El comercio exterior: entre las dificultades internas y externas

En 2023, los factores locales -atraso cambiario y sequía- influirán negativamente en los resultados esperables del balance comercial, mientras que los factores internacionales (efectos post-pandemia reforzados por la invasión de Rusia a Ucrania) limitarán seriamente los beneficios.

14 marzo, 2023

Por Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez (*)

En especial, los que la Argentina podría disfrutar de los altos términos del intercambio favorables a sus productos exportables. L a Argentina ha iniciado el año 2023 con la imperiosa necesidad de conseguir dólares para mantener el nivel de actividad, cumplir con sus compromisos externos y recomponer las reservas internacionales en su Banco Central.

Lamentablemente, problemas locales y un complejo escenario externo ponen a prueba ese objetivo. En el plano local, los problemas que bloquean el camino para la acumulación de divisas son de naturaleza diversa. Entre los aspectos más importantes, el despliegue de la política económica en un año electoral llevaría a mantener el “atraso” cambiario que afecta al sector comercial externo, desalentando el negocio exportador e incentivando las importaciones. Esta situación, que ya se viene registrando en los últimos dos años, preanuncia la continuidad de las políticas de cepo cambiario y control de las importaciones. Otro factor de gran importancia y exógeno a las decisiones de los agentes económicos es el de las consecuencias de la histórica sequía sobre el principal rubro de exportaciones de nuestro país, el sector agroindustrial. Este sector representa actualmente el 65% de nuestras ventas externas. “…los países van a tender a diversificar sus relaciones económicas.”

La restricción impuesta por los problemas climáticos llevaría a una caída del valor exportado de una magnitud equivalente al 12- 15% de los valores exportados el año pasado. Con respecto al escenario mundial, la continuidad del conflicto entre Ucrania y Rusia es, sin duda, el aspecto dominante en la discusión internacional. A la vez, los efectos postpandemia sobre la globalización y la creciente competencia entre China y los Estados Unidos se mantuvieron como factores subyacentes.

Todos estos aspectos sumados han llevado a una reconsideración sobre la evolución del comercio internacional en el futuro inmediato. Así, el volumen del comercio mundial habría crecido un 3,5% en 2022, según las estimaciones de la Organización Mundial del Comercio.

En contraste, para 2023 este organismo anticipa un leve crecimiento del 1%, mientras que otras opiniones expertas arriesgan, inclusive, una caída del 1%. En el caso de la invasión de la Federación Rusa a Ucrania, a fines de febrero se cumplió un año del inicio del conflicto. Este hecho dio lugar a que los países contendientes confirmaran su voluntad de continuar con las acciones bélicas. Los aliados de Ucrania en Occidente aseguraron su apoyo al país dando continuidad a sus contribuciones financieras y en armamento.

Como novedad, China se propuso como mediador para lograr un cese inmediato de los enfrentamientos, reconociendo la importancia del respeto de la soberanía nacional y la necesidad de descartar absolutamente el uso de armas nucleares. También Brasil se ofreció como mediador recientemente. Debe recordarse que ambos países integran el grupo de los BRICS, al que también pertenece Rusia. América Latina y, en particular, la Argentina, que se encuentran lejos del escenario de la guerra.

Sus compromisos con el conflicto han sido de carácter diplomático hasta el momento, a través de las votaciones en las Naciones Unidas. Al respecto, en la votación más reciente de repudio a la invasión, nuestro país respaldó el reclamo de retiro inmediato de las tropas rusas de los territorios ocupados. La guerra se superpuso a las preocupaciones y acciones mundiales para paliar las consecuencias económicas de la Pandemia, que se manifestaron en la aceleración de la inflación mundial.

La respuesta principal a esa aceleración implicó a la política monetaria de los países más ricos con un aumento de las tasas de interés, que involucra el riesgo de una recesión internacional.

Además, las mayores tasas de interés atraen a los capitales a los países de mayor desarrollo y desfinancian a los países en desarrollo. En el caso de la Argentina, en particular, este problema afecta al sector privado, dado que el sector público está aún al margen de esos mercados financieros mundiales. También se mantuvo subyacente en ese escenario la mencionada competencia entre los Estados Unidos y China, que han tensado su relación asumiendo roles de un prudente antagonismo con respecto al conflicto, por el momento. Todo sumado, la respuesta ha sido la implementación de un mayor proteccionismo comercial por parte de los Estados Unidos y de sus socios europeos.

China, por su parte, viene enfrentando una reducción de su tasa de crecimiento, a la vez que consolida un aumento de sus lazos comerciales con Rusia. Dentro de este panorama complejo de factores internos y externos, las autoridades económicas de nuestro país han esgrimido las consecuencias de la sequía y el aumento internacional de los precios de la energía como causales de sus dificultades para cumplir con las metas del programa del FMI.

Sus gestiones fueron exitosas y se lograría una flexibilización de las metas de reservas del acuerdo vigente con el FMI. Una mirada con una perspectiva más amplia sugiere que, en el actual contexto mundial, la gran mayoría de los efectos sobre la economía de la Argentina no son nuevos, sino que el conflicto de Ucrania ha reforzado los efectos internacionales que ya se habían puesto de manifiesto durante la Pandemia.

