Comisión Europea: corren días decisivos para Barroso

Según versiones circulantes en Bruselas, Estrasburgo, Roma y París, quizá este mismo fin de semana quede resuelta la suerte de José Manoel Durão Barroso. Presiones de varios gobiernos buscan acotar la acefalía de la Comisión Europea.

29 octubre, 2004

Por ejemplo, tras la firma de una constitución todavía no ratificada, Silvio Berlusconi admitió en privado que le retiraría el apoyo a proponer a Rocco Buttiglione. A su vez, Barroso podría desistir de sus otros cuatro candidatos, bochados en el Parlamento Europea, como el han sugerido cuatro gobiernos. Si el portugués se resiste, la acefalía puede durar más de un mes.

El martes, Berlusconi le sugería desistir a su polémico candidato para Justicia. Al día siguiente, cambió de idea. El miércoles, Barroso retiró los 24 comisionados propuestos. El jueves, se negaba a hacer cambios en los cinco candidatos propios. Pero cuatro países de peso le han recomendado eliminarlos y dejar que sus reemplazantes los seleccionen comisiones parlamentarias, como ocurrió con los otros diecinueve. El viernes, reinaba la confusión.

“Lascia, Rocco”, le dijo a Buttiglione su amigo Berlusconi, el lunes. Para entonces, la suerte suya y de los restantes candidatos objetados parecía sellada: Barroso no contaba ni con un tercio de los votos necesarios en el Parlamento. La tozudez de ambos personajes irritaba a centenares de legisladores. En particular, porque los otros cuatro nombres propuestos por Barroso tenían antecedentes poco tranquilizadores.

Originalmente, el miércoles el Parlamento debía aprobar o rechazar “in toto” la lista de 24 futuros comisionados. Como el arreglo entre el conservador portugués y Berlusconi hizo que Buttiglione –un polemista ultracatólico, antifeminista, antiturco y antihomosexual (“homofóbico” es un dislate)- también fuese candidato a vicepresidente, esta vacancia plantea un problema adicional.

A último momento, la coalición de derecha que gobierna en Roma (cuya base, Forza Italia, acaba de perder desempates electorales en sus propios reductos) trató de reemplazar a Buttiglione con el moderado Giulio Tremonti, ex ministro de Economía. No pudo ser.

El factor que acabó de decidir a Barroso es tan reglamentario como la exigencia de votar los candidatos en bloque: un resultado parejo se habría considerado negativo. En tal caso, Barroso tampoco habría podido asumir la presidencia de la Unión Europea el lunes 1 de noviembre. Pero, ahora, la suspensión y el retiro de las listas obliga a que el poder ejecutivo saliente se mantenga en los cargos durante un mes… o hasta que se resuelva la crisis.

La propia designación de Barroso ya fue conflictiva. Personaje conocido por su adhesión a los regímenes dictatoriales de su país y España, o sus vínculos con intereses privados, no por sus méritos, emergió de un difícil compromiso entre bambalinas. Por otra parte, las anteriores conducciones ejecutivas gozaron de apoyo claro: 417 síes contra 104 noes la de 1994 (Jacques Santer) y 404-153 la de 1999, encabezada por el prestigioso Romano Prodi.

Antes de desistir, Barroso sabía que su apoyo no pasaría de 280 sobre 730 diputados. Inclusive en bancadas oficialmente favorables, sus jefes le anticiparon que irían al recinto muy divididas. Las presiones de Tony Blair y la derecha católica alcanzaron niveles preocupantes. Operadores del primer ministro británico le habían dado instrucciones a Reuters para apoyar tanto a Barroso como a la reelección de George W.Bush.

En el plano religioso, se ha desatado una amplia campaña internacional, que incluye a la Argentina, en favor de posturas netamente ultramontanas. Acá también juegan la sucesión papal, la futura constitución regional –mal vista por el Vaticano- y el problema turco.

Justamente, el viernes estaba programado un espectacular acto –montado por Berlusconi, claro- en Roma, por la firma de una constitución que todavía debe atravesar varios plebiscitos y filtros parlamentarios locales. Hoy se ignora si se hará o no, pues la situación en la UE no podría ser más complicada.

Según señalan analistas británicos y suizos, todo se origina en la prematura ampliación de quince a veinticinco miembros. Pero también influyen los cinco candidatos de Barroso: Buttiglione, la holandesa Neelie Kroes (cabildera de intereses privados, iba a Competencia), la letona Ingrida Uder (Política tributaria), el griego Stavros Dimás (Ambiente) y el húngaro László Kovács (Energía).

