Crisis en Polonia y cae el primer ministro Marcinkiewicz

Los mellizos Lech y Jaroslav Kaczyinski han tomado el control del país. El primero ya era presidente. El segundo, es primer ministro en lugar del dimitente y jefe de un partido de ultraconservador (“Derecho y justicia”, PIS en la sigla polaca).

Polonia es un sistema donde realmente nunca hubo izquierda. Entre ambas guerras, lo manejaba un fascista católico, el mariscal Józef Pilsudski. Tras la II guerra, el régimen comunista era una forma no explícita de fascismo. Más tarde, Lech Walesa y su agrupación Solidaridad eran demasiado clericales como para ser una izquierda real.

Ahora, el gobierno de los gemelos tiene ribetes nacionalistas. Ello se expresa en la resistencia a integrarse con el resto de la Unión Europea y privatizar áreas relevantes de la economía. En este plano, los mecanismos jurídicos de Bruselas han logrado frenar intentos de controlar bancos privados.

Menos recalcitrante que los dos partidos ultracatólicos y anitjudíos (su holding de medios, Radio Maria, ha sido criticado por Benito XVI, no justamente un izquierdista), ambos en la coalición oficialista, PIS es tan hostil al liberalismo europeo como ellos. De hecho, uno de ellos admira al régimen “comunista” de Rusia blanca, virtual títere de Moscú, sin parar mientes en contradicciones.

Entretanto, medios políticos locales, lituanos y alemanes interpretan el avance de los Kaczynski como una derechización de Polonia. No en vano, periódicos de Varsovia y Cracovia traen a colación el antecedente de Pilsudski. La presencia de la Liga de familias (LPR, o sea Radio Maria) y Samoobrona (“Autodefensa”, afìn al nacionalsocialismo de preguerra) preocupa en Bruselas, Berlín y el Vaticano. Pero, sugestivamente, no desvela a Vladyímir Putin ni a George W.Bush.

Polonia es un sistema donde realmente nunca hubo izquierda. Entre ambas guerras, lo manejaba un fascista católico, el mariscal Józef Pilsudski. Tras la II guerra, el régimen comunista era una forma no explícita de fascismo. Más tarde, Lech Walesa y su agrupación Solidaridad eran demasiado clericales como para ser una izquierda real.

Ahora, el gobierno de los gemelos tiene ribetes nacionalistas. Ello se expresa en la resistencia a integrarse con el resto de la Unión Europea y privatizar áreas relevantes de la economía. En este plano, los mecanismos jurídicos de Bruselas han logrado frenar intentos de controlar bancos privados.

Menos recalcitrante que los dos partidos ultracatólicos y anitjudíos (su holding de medios, Radio Maria, ha sido criticado por Benito XVI, no justamente un izquierdista), ambos en la coalición oficialista, PIS es tan hostil al liberalismo europeo como ellos. De hecho, uno de ellos admira al régimen “comunista” de Rusia blanca, virtual títere de Moscú, sin parar mientes en contradicciones.

Entretanto, medios políticos locales, lituanos y alemanes interpretan el avance de los Kaczynski como una derechización de Polonia. No en vano, periódicos de Varsovia y Cracovia traen a colación el antecedente de Pilsudski. La presencia de la Liga de familias (LPR, o sea Radio Maria) y Samoobrona (“Autodefensa”, afìn al nacionalsocialismo de preguerra) preocupa en Bruselas, Berlín y el Vaticano. Pero, sugestivamente, no desvela a Vladyímir Putin ni a George W.Bush.

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