El BCRA sumó reservas por US$1.486 millones en un mes

Las paritarias y el mercado de futuros de dólar pondrán a marzo un techo cambiario en torno de $14, mientras se cierra el financiamiento internacional para alimentar las reservas netas del BCRA, según CD&A Financial Services.

Para fin de año, Carlos Donantueno, Ceo de CD&A Financial Services, proyecta el dólar en una zona cercana a los $17, en línea con el contexto de la región; prevé que la economía comenzaría a reactivarse a partir del segundo semestre de la mano de una mayor productividad e inflación estable que cerraría el año en 20%.

 

“Este año será el punto de apoyo para una economía que ganará competitividad durante 2017”, afirma.

 

El “levantamiento del cepo” no sólo indica a priori haber sido exitoso en términos del potencial traslado a precios (pass through), sino que además guarda en sí mismo otro acierto que se le debe reconocer al equipo económico del presidente Mauricio Macri, cuando anticipaba que “el mercado tenía cubierta en exceso la necesidad de divisas”, y por ello un escenario de corrida sobre el dólar era muy poco probable.

 

¿Suba generalizada o aumento relativo?

 

Es notable la diferencia en el impacto sobre precios que han tenido las últimas dos grandes devaluaciones del peso: la de Juan Carlos Fábrega, en enero de 2014, y la corrección de diciembre implementada por Federico Sturzenegger.

 

Tomando el IPC de la Ciudad de Buenos Aires, uno de los dos índices autorizados por el nuevo INDEC, junto con el de la provincia de San Luis, la devaluación de 2014, en un contexto de restricción cambiaria, no logró incentivar las liquidaciones del agro y, además, promovió una suba generalizada en los precios de los bienes y servicios.

 

El tipo de cambio oficial, finalmente, no atrajo a los exportadores, a manos de una inflación anual proyectada que en enero trepó por encima del 50%, y la mayor apreciación del dólar en el mercado negro.

 

De hecho, ambas variables licuaron los esfuerzos del Banco Central a través de la suba de tasas, que pasó del 19% al 25% durante ese mismo mes.

 

La tendencia de los precios se mantuvo positiva durante los meses subsiguientes, con un sesgo claramente generalizado.

 

Por el contrario, la devaluación de diciembre último fue íntegramente inducida por el mercado, en el marco del nuevo esquema de “flotación administrada” que propuso la entidad.

 

En esta oportunidad lo que se produjo fue una “distorsión de precios relativos” basada mayormente en expectativas.

 

Sucede que buena parte de nuestra economía venía operando con un tipo de cambio muy por encima de los actuales $13.50 del segmento mayorista, y lo que se valoraba como un completo traslado de la devaluación a precios, en realidad se trató de aumentos puntuales previos a la medida, e impulsados en mayor proporción por los hipermercados.

 

Zona liberada

 

Sobre esto último, desde CD&A Financial Services mantuvimos contacto con referentes de la industria láctea e hipermercados, quienes nos confirmaron que durante noviembre pasado recibieron el llamado telefónico del ex titular de la secretaría de Comercio Interior, Augusto Costa, anunciándoles que ya no se efectuarían controles sobre los precios.

 

Esta “zona liberada” permitió, por ejemplo, a los hipermercados ajustar algunos de sus precios entre un 20% y 25% ese mes, y volver a realizar un excesivo ajuste post-devaluación en diciembre sobre el resto de los bienes, en un rango más agresivo aún que se ubicó entre 30% y 40%.

La estrategia del sector fue “blindar” los márgenes de ganancia y hacerse de un “colchón” de cara a las negociaciones con proveedores durante enero de 2016, momento en el cual se verían obligados a realizar un nuevo ajuste para compensar el aumento en los costos.

 

La confirmación surge de analizar la incidencia de cada componente sobre el índice de precios al consumidor, donde se obtiene que en diciembre el ítem “Alimentos y bebidas no alcohólicas” fue el de mayor peso dentro del podio de los tres más sensibles a la variación del tipo de cambio.

 

En enero de 2014, el ítem de mayor peso había sido “Transporte”, con una incidencia de 1.69 en el índice de precios de la Ciudad.

 

Sucede que finalmente el orden de los factores altera el producto, y por entonces se arrastraba una fuerte presión sobre el precio de los combustibles, que ya habían aumentado en torno del 6% a principio de año, es decir, previo a la devaluación.

 

De hecho las estimaciones se confirmaron y las subas en las tarifas de transporte fueron justas, considerando que tan solo durante el primer cuatrimestre de 2014 el combustible aumentó un 25%.

 

En esta oportunidad, el aumento de combustibles fue posterior, lo que claramente describe un escenario de expectativas moderadas sobre la evolución del tipo de cambio.

 

En simples palabras, para el mercado, Fábrega “se había quedado corto”.

 

El tipo de cambio se encuentra en equilibrio con el contexto local

 

Desde la normalización del mercado cambiario el pasado 17 de diciembre, una débil demanda de dólares y el acuerdo previo con las cerealeras de liquidar US$400 millones diarios durante tres semanas se conjugaron, permitiéndole al Banco Central sumar reservas internacionales por US$1.486 millones al cierre del día viernes.

 

Desde CD&A Financial Services consideramos que existen factores adicionales implícitos en la demanda, que le permiten a la entidad mantener una relativa estabilidad sobre el tipo de cambio en la zona de $14.

 

La ausencia de nuevas liquidaciones de importadores en el mercado de cambios, quienes aún se encuentran en proceso de adaptación al nuevo Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones (SIMI), que introdujo la AFIP en reemplazo de las DJAI (Declaración Jurada Anticipada de Importación), arbitra como un fuerte moderador de la potencial demanda que propone la apertura del mercado.

 

El otro factor de peso surge de la comunicación A5850 del Banco Central, que en su texto describe el mecanismo de normalización, pero además restringe de cierto modo el acceso al mercado de cambios de las deudas por importación. Es decir, compras previas a la nueva normativa que se realizaron al exterior pero que aún no han sido liquidadas, para las cuales se implementó un esquema de liquidación progresivo que se extiende hasta mitad del corriente año, momento en el que se lograría una plena normalización del mercado.

 

Como consecuencia, la demanda de divisas se mantendrá débil durante el primer trimestre de 2016, ganará algo de peso hasta junio, y recién comenzará a operar con profundidad a partir del segundo semestre del año.

 

Esto le proporcionará mayor espacio al Banco Central, que tiene como principal objetivo contraer al máximo posible la base monetaria, es decir, quitar los pesos sobrantes de nuestra economía.

 

 

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