El imperio de lo digital

El capitalismo pasó a la fase virtual en cuarentena

La pandemia aceleró la transformación en las tecnologías de creación de valor, potenciando las plataformas que eficientizan la intermediación. Mostró, además, la punta del iceberg de la potencialidad de la inteligencia artificial para crear valor.

17 noviembre, 2020

Por: Martín Tetaz (*)

La transformación digital se aceleró de manera forzosa en cuarentena: 4.100 nuevas pymes empezaron a vender a través de Mercado Libre y 34.000 a operar con Mercado Pago, según Trendsity; además, la cantidad de órdenes de compra para la versión latinoamericana de Ebay creció 65%, un 21% aportado por las empresas que se sumaron.

Lo cierto es que antes de que el virus se esparciera por la tierra, la economía global estaba asistiendo a un fenómeno de uberización acelerado, que en esencia tenía dos pilares: por un lado, la eficientización de los procesos de intermediación, conectando más facíl, más rápido, más seguro y por ende más barato, a las puntas de la producción y el consumo.

Por el otro, las plataformas permiten segmentar mercados a un nivel atómico; individual. Así como Uber crea más valor permitiendo que un viaje en un contexto de alta demanda (un día de lluvia, un horario pico, un evento masivo) tenga un precio más alto, al tiempo que el consumidor del valle de demanda pague un precio mucho más barato, pudiendo acceder a un servicio que de otro modo no podría disfrutar, es factible exprimir al máximo las restricciones de capacidad para sacarle valor a cada punto de la demanda, practicamente en cualquier bien o servicio.

Si bien aceptamos que un intermediario sea más eficiente y encuentre una tecnología más barata para conectar las puntas, como ocurrió en su momento con la llegada de los hipermercados, todavía hay una resistencia cultural a que dos personas paguen precios distintos por lo que aparentemente es un mismo bien o servicio.
Pongamos el caso de los servicios de envíos a domicilio como Globo, Rappi o Pedidos Ya, que explotaron en el contexto de la cuarentena.

¿Por qué tiene que pagar lo mismo alguien que tiene apuro que alguien que puede esperar un rato mas?

¿Por qué lo mismo para un producto donde hay alta oferta (como una Coca Cola), que por un paquete de pañales?

¿Por qué lo mismo alguien que valora más su tiempo, por la razón que fuere, que alguien que está aburrido y no le cuesta nada ir a buscar su comida?

Demanda que va y viene

El hombre es un animal de costumbres que tarde o temprano vuelve a la media después de alejarse circunstancialmente por un shock adverso, como una pandemia, o favorable, como un aguinaldo.

No hay bases de comportamiento para suponer que, desde la demanda, haya un cambio radical en los patrones de consumo y de hecho las reaperturas en Europa están mostrando abundante evidencia de que la gente vuelve rápido a los restaurantes y a los bares.

Pero la oferta es otra historia y los procesos de uberización que estaban poniendo en jaque a los bancos, a los medios de comunicación, a las concesionarias de autos, a las inmobiliarias y por supuesto al transporte, ahora aceleraron la destrucción de las cadenas de intermediacion comerciales y no sabemos cuántos locales de ventas minoristas que cerraron por el lockdown global ya no volverán a abrir.

Basta mirar las expectativas de los que ponen dinero, dónde ponen la boca. El Down Jones, un indicador clasico de la economía tradicional de Estados Unidos, perdió el 38% de su valor en el pico de la pandemia.

Su primo del sector tecnológico, el Nasdaq, se derrumbó casi en paralelo, un 28%. Cuatro meses después el Dow todavía está 10% por debajo del nivel de febrero, pero el Nasdaq ya está 14% arriba, marcando su record histórico.

El corazón del capitalismo es la capacidad de crear valor de manera descentralizada, por individuos y empresas que logran producir bienes y servicios que cada vez satisfacen más necesidades, consumiendo menos recursos.

La pandemia no cambió demasiado desde el punto de vista de las necesidades pero aceleró la transformacion en las tecnologías de creación de valor, potenciando las plataformas que dan eficiencia a la intermediación, mostrando además la punta del iceberg de la potencialidad de la inteligencia artificial para crear valor.
Se trata de un proceso a lo Shumpeter, que destruye a las formas más ineficientes de intermediacion.

La velocidad del proceso, que se ralentiza con los lobbies regulacionistas y el poder de los sindicatos defendiendo el statu quo que los vota y financia, acaba de recibir un fuerte impulso acelerador.

(*)Autor y orador internacional, pionero en Economía del Comportamiento en Latinoamérica.

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