EE.UU: notable éxito económico

Lawrence Summer, secretario del Tesoro, no dudó en elogiar ciclo de los últimos 10 años. Y agregó que los resultados se deben a la disciplina fiscal.

La economía estadounidense se encuentra “en un momento de éxito notable” y un componente central de esa bonanza es la disciplina fiscal de la última década, afirmó el miércoles el secretario del Tesoro, Lawrence Summers.

“Hace apenas 10 años, cuando terminó la Guerra Fría, era habitual el comentario de que la habían ganado Europa y Japón, y que la economía de Estados Unidos había salido perdedora”, dijo Summers en un almuerzo en el Club Nacional de la Prensa.

“Pero en el primer trimestre de este año hemos sido capaces de reducir en 5 % la deuda nacional”, subrayó antes de indicar que “algo que está muy lejano del enorme déficit fiscal de hace menos de diez años”.

La economía de Estados Unidos ha llegado a su décimo año de expansión ininterrumpida, con bajo desempleo, alto ritmo de crecimiento, baja inflación y la confianza de los consumidores, y todo ello, subrayó Summers, “refleja el ímpetu empresarial de los estadounidenses”.
“Es reflejo del desarrollo y la aplicación de tecnologías nuevas, y del carácter dinámico y flexible de la economía estadounidense”, agregó.

Summers dijo que la política fiscal de Estados Unidos ha oscilado entre períodos de disciplina y períodos de endeudamiento, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y “eso nos da una perspectiva dado que hemos probado una y otra cosa”.

“Después de la Segunda Guerra Mundial, elegimos reducir la deuda en que habíamos incurrido y que financió la guerra y nos sacó de la Gran Depresión”, explicó. “La relación entre deuda y Producto Interior Bruto disminuyó sustancialmente, y eso sentó los fundamentos del crecimiento sólido de la década siguiente”.

Al final de la década de los sesenta, dijo Summers, Estados Unidos aumentó sus gastos “tanto en pan y manteca como en armas, y para ello recurrió, en parte, al déficit presupuestario que contribuyó a recalentar la economía, lo cual a su vez contribuyó a una mayor inflación”.

En los años ´80, Estados Unidos aumentó significativamente el gasto militar al tiempo que redujo los impuestos y “como resultado las tasas de interés subieron a niveles sin precedentes, la tasa de inversión neta cayó, siguió estancada la productividad y la deuda pública casi se multiplicó por cuatro”.

La disciplina fiscal que se adoptó en los años noventa, según Summers, “fue crucial para la prosperidad que hoy gozamos y que nos ha permitido que unos US$ 2,5 billones, que se hubieran gastado en los préstamos del Gobierno, se invirtieran para hacer más productiva la economía”.
Summers manifestó que “la eliminación de la deuda debe ser una prioridad central de la política fiscal porque ayudará a reducir la carga de los pagos futuros sobre intereses y capital”.

“Por cada dólar que se toma prestado en el mercado de bonos a 10 años, los contribuyentes pagarán en impuestos un total de US$ 1,61 en interés y capital”, aseguró Summers.
“Esta obligación sube a US$ 2,79 por cada dólar que se toma prestado con un bono de 30 años”, añadió.

El secretario del Tesoro dijo que las demoras en la reducción de la deuda nacional probablemente exacerbarán el déficit comercial de Estados Unidos.

“El déficit por cuenta corriente de Estados Unidos, en el cuarto trimestre de 1999, fue equivalente a 4,2 % del PIB, el más grande en más de una generación”, y este desequilibrio presenta una amenaza inmediata a nuestro bienestar económico”, advirtió Summers.

El responsable del Tesoro agregó que “la mejor manera de que el déficit en cuenta corriente se ajuste en el tiempo es un aumento del ahorro nacional, de manera que la reducción del empréstito extranjero no lleve a reducciones en las inversiones productivas dentro del país”.

Por Jorge A. Bañales / EFE

La economía estadounidense se encuentra “en un momento de éxito notable” y un componente central de esa bonanza es la disciplina fiscal de la última década, afirmó el miércoles el secretario del Tesoro, Lawrence Summers.

“Hace apenas 10 años, cuando terminó la Guerra Fría, era habitual el comentario de que la habían ganado Europa y Japón, y que la economía de Estados Unidos había salido perdedora”, dijo Summers en un almuerzo en el Club Nacional de la Prensa.

“Pero en el primer trimestre de este año hemos sido capaces de reducir en 5 % la deuda nacional”, subrayó antes de indicar que “algo que está muy lejano del enorme déficit fiscal de hace menos de diez años”.

La economía de Estados Unidos ha llegado a su décimo año de expansión ininterrumpida, con bajo desempleo, alto ritmo de crecimiento, baja inflación y la confianza de los consumidores, y todo ello, subrayó Summers, “refleja el ímpetu empresarial de los estadounidenses”.
“Es reflejo del desarrollo y la aplicación de tecnologías nuevas, y del carácter dinámico y flexible de la economía estadounidense”, agregó.

Summers dijo que la política fiscal de Estados Unidos ha oscilado entre períodos de disciplina y períodos de endeudamiento, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y “eso nos da una perspectiva dado que hemos probado una y otra cosa”.

“Después de la Segunda Guerra Mundial, elegimos reducir la deuda en que habíamos incurrido y que financió la guerra y nos sacó de la Gran Depresión”, explicó. “La relación entre deuda y Producto Interior Bruto disminuyó sustancialmente, y eso sentó los fundamentos del crecimiento sólido de la década siguiente”.

Al final de la década de los sesenta, dijo Summers, Estados Unidos aumentó sus gastos “tanto en pan y manteca como en armas, y para ello recurrió, en parte, al déficit presupuestario que contribuyó a recalentar la economía, lo cual a su vez contribuyó a una mayor inflación”.

En los años ´80, Estados Unidos aumentó significativamente el gasto militar al tiempo que redujo los impuestos y “como resultado las tasas de interés subieron a niveles sin precedentes, la tasa de inversión neta cayó, siguió estancada la productividad y la deuda pública casi se multiplicó por cuatro”.

La disciplina fiscal que se adoptó en los años noventa, según Summers, “fue crucial para la prosperidad que hoy gozamos y que nos ha permitido que unos US$ 2,5 billones, que se hubieran gastado en los préstamos del Gobierno, se invirtieran para hacer más productiva la economía”.
Summers manifestó que “la eliminación de la deuda debe ser una prioridad central de la política fiscal porque ayudará a reducir la carga de los pagos futuros sobre intereses y capital”.

“Por cada dólar que se toma prestado en el mercado de bonos a 10 años, los contribuyentes pagarán en impuestos un total de US$ 1,61 en interés y capital”, aseguró Summers.
“Esta obligación sube a US$ 2,79 por cada dólar que se toma prestado con un bono de 30 años”, añadió.

El secretario del Tesoro dijo que las demoras en la reducción de la deuda nacional probablemente exacerbarán el déficit comercial de Estados Unidos.

“El déficit por cuenta corriente de Estados Unidos, en el cuarto trimestre de 1999, fue equivalente a 4,2 % del PIB, el más grande en más de una generación”, y este desequilibrio presenta una amenaza inmediata a nuestro bienestar económico”, advirtió Summers.

El responsable del Tesoro agregó que “la mejor manera de que el déficit en cuenta corriente se ajuste en el tiempo es un aumento del ahorro nacional, de manera que la reducción del empréstito extranjero no lleve a reducciones en las inversiones productivas dentro del país”.

Por Jorge A. Bañales / EFE

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