Ecuador eliminará el subsidio del gas

El Gobierno de Rafael Correa aspira a reducir el consumo de gas licuado de petróleo (GLP). Este mes inició un plan para que 3,5 millones de hogares adquieran cocinas de inducción magnética y cocinen con electricidad.

La medida es un paso previo para retirar el subsidio al gas, que este año representa un desembolso de 800 millones de dólares, según la previsión presupuestaria.

 

Los consumidores pagan solo 1,60 de los 12,15 dólares que realmente cuesta el cilindro de 15 kilogramos. 

 

La subvención está vigente desde los ´70, cuando Ecuador iniciaba suboom petrolero, según desarrolla la edición americana de El País.

 

La dictadura militar del general Guillermo Rodríguez Lara quería popularizar el uso de los derivados del petróleo que supuestamente se iban a producir en el país.

 

Pero a la vuelta de 40 años, la producción local de GLP apenas cubre el 20% del más de un millón de toneladas de gas que se demandan al año —el resto se importa de Panamá, Estados Unidos, Perú, Argentina y Nigeria—.

 

La propuesta de eliminar el subsidio es arriesgada, puesto que la población está acostumbrada a un gas barato.

 

El exmandatario Abdalá Bucaram intentó quitar el subsidio en 1996 y poco después fue destituido.

 

Sus sucesores también trataron de hacerlo, pero la presión popular pudo más. Correa, sin embargo, ya hizo el anuncio y espera que para 2017 la mayor parte de hogares ecuatorianos cuente con una cocina de inducción y que la demanda extra del suministro de energía sea cubierta por las nuevas ocho hidroeléctricas que estarán funcionando para esa época.

 

El Gobierno recuerda a la gente que a partir de 2017 el cilindro de gas costará entre 15 y 20 dólares.

 

El ministro de Electricidad, Esteban Albornoz, declaró a los medios la semana pasada que “es absurdo cocinar con GLP que no tenemos” e invitó a “cocinar con la fuerza de nuestros ríos”.

 

Para calmar los temores sobre el incremento de la planilla mensual de luz, Correa informó en ese mismo espacio que van a subsidiar los 80 primeros kilovatios, así que “prácticamente se va a cocinar gratis”.

 

Ecuador empleó en 2013, según el Ministerio de Finanzas, 6.603 millones de dólares en subsidios. De ese valor, el 68,75% se ha destinado a los combustibles —un 42,5% (1.935 millones de dólares) al diésel; un 38,5% (1.757 millones) a la gasolina; y un 14,7% (666,5 millones) al gas licuado de petróleo—.

 

Aunque el Gobierno promociona el nuevo plan como un cambio de la matriz energética, la electricidad representa apenas el 11% de toda la energía consumida en Ecuador, mientras el consumo de derivados del petróleo (diésel, gasolina y fuel oil, principalmente) supone el 82% del total, según datos de la Organización Latinoamericana de Energía. Francisco Pardavila, investigador del Centro Ecuatoriano de Derecho Ambiental, afirma que “sería interesante cambiar el sistema de subsidios de los hidrocarburos, que favorecen el uso ineficiente del transporte, que consume el 61% de la energía primaria del país”.

 

Las hidroeléctricas que están en operación cubren el 50% de la demanda de electricidad del país (3.000 megavatios en horas pico). La otra mitad se cubre con las termoeléctricas —que queman fuel oil, diesel y otros combustibles fósiles— y la importación del suministro de los países vecinos.

 

La compra de energía a Perú o Colombia supone un importante gasto para el país.

 

Según el Consejo Nacional de Electricidad, el precio medio de la energía en el mercado internacional se sitúa en 10,5 centavos de dólar por kilovatio/hora, muy por encima del precio de compra por la generación eléctrica en Ecuador, establecida en 4,3 centavos de dólar por kilovatio/hora.

 

La expectativa del Gobierno es que para 2017 los ocho proyectos hidroeléctricos, en los que se ha invertido cerca de 5.000 millones de dólares, cubran el 90% de la demanda eléctrica del país. Pero estas presunciones son inciertas.

 

Pere Ariza, investigador de la Facultad Latinoamericana de Estudios Sociales, señala que no se toma en cuenta las nuevas necesidades de electricidad —”las de la minería, la siderurgia y también de los hogares que, conforme aumenta el estado del bienestar, aumentan el consumo de energía eléctrica”—.

 

Tampoco se dice que las centrales hidroeléctricas están sujetas a las variaciones pluviométricas (la falta de precipitaciones), que pueden comprometer su correcto funcionamiento.

 

En la época de estiaje entrarían a operar las termoeléctricas y tendrían que cubrir hasta un 40% de la demanda interna, según el exministro de Electricidad, Alecksey Mosquera.

 

Por eso las termoeléctricas no han sido descartadas del Plan Maestro de Electrificación de 2012-2021.

 

De los 34 proyectos contemplados hasta 2021, ocho son termoeléctricos, tres eólicos y dos geotérmicos.

 

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