de la Competencia si es que incorporan la red de Esso a las que ya poseen.

En el caso de la brasileña, su participación en el negocio treparía a casi 35%. El gobierno de Brasilia ha puesto especial énfasis ante su par argentino de interés estratégico de quedarse con Esso y que vería con desagrado que le fuera facilitada a Pdvsa la entrada a esa porción del mercado.

Petrobras cuenta con dos refinerías, la de Bahía Blanca y la de San Lorenzo en Santa Fe, y unas 700 estaciones. Participa además en Refinor, que opera la destilería de Campo Durán en Salta y maneja 72 estaciones.

La brasileña tiene petróleo propio en el país, equivalente a 8% de la producción nacional, y le interesaría la planta de Esso en Campana porque mejoraría las propias para producir combustibles con menos cantidad de azufre en 2009, tal como lo exige la reglamentación de la Secretaría de Energía.

Aunque Esso decidirá a quién le vende, la operación con Petrobrás genera incertidumbre por el conflicto que surgió cuando se vendió Transener, ya que la brasileña tenía que desprenderse de su participación, y acordó hacerlo a través de un fondo de inversión norteamericano que fue objetado por el gobierno por ser ignoto. Finalmente debió venderla a Enarsa con Electroingeniería, una empresa cordobesa que hasta ese momento sólo producía insumos para la actividad eléctrica, y cuyos directivos tienen directa relación con el gobierno nacional.

En el caso de que Petrobras comprara la refinería de Esso, operaría una red de 1.200 estaciones sobre un total de 4.100 en todo el país, aunque es posible que gradualmente se desprenda de bocas de expendio, porque una de las motivaciones para comprar Esso es la posibilidad de ampliar la oferta de gasoil y disminuir la pérdida por importar ese combustible.

Esso fijó un precio base de venta de u$s 200 millones por la refinería en Campana y una red de unas 500 estaciones de servicio, además de activos menores.

Estrategia subregional

El tema para la Casa Rosada va más allá del mero traspaso entre empresas de una cadena de estaciones de servicio. Aunque las simpatías de Néstor Kirchner en el tema parecieron inclinarse hacia la sociedad Enarsa-Pdvsa, no quiere malquistar a los brasileños, con quienes cuenta, al igual que con otras petroleras que también actúan dentro de nuestras fronteras, para encarar proyectos de inversión en Bolivia orientados a la extracción de gas, ya que en el país se consideran próximas a agotarse.

Además del interés de las estatales ya mencionadas, se sumaría Chevron y la propia Shell, que anunció un plan de inversiones en Argentina para solucionar problemas ambientales y sacarse de encima el celo de las autoridades argentinas por un presunto desinterés de la angloholandesa en seguir las políticas oficiales.

Chávez no sólo es proclive a invertir junto con el gobierno argentino en Bolivia para sacar gas, sino que prometió coordinar con Kirchner la provisión de gas reliquificado venezolano de Montevideo a Buenos Aires a través del gasoducto tendido por debajo del río de la Plata, que originalmente había sido diseñado para el tráfico inverso.

El diario Ámbito Financiero incluyó en las negociaciones a los nuevos empresarios de la energía: Carlos Miguens, del Grupo Bemberg, que adquirió Central Puerto cuando vendió la cervecería Quilmes (precisamente a una empresa brasileña); y el grupo Dolphin, de Marcelo Mindlin, quien se adelantó en su momento al interés actual de los inversores financieros en el mundo por los activos energéticos.

Según Ámbito Financiero, no hay elementos para que la operación pueda objetarse, considerando la participación en el negocio que se le permitió mantener a Repsol cuando compró YPF.

Pero necesitará la aquiescencia del Gobierno de Kirchner para homolagar cualquier variante.

La compañía estadounidense Esso resolvió a priori rechazar la propuesta de la estatal Enarsa aún antes de que se venza el plazo para recibir las ofertas para la refinería y la red de estaciones de servicio que posee en el país.

El lunes que viene recién se abrirán los sobres.

