Brasil-EE.UU.: espías por doquier

A algo más de dos meses de la visita de Dilma Rousseff a la Casa Blanca, el avance del secretario de Estado Kerry a Brasilia, ayer, no limó asperezas ante las revelaciones de espionaje de EE.UU.

Brasil mantiene que las actividades de la Agencia Nacional de Seguridad atentan contra su soberanía, mientras que EE.UU. dice que actuó dentro de la ley, con lo cual el contencioso aún está lejos de solventarse y las relaciones bilaterales han dado un giro inesperado en el último mes.

 

La inminencia del viaje de la Presidenta a Washington, el próximo 23 de octubre, no fue suficiente motivo para aplacar la animosidad de Brasilia contra el gobierno de quien será su anfitrión, Barack Obama.

 

No es para menos: dos meses después, las revelaciones del exagente de la CIA, Edward Snowden, mostraron que Brasil fue el segundo país más espiado por la Agencia Nacional de Seguridad, tras EE.UU.

 

Tras una reunión de más de una hora entre Kerry y su homólogo brasileño, Antonio Patriota, Brasil se reafirmó en su versión de que las actividades de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de EE.UU. atentan contra su soberanía, mientras que EE.UU. -lejos de hacer el mínimo acto de contrición- aseguró que actúa dentro de la ley y que sus programas de vigilancia de comunicaciones tienen el único objetivo de preservar la seguridad de sus ciudadanos y del resto del mundo.

 

Antonio Patriota lanzó el primer torpedo en una rueda de prensa conjunta. Consideró que EE.UU. no tiene mejor socio en el combate contra el terrorismo, siempre y cuando las acciones se realicen de forma transparente, en cuyo caso se fortalece la confianza.

 

Si las peticiones de información no se solventan de manera satisfactoria, advirtió, se corre el riesgo de proyectar una sombra de desconfianza sobre el trabajo.

 

Kerry tampoco se anduvo por las ramas a la hora de confirmar que su país no tiene intenciones de revisar sus programas de espionaje: Invocó la transparencia, pero para hablar de cuestiones operativas que afectan a la seguridad nacional, pero aclaró que nuestro Congreso aprobó una ley tras el 11 de septiembre –tras el ataque por Al Qaeda- para comenzar un proceso de prevención de los ataques.

 

Según el jefe de la diplomacia norteamericana, EE.UU. recaba información de inteligencia para proteger a sus ciudadanos, como hacen todas las naciones del mundo, y lo hace dentro de la legalidad.

 

Kerry añadió que su país no escatimará esfuerzos para seguir dialogando con Brasil para que su Gobierno entienda y concuerde con lo que EE.UU. debe hacer para garantizar su seguridad y la seguridad del mundo en general.

 

Pero el diálogo al que Kerry hizo referencia parece no satisfacer de momento las exigencias de Brasilia, que quiere detalles sobre los pinchazos a las comunicaciones electrónicas y telefónicas que afectaron a ciudadanos, compañías e instituciones brasileñas.

 

En una reciente visita a Brasil del vicepresidente norteamericano, Joe Biden, proclamó el inicio de una nueva era en las relaciones entre Washington y Brasilia.

 

Los avances anunciados en aquel momento fueron el fin de la exigencia de visados a turistas brasileños que viajan a EE.UU., la ampliación de los programas de intercambio universitario entre ambos países y el estímulo de las relaciones comerciales bilaterales.

 

 

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