Argentina, Chile y Mercosur

Iniciativa diplomática de la Argentina. Gestos que trascienden el protocolo al llegar el Presidente chileno. Dos objetivos comunes: consolidar el Mercosur y negociar con los centros de poder mundiales con mejores perspectivas.

El gobierno de la Alianza ha tomado la iniciativa política en las relaciones internacionales. El viaje del vicepresidente Carlos Alvarez a Santiago, el arribo de Ricardo Lagos a Buenos Aires y el gesto de Fernando de la Rúa de esperar a su huésped al pie del avión, son claros signos de que se pone en marcha una estrategia común argentino – chilena frente al Mercosur y frente a los centros políticos y económicos internacionales.

Cuando anoche, el Presidente de la Nación decidió recibir personalmente a Lagos, marcó una clara intención que las normas diplomáticas captan con claridad. Fue un gesto que trascendía las obligaciones protocolares.

Su colega chileno no se mostró menos explícito: “Es el Estado de Chile quien se hace presente para ahondar los lazos existentes entre nuestros pueblos” —manifestó— para subrayar que no se trataba de un mero movimiento táctico, circunstancial, sino de un punto de partida para desplegar una iniciativa de alcance estratégico. Se colocaba un paso más allá de las simpatías y de los intereses que pueden unir a dos gobiernos con similar concepción ideológica, ubicada dentro del espectro de la social democracia.

Todo parece indicar que desde uno y otro lado de la cordillera, se ha medido cuidadosamente el recorrido a realizar para alcanzar dos objetivos comunes y fundamentales: consolidar la economía del área del Mercosur – al que Chile amaga con ingresar en calidad de miembro – mediante la armonización de intereses y el establecimiento de reglas de juego internas, y estructurar a partir de allí una posición de mayor peso frente a los centros internacionales de poder político y financiero.

Los analistas consideran que ambos mandatarios aspiran acordar junto con Fernando Henrique Cardoso, del Brasil, un “polo común” para actuar sin fisuras y con criterio asociativo en las movedizas arenas internacionales.

Las expresiones de particular consideración, dentro del marco protocolar, se sucedieron. De la Rúa y la primera dama, Inés Pertiné, escoltaron al matrimonio chileno hasta la residencia de Olivos, donde se desarrolló una cena de carácter privado, compartida por el vicepresidente Carlos Alvarez y su esposa y los cancilleres Adalberto Rodríguez Giavarini y su colega trasandina, María Soledad de Alvear.

La agenda del visitante deja en claro que la suya no es una visita de cortesía simplemente.

1. A las 10, reunión en la Casa Rosada.

2. Jornada de trabajo de los ministros de Relaciones Exteriores para preparar la declaración conjunta que firmarán mañana ambas naciones.

3. Sesión plenaria del Congreso de la Nación en homenaje a Lagos. Hablarán el huésped y el vicepresidente argentino.

4. Recepción oficial en el Palacio San Martín, con la presencia de los más destacados empresarios argentinos y chilenos.

El gobierno de la Alianza ha tomado la iniciativa política en las relaciones internacionales. El viaje del vicepresidente Carlos Alvarez a Santiago, el arribo de Ricardo Lagos a Buenos Aires y el gesto de Fernando de la Rúa de esperar a su huésped al pie del avión, son claros signos de que se pone en marcha una estrategia común argentino – chilena frente al Mercosur y frente a los centros políticos y económicos internacionales.

Cuando anoche, el Presidente de la Nación decidió recibir personalmente a Lagos, marcó una clara intención que las normas diplomáticas captan con claridad. Fue un gesto que trascendía las obligaciones protocolares.

Su colega chileno no se mostró menos explícito: “Es el Estado de Chile quien se hace presente para ahondar los lazos existentes entre nuestros pueblos” —manifestó— para subrayar que no se trataba de un mero movimiento táctico, circunstancial, sino de un punto de partida para desplegar una iniciativa de alcance estratégico. Se colocaba un paso más allá de las simpatías y de los intereses que pueden unir a dos gobiernos con similar concepción ideológica, ubicada dentro del espectro de la social democracia.

Todo parece indicar que desde uno y otro lado de la cordillera, se ha medido cuidadosamente el recorrido a realizar para alcanzar dos objetivos comunes y fundamentales: consolidar la economía del área del Mercosur – al que Chile amaga con ingresar en calidad de miembro – mediante la armonización de intereses y el establecimiento de reglas de juego internas, y estructurar a partir de allí una posición de mayor peso frente a los centros internacionales de poder político y financiero.

Los analistas consideran que ambos mandatarios aspiran acordar junto con Fernando Henrique Cardoso, del Brasil, un “polo común” para actuar sin fisuras y con criterio asociativo en las movedizas arenas internacionales.

Las expresiones de particular consideración, dentro del marco protocolar, se sucedieron. De la Rúa y la primera dama, Inés Pertiné, escoltaron al matrimonio chileno hasta la residencia de Olivos, donde se desarrolló una cena de carácter privado, compartida por el vicepresidente Carlos Alvarez y su esposa y los cancilleres Adalberto Rodríguez Giavarini y su colega trasandina, María Soledad de Alvear.

La agenda del visitante deja en claro que la suya no es una visita de cortesía simplemente.

1. A las 10, reunión en la Casa Rosada.

2. Jornada de trabajo de los ministros de Relaciones Exteriores para preparar la declaración conjunta que firmarán mañana ambas naciones.

3. Sesión plenaria del Congreso de la Nación en homenaje a Lagos. Hablarán el huésped y el vicepresidente argentino.

4. Recepción oficial en el Palacio San Martín, con la presencia de los más destacados empresarios argentinos y chilenos.

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