Por un lado, durante la Pandemia, entre mediados y fines de 2020, los precios de los commodities exportables de la Argentina se elevaron y también aumentaron los precios de los combustibles que importamos. A la vez, es cierto que la Argentina goza en los últimos años de una muy beneficiosa situación de altos términos del intercambio, semejantes a los registrados durante el boom de las commodities de 2005-2012.

Sin embargo, el cortoplacismo de nuestra economía limita una planificación privada de los negocios que responda a ese escenario. Sólo una cosecha récord y la política de control de las importaciones lograron que, en 2022, se morigerara la caída del saldo del comercio inducida por el atraso del tipo de cambio.

Cabe notar que, en el balance comercial de 2022, la relación entre los precios de nuestros exportables e importables (nuestros términos del intercambio) fue, en promedio, semejante a la relación en 2021, de modo que ese año no se produjo un beneficio ulterior de los precios relativos externos. Los recientes datos anuales sobre el comercio exterior publicados por el INDEC suman información al panorama descripto. En 2022, por el lado exportador, el balance comercial externo muestra que las exportaciones aumentaron un 13,5% con respecto al año anterior (US$ 88.446 millones). Por su parte, las importaciones aumentaron un 29% (US$ 81.523 millones), reduciendo su dinámica de crecimiento significativamente por la aplicación de controles. El saldo acumulado del balance comercial fue de US$ 6.923 millones.

En 2021, el resultado del balance comercial había alcanzado los US$ 14.721 millones, valor semejante en magnitud al de los dos años anteriores. En 2022, el peso de las importaciones de combustibles fue del 15%En cuanto a las perspectivas inmediatas, podría esperarse un aterrizaje macro internacional más lento que lo previsto, lo que afectaría a la Argentina por vía de la inflación “importada”.

Sin embargo, la mayor coordinación de los países occidentales parece anticipar un ajuste eficaz en términos de reducir la inflación internacional. Como se ya se mencionó, el conflicto ruso-ucraniano exacerbó las diferencias ya existentes entre los Estados Unidos y China, creando interrogantes sobre el futuro de la relación bilateral.

Este hecho es inconveniente para los países en desarrollo, particularmente en América Latina, debido a la fuerte vinculación económica con ambos países. En ese sentido, una acción regional coordinada sería recomendable para presentar una menor debilidad frente a las presiones de alineamiento y ante la necesidad de aprovechar todas las oportunidades que abre el comercio internacional.

Otros aspectos relevantes son las nuevas inversiones en defensa de los principales contendientes internacionales que podrían desviar fondos de objetivos de más largo plazo, como los ambientales. Por último, a mediano plazo es probable que los altos precios internacionales de la energía y las restricciones de abastecimiento impuestas por Rusia hayan acelerado la transición hacia energías renovables, sobre todo en Europa.

Y, como también ocurrió con la Pandemia, los países van a tender a diversificar sus relaciones económicas. Podría haber mayores exigencias ambientales, pero también nuevas oportunidades comerciales para los países en desarrollo como el nuestro.

Los resultados de enero de 2023 confirman las tendencias analizadas hasta aquí, con una caída del 51% en las exportaciones de cereales mientras las importaciones tuvieron un leve aumento (2,5%). Otro efecto de la Pandemia que continúa afectando al comercio internacional es el del aumento de los costos de los fletes marítimos, que se mantuvieron altos luego de un breve declive en la primera parte de 2022, también como consecuencia de la invasión rusa a Ucrania.

En cuanto a las perspectivas inmediatas, podría esperarse un aterrizaje macro internacional más lento que lo previsto, lo que afectaría a la Argentina por vía de la inflación “importada”. Sin embargo, la mayor coordinación de los países occidentales parece anticipar un ajuste eficaz en términos de reducir la inflación internacional.

Como se ya se mencionó, el conflicto ruso-ucraniano exacerbó las diferencias ya existentes entre los Estados Unidos y China, creando interrogantes sobre el futuro de la relación bilateral. Este hecho es inconveniente para los países en desarrollo, particularmente en América Latina, debido a la fuerte vinculación económica con ambos países.

En ese sentido, una acción regional coordinada sería recomendable para presentar una menor debilidad frente a las presiones de alineamiento y ante la necesidad de aprovechar todas las oportunidades que abre el comercio internacional.

Otros aspectos relevantes son las nuevas inversiones en defensa de los principales contendientes internacionales que podrían desviar fondos de objetivos de más largo plazo, como los ambientales. Por último, a mediano plazo es probable que los altos precios internacionales de la energía y las restricciones de abastecimiento impuestas por Rusia hayan acelerado la transición hacia energías renovables, sobre todo en Europa.

Y, como también ocurrió con la Pandemia, los países van a tender a diversificar sus relaciones económicas. Podría haber mayores exigencias ambientales, pero también nuevas oportunidades comerciales para los países en desarrollo como el nuestro.

(*) Economistas de FIEL.

 

 

 

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