Por ejemplo, tras la firma de una constitución todavía no ratificada, Silvio Berlusconi admitió en privado que le retiraría el apoyo a proponer a Rocco Buttiglione. A su vez, Barroso podría desistir de sus otros cuatro candidatos, bochados en el Parlamento Europea, como el han sugerido cuatro gobiernos. Si el portugués se resiste, la acefalía puede durar más de un mes.

El martes, Berlusconi le sugería desistir a su polémico candidato para Justicia. Al día siguiente, cambió de idea. El miércoles, Barroso retiró los 24 comisionados propuestos. El jueves, se negaba a hacer cambios en los cinco candidatos propios. Pero cuatro países de peso le han recomendado eliminarlos y dejar que sus reemplazantes los seleccionen comisiones parlamentarias, como ocurrió con los otros diecinueve. El viernes, reinaba la confusión.

“Lascia, Rocco”, le dijo a Buttiglione su amigo Berlusconi, el lunes. Para entonces, la suerte suya y de los restantes candidatos objetados parecía sellada: Barroso no contaba ni con un tercio de los votos necesarios en el Parlamento. La tozudez de ambos personajes irritaba a centenares de legisladores. En particular, porque los otros cuatro nombres propuestos por Barroso tenían antecedentes poco tranquilizadores.

Originalmente, el miércoles el Parlamento debía aprobar o rechazar “in toto” la lista de 24 futuros comisionados. Como el arreglo entre el conservador portugués y Berlusconi hizo que Buttiglione –un polemista ultracatólico, antifeminista, antiturco y antihomosexual (“homofóbico” es un dislate)- también fuese candidato a vicepresidente, esta vacancia plantea un problema adicional.

A último momento, la coalición de derecha que gobierna en Roma (cuya base, Forza Italia, acaba de perder desempates electorales en sus propios reductos) trató de reemplazar a Buttiglione con el moderado Giulio Tremonti, ex ministro de Economía. No pudo ser.

El factor que acabó de decidir a Barroso es tan reglamentario como la exigencia de votar los candidatos en bloque: un resultado parejo se habría considerado negativo. En tal caso, Barroso tampoco habría podido asumir la presidencia de la Unión Europea el lunes 1 de noviembre. Pero, ahora, la suspensión y el retiro de las listas obliga a que el poder ejecutivo saliente se mantenga en los cargos durante un mes… o hasta que se resuelva la crisis.

La propia designación de Barroso ya fue conflictiva. Personaje conocido por su adhesión a los regímenes dictatoriales de su país y España, o sus vínculos con intereses privados, no por sus méritos, emergió de un difícil compromiso entre bambalinas. Por otra parte, las anteriores conducciones ejecutivas gozaron de apoyo claro: 417 síes contra 104 noes la de 1994 (Jacques Santer) y 404-153 la de 1999, encabezada por el prestigioso Romano Prodi.

Antes de desistir, Barroso sabía que su apoyo no pasaría de 280 sobre 730 diputados. Inclusive en bancadas oficialmente favorables, sus jefes le anticiparon que irían al recinto muy divididas. Las presiones de Tony Blair y la derecha católica alcanzaron niveles preocupantes. Operadores del primer ministro británico le habían dado instrucciones a Reuters para apoyar tanto a Barroso como a la reelección de George W.Bush.

En el plano religioso, se ha desatado una amplia campaña internacional, que incluye a la Argentina, en favor de posturas netamente ultramontanas. Acá también juegan la sucesión papal, la futura constitución regional –mal vista por el Vaticano- y el problema turco.

Justamente, el viernes estaba programado un espectacular acto –montado por Berlusconi, claro- en Roma, por la firma de una constitución que todavía debe atravesar varios plebiscitos y filtros parlamentarios locales. Hoy se ignora si se hará o no, pues la situación en la UE no podría ser más complicada.

Según señalan analistas británicos y suizos, todo se origina en la prematura ampliación de quince a veinticinco miembros. Pero también influyen los cinco candidatos de Barroso: Buttiglione, la holandesa Neelie Kroes (cabildera de intereses privados, iba a Competencia), la letona Ingrida Uder (Política tributaria), el griego Stavros Dimás (Ambiente) y el húngaro László Kovács (Energía).

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