Cadena de valor global: aún con futuro brillante

El año se caracterizó por una repentina interrupción del comercio mundial, frenado por la recesión mundial y la creciente incertidumbre.

Se espera que este año la recesión mundial coincida con una gran caída del comercio internacional, principalmente porque en tiempos de crisis, el comercio internacional tiende a disminuir más que el PIB. Sin embargo, el alcance de esta sobrerreacción es difícil de medir. La Organización Mundial del Comercio (OMC) prevé una caída del comercio mundial de entre el 13 y el 32%.

Esta previsión indica que todas las regiones sufrirán una disminución de dos dígitos en el volumen de sus transacciones comerciales. Según el modelo de pronóstico de Coface, que se basa en indicadores como el precio del petróleo, la confianza de las empresas en el sector manufacturero americano, las exportaciones de Corea del Sur y el Baltic Dry Index, se espera un descenso del comercio mundial del 7% en el tercer trimestre de 2020, respecto al año anterior.

No obstante, el resultado podría ser significativamente peor, dado que la habitual correlación calculada mediante modelos lineales no necesariamente funciona en tiempos de crisis. Durante los períodos económicamente negativos, el incremento de la incertidumbre es una de las razones de la sobrerreacción del comercio respecto al PIB, sin embargo, en la actualidad esta reacción alcanza máximos históricos.

 

Un nuevo proteccionismo dirigido al suministro de alimentos y productos médicos esenciales también impacta sobre el comercio mundial

 

El proteccionismo es otro factor agravante. Desde el comienzo de la crisis sanitaria mundial, el proteccionismo comercial parece haberse enfocado en asegurar a los países el suministro de alimentos y productos médicos esenciales. Al 22 de abril de 2020, el 56% de las medidas comerciales registradas por Global Trade Alert (193) estaban relacionadas con este objetivo. La mayoría de estas medidas (110) se referían a la prohibición de exportación de mascarillas y otros equipos de protección, respiradores y productos químicos necesarios para la producción de diversos medicamentos.

 

En este período, los importadores están facilitando la entrada de productos sanitarios, mientras que los exportadores están dificultando su exportación. En este contexto, el caso de China es peculiar: sus exportaciones sanitarias disminuyeron un 15% en febrero de 2020, en plena crisis sanitaria local. Sin embargo, con una cuota de mercado dominante del 55,3% de las exportaciones mundiales de mascarillas, la cooperación de China ha sido esencial para abastecer al mundo. La producción diaria de China ha ascendido a 116 millones de mascarillas, 12 veces los niveles de producción previos a la epidemia.

 

La crisis también ha originado un mayor proteccionismo en el sector agroalimentario. Las oleadas de compras compulsivas desencadenadas por las perspectivas de confinamiento no se limitaron a los hogares. Algunos países vulnerables están tratando de almacenar cereal, con el fin de asegurar la continuidad del suministro alimenticio nacional. En la actualidad, un tercio de la oferta de trigo del mercado es objeto de medidas restrictivas por parte de sus principales exportadores encabezados por Rusia. En esta etapa, estas prohibiciones principalmente han provocado el movimiento de la demanda hacia países europeos como Francia, en lugar de una escasez de oferta.

 

Además del trigo, el arroz es otro producto básico muy codiciado en este período excepcional. En la India, principal exportador de arroz del mundo, ya no se pueden garantizar las entregas: las medidas de confinamiento han perturbado las cadenas de suministro nacionales, reducido la disponibilidad de mano de obra y dificultado el acceso a los puertos de exportación. Aunque Tailandia, principal competidor de la India, dispone de un gran stock de arroz, sus exportaciones se ven obstaculizadas por las medidas de confinamiento en Camboya, que están privando al sector de los trabajadores de temporada que necesita. En consecuencia, el precio del arroz alcanzó a fines de marzo su nivel más alto en siete años.

 

La única buena noticia es que los controles fronterizos vigentes durante el confinamiento han tenido un impacto limitado en el comercio y están suavizándose gradualmente en Europa, a fin de reactivar la industria del turismo y limitar la escasez de mano de obra, en particular en el sector agrícola.

 

Proteger la producción de los shocks de oferta extranjeros parece una labor imposible

 

A más largo plazo, los llamamientos a la reubicación de ciertas etapas de producción en el mismo país para evitar desabastecimientos constituyen otro riesgo para el comercio mundial. Durante la primera etapa de la crisis en China, las empresas de todo el mundo fueron conscientes de la exposición de sus cadenas de suministro al país y ahora están estudiando la posibilidad de aumentar la resistencia de su cadena de suministro a las perturbaciones de la oferta en el extranjero. Esto podría lograrse por dos medios: la plena reubicación de su producción en el mercado interno o una estrategia mundial de diversificación de sus proveedores.

 

En el contexto actual, imaginar una reubicación completa de los procesos de fabricación a nivel nacional o regional pone de relieve cuestiones como el aumento de los costos de producción y la falta de competencias nacionales. Incluso si se abordaran estos dos temas, todo nuevo proceso de producción nacional seguiría dependiendo del suministro de materias primas, que no se puede reubicar.

 

La resiliencia de las cadenas de suministro también exigirá reducir la dependencia a países específicos, mediante la diversificación de los proveedores. A primera vista, en la actualidad parece posible encontrar alternativas al principal país proveedor, que es China en la mayoría de los sectores. No obstante, como los principales productores de cada sector están estrechamente interconectados, la dependencia de China no desaparecerá radicalmente, aunque el suministro de materias primas a los otros grandes centros del sector esté más diversificado.

 

Esto significa que las cadenas de valor mundiales todavía tienen un futuro brillante.

 

 

 

 

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