La oferta presentada por Enarsa forma parte de una vieja aspiración del mandatario venezolano, Hugo Chávez, de asociarse a través de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) para comercializar naftas en esta parte del continente. Además de haberle comprado a la uruguaya Ancap las gasolineras de Sol Petróleo en Argentina, ofreció ampliarle la refinería en la otra margen del río de la Plata y construir una nueva planta para petróleo pesado.

La descalificación a las empresas estatales argentina y venezolana provino directamente de la casa central de la Exxon Mobile, y no tuvo en cuenta que dificultará el trámite de venta, por cuanto los otros interesados firmes, Petrobrás y podría ser también Shell, tendrán que pasar por el filtro de la Comisión de Defensa de la Competencia si es que incorporan la red de Esso a las que ya poseen.

En el caso de la brasileña, su participación en el negocio treparía a casi 35%. El gobierno de Brasilia ha puesto especial énfasis ante su par argentino de interés estratégico de quedarse con Esso y que vería con desagrado que le fuera facilitada a Pdvsa la entrada a esa porción del mercado.

Petrobras cuenta con dos refinerías, la de Bahía Blanca y la de San Lorenzo en Santa Fe, y unas 700 estaciones. Participa además en Refinor, que opera la destilería de Campo Durán en Salta y maneja 72 estaciones.

La brasileña tiene petróleo propio en el país, equivalente a 8% de la producción nacional, y le interesaría la planta de Esso en Campana porque mejoraría las propias para producir combustibles con menos cantidad de azufre en 2009, tal como lo exige la reglamentación de la Secretaría de Energía.

Aunque Esso decidirá a quién le vende, la operación con Petrobrás genera incertidumbre por el conflicto que surgió cuando se vendió Transener, ya que la brasileña tenía que desprenderse de su participación, y acordó hacerlo a través de un fondo de inversión norteamericano que fue objetado por el gobierno por ser ignoto. Finalmente debió venderla a Enarsa con Electroingeniería, una empresa cordobesa que hasta ese momento sólo producía insumos para la actividad eléctrica, y cuyos directivos tienen directa relación con el gobierno nacional.

En el caso de que Petrobras comprara la refinería de Esso, operaría una red de 1.200 estaciones sobre un total de 4.100 en todo el país, aunque es posible que gradualmente se desprenda de bocas de expendio, porque una de las motivaciones para comprar Esso es la posibilidad de ampliar la oferta de gasoil y disminuir la pérdida por importar ese combustible.

Esso fijó un precio base de venta de u$s 200 millones por la refinería en Campana y una red de unas 500 estaciones de servicio, además de activos menores.

Estrategia subregional

El tema para la Casa Rosada va más allá del mero traspaso entre empresas de una cadena de estaciones de servicio. Aunque las simpatías de Néstor Kirchner en el tema parecieron inclinarse hacia la sociedad Enarsa-Pdvsa, no quiere malquistar a los brasileños, con quienes cuenta, al igual que con otras petroleras que también actúan dentro de nuestras fronteras, para encarar proyectos de inversión en Bolivia orientados a la extracción de gas, ya que en el país se consideran próximas a agotarse.

Además del interés de las estatales ya mencionadas, se sumaría Chevron y la propia Shell, que anunció un plan de inversiones en Argentina para solucionar problemas ambientales y sacarse de encima el celo de las autoridades argentinas por un presunto desinterés de la angloholandesa en seguir las políticas oficiales.

Chávez no sólo es proclive a invertir junto con el gobierno argentino en Bolivia para sacar gas, sino que prometió coordinar con Kirchner la provisión de gas reliquificado venezolano de Montevideo a Buenos Aires a través del gasoducto tendido por debajo del río de la Plata, que originalmente había sido diseñado para el tráfico inverso.

El diario Ámbito Financiero incluyó en las negociaciones a los nuevos empresarios de la energía: Carlos Miguens, del Grupo Bemberg, que adquirió Central Puerto cuando vendió la cervecería Quilmes (precisamente a una empresa brasileña); y el grupo Dolphin, de Marcelo Mindlin, quien se adelantó en su momento al interés actual de los inversores financieros en el mundo por los activos energéticos.

Según Ámbito Financiero, no hay elementos para que la operación pueda objetarse, considerando la participación en el negocio que se le permitió mantener a Repsol cuando compró YPF.

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