Bush podría llegar a fin de este año sin poder real

A tres años de la invasión a Irak, cuyo fin George W.Bush anunció muy prematuramente en marzo de 2003, Estados Unidos sigue en la trampa. Así quedó claro en la crispación y en enojo presidenciales ante la prensa, días atrás.

Al principio, Bush intentó abroquelarse en un optimismo de acero y acusó a los medios –especialmente la TV- de privilegiar noticias e imágenes muy negativas. A los opositores políticos les endilgó centrarse en los aspectos más negativos de la situación. Horas antes, ese mares 21, se derrumbaba el primer gobierno iraquí y muchos vislumbraban una guerra civil.

No obstante, como subrayaba un comentario de “Le monde”, se precisa “una alta dosis de mala fe o ceguera para no constatar que la política exterior norteamericana va por un callejón sin salida”. El diario admite, claro, que imperan en Bagdad libertades jamás conocidas, existe una constitución, funciona un parlamento y, hasta su caída reciente, había un gobierno.

Justamente, la crisis del poder ejecutivo demuestra que la omnipresencia norteamericana padece de notables restricciones. “Los enfrentamientos entre mayoría shi’ita y minoría sunnita llevan al borde de una guerra civil. En tanto, las fuerzas ocupantes no pueden restablecer siquiera apariencias de orden. Si esas tropas se quedan indefinidamente, alimentarán sentimientos antinorteamericanos; si se van, abandonarán Irak al desgarramiento”.

Más adelante en la reunión con los medios, Bush acabó admitiendo que el retiro final de Irak quedará en manos de algún sucesor suyo. “El presidente paga sus errores y los del gobierno, cometidos en vísperas de la aventura bélica. Ignorancia del terreno y la sociedad, mesianismo y dogmatismo eran un cóctel explosivo”. Aun gente cercana a la Casa Blanca criticaba, “sotto voce”, las decisiones de la cúpula. Ahora, la popularidad de Bush está en un piso desde Richard Nixon y el partido Republicano afronta divisiones en año electoral.

“No son nuevas las controversias entre conservadores tradicionales –señala ‘Le monde’-, cifrados en la defensa de los intereses nacionales, y neoconservadores, adeptos a la promoción internacional de la democracia. Pero hoy los primeros, en silencio desde el 11 de septiembre, recobran impulso, en tanto los neoconservadores ven esfumarse sus sueños y les echan la culpa al presidente y su entorno”. Básicamente, esos patrioteros afirman que la política era buena, pero su ejecución fue desastrosa. Ahora, “buscan otro heraldo para reemplazar a Bush”.

Recordando los nuevos debates sobre juicio político el diario estima que Bush afronta un segundo mandato borrascoso. “Si las malas noticias siguen acumulándose, los republicanos arriesgan perder los comicios parlamentarios de noviembre. Ello dejaría al presidente sin poder real durante los dos últimos años de gestión”.

Al principio, Bush intentó abroquelarse en un optimismo de acero y acusó a los medios –especialmente la TV- de privilegiar noticias e imágenes muy negativas. A los opositores políticos les endilgó centrarse en los aspectos más negativos de la situación. Horas antes, ese mares 21, se derrumbaba el primer gobierno iraquí y muchos vislumbraban una guerra civil.

No obstante, como subrayaba un comentario de “Le monde”, se precisa “una alta dosis de mala fe o ceguera para no constatar que la política exterior norteamericana va por un callejón sin salida”. El diario admite, claro, que imperan en Bagdad libertades jamás conocidas, existe una constitución, funciona un parlamento y, hasta su caída reciente, había un gobierno.

Justamente, la crisis del poder ejecutivo demuestra que la omnipresencia norteamericana padece de notables restricciones. “Los enfrentamientos entre mayoría shi’ita y minoría sunnita llevan al borde de una guerra civil. En tanto, las fuerzas ocupantes no pueden restablecer siquiera apariencias de orden. Si esas tropas se quedan indefinidamente, alimentarán sentimientos antinorteamericanos; si se van, abandonarán Irak al desgarramiento”.

Más adelante en la reunión con los medios, Bush acabó admitiendo que el retiro final de Irak quedará en manos de algún sucesor suyo. “El presidente paga sus errores y los del gobierno, cometidos en vísperas de la aventura bélica. Ignorancia del terreno y la sociedad, mesianismo y dogmatismo eran un cóctel explosivo”. Aun gente cercana a la Casa Blanca criticaba, “sotto voce”, las decisiones de la cúpula. Ahora, la popularidad de Bush está en un piso desde Richard Nixon y el partido Republicano afronta divisiones en año electoral.

“No son nuevas las controversias entre conservadores tradicionales –señala ‘Le monde’-, cifrados en la defensa de los intereses nacionales, y neoconservadores, adeptos a la promoción internacional de la democracia. Pero hoy los primeros, en silencio desde el 11 de septiembre, recobran impulso, en tanto los neoconservadores ven esfumarse sus sueños y les echan la culpa al presidente y su entorno”. Básicamente, esos patrioteros afirman que la política era buena, pero su ejecución fue desastrosa. Ahora, “buscan otro heraldo para reemplazar a Bush”.

Recordando los nuevos debates sobre juicio político el diario estima que Bush afronta un segundo mandato borrascoso. “Si las malas noticias siguen acumulándose, los republicanos arriesgan perder los comicios parlamentarios de noviembre. Ello dejaría al presidente sin poder real durante los dos últimos años de gestión”.

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