Chile, con Bachelet, suma y sigue

Con el regreso de Bachelet, Chile seguirá siendo el país de referencia en la región. El gabinete de lujo que nombrará ratifica la profesionalidad de la dirigencia trasandina y la coherencia en su patrón de desarrollo.

27 diciembre, 2013

Si bien se trata de una economía de mucho menor tamaño que la de Brasil, el país que pretende y de hecho lleva hace años el liderazgo en Sudamérica, sigue siendo Chile una nación que no deja de sorprender por la capacidad de mantener un ritmo de crecimiento sostenido habiendo dejado atrás una economía con mucha pobreza en los 70, apunta el investigador senior del Departamento de Economía del IAE, Universidad Austral, Eduardo Luis Fracchia

 

El crecimiento fue muy fuerte en los 80 después de la crisis de la deuda (6% anual) y entre 1990 y 2001 creció Chile al 4% anual promedio cuando Argentina y Brasil lo hicieron aproximadamente durante el mismo período al 2 % y 1.5% en promedio respectivamente.

 

La larga expansión desde 1983 hasta 1998 que lo hizo merecedor del nombre de “tigre latinoamericano” fue interrumpida por la crisis asiática que le impactó en forma sensible, dado que un tercio de su comercio se realiza con esa área. Cambió entonces de modo abrupto la cuenta corriente y el ritmo de crecimiento pasó a una tasa de 1,5 % cuando la velocidad crucero de mediados de los ‘90 era de 7 %, pone de relieve Fracchia en el informe económico mensual número 132.

 

Chile es, en la actualidad, un país que no está ajeno a problemas, no funciona con piloto automático. Ha sufrido hace unos años una crisis eléctrica y ha superado la zona de riesgo por la escasez del abastecimiento de gas argentino.

 

La sociedad sigue en cierta medida fragmentada en cuanto a la distribución del ingreso, que no cambió desde Pinochet, aunque la situación es mucho mejor que hace 30 años, cuando la tasa de mortalidad infantil era el triple que la actual, que es de 10 por mil, inferior a la argentina, que está en 12 por mil.

 

Si bien Chile es un país de tamaño muy pequeño al compararlo con Brasil, hace ya 25 años que los políticos sudamericanos lo miran como un norte de lo que podría hacerse, un benchmark con quien compararse.

 

Chile invita a plasmar un proyecto país donde no se discutan las orientaciones básicas que constituyen genuinas políticas de Estado.

 

¿Dónde está el secreto de esta economía que desde la posguerra hasta 1983 tuvo tantos problemas o más que Argentina?

 

Un indicador clave en Chile es la competitividad. Al seguir la evolución relativa en la carrera entre naciones en búsqueda de mayor competitividad, lo que se observa es que Chile se ha separado en cuanto a riesgo del pelotón latinoamericano.

 

Es la señal de que en un conjunto de indicadores percibidos por empresarios como son tecnología, educación, mercado de trabajo, sistema financiero, apertura, entre otras y en base a datos duros de la macroeconomía Chile está en una posición que aventaja a nuestro país en 30 lugares o posiciones en el ranking del WEF, convencionalmente el más aceptado por la comunidad empresarial.

 

Al reflexionar sobre Argentina a partir del actual modelo chileno aparecen varios aspectos en común que son alentadores. En nuestro país se dio un crecimiento a ritmo sostenido entre 2003 y 2011.

 

Las exportaciones a Asia están madurando. Existen negocios agroalimentarios con potencial de consolidación (recordemos las múltiples experiencias chilenas de desarrollo de sectores con base agroindustrial).

 

En cuanto a las diferencias en lo que se refiere a las cuentas nacionales, la participación de las exportaciones en el producto es superior en Chile respecto a Argentina y lo mismo ocurre en la tasa de inversión que está en 23 % frente a nuestro 21%.

 

Son dos variables, inversión y exportaciones, que le dan sustento al crecimiento. Existe superávit fiscal en Chile y régimen de tipo de cambio flotante con política monetaria activa que defiende el régimen de metas de inflación. Las empresas chilenas se han caracterizado a lo largo de estos años por altas tasa de productividad que explican entre otras cuestiones, porque con alto crecimiento sigue habiendo todavía un desempleo no despreciable.

 

Por otra parte a diferencia del caso argentino la participación de las firmas chilenas de propiedad nacional en el producto ha crecido incluso con empresas estatales que gestionan recursos estratégicos como el cobre y el petróleo.

 

En la comparación de Argentina con Chile parecería que también está pendiente profundizar sobre todo en los aspectos institucionales. Los partidos políticos chilenos funcionan con mayor madurez. En cuanto al sistema educativo, la escolaridad media ha aumentado.

 

Un país pequeño con un PIB inferior al de Minas Gerais pero pujante y coherente que en un momento donde lo que se impone es pensar a largo plazo ante el fin del ciclo kirchnerista nos puede servir para que los dirigentes actuales o futuros de Argentina se inspiren.

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