Ãrabes sin petróleo, castigados por el alza de combustibles y alimentos

Los estados feudales de la península arábiga ganan miles de millones exportando hidrocarburos y no hacen nada por sus primos pobres. Sólo regímenes más modernos –Libia, Argelia- les prestan asistencia.

Sin duda, hay tendencias inflacionarias también en Saudiarabia y sus emiratos cautivos. Pero, en su caso, se trata de demanda creada por ingresos excedentes. Por otra parte, no se limita a alimentos –inclusive importados- , sino también de electricidad, agua, vehículos, electrónica de uso final, etc.

Naturalmente, la debilidad del dólar ante el euro y el yen afecta a los exportadores petroleros. Pero no pueden compararse con los problemas y las carencias de los países árabes sin hidrocarburos, desde Marruecos, Túnez o Mauritania al superpoblado Egipto, Yemén, Palestina, Siria y Líbano.

En general, son gobiernos autoritarios –menos feudales que los de la península arábiga-, que deben subsidiar combustibles y alimentos, pero al costo fiscal. De lo contrario, arriesgan promover descontento social y político.

“Nada es barato hoy. Ni siquiera el perejil o el ajo, que otrora se regalaban con la compra”. No lo dicen argentinos memoriosos, sino comerciantes y público en Damasco, Alepo y Beirut. Naturalmente, los sectores más pobres están más expuestos, como sucede en casi todo el mundo en desarrollo que no exporta ni granos ni crudos.

Algunos organismos multilaterales admiten que lo mismo ocurre en país no petroleros ni cerealeros de Latinoamérica. Pero Levante es un área mucho más delicada, porque se trata de árabe pobre contra árabe rico, en un territorio que –yendo de Egipto a Siria, verbigracia- no supera el tamaño de Perú o Bolivia.

Sin duda, hay tendencias inflacionarias también en Saudiarabia y sus emiratos cautivos. Pero, en su caso, se trata de demanda creada por ingresos excedentes. Por otra parte, no se limita a alimentos –inclusive importados- , sino también de electricidad, agua, vehículos, electrónica de uso final, etc.

Naturalmente, la debilidad del dólar ante el euro y el yen afecta a los exportadores petroleros. Pero no pueden compararse con los problemas y las carencias de los países árabes sin hidrocarburos, desde Marruecos, Túnez o Mauritania al superpoblado Egipto, Yemén, Palestina, Siria y Líbano.

En general, son gobiernos autoritarios –menos feudales que los de la península arábiga-, que deben subsidiar combustibles y alimentos, pero al costo fiscal. De lo contrario, arriesgan promover descontento social y político.

“Nada es barato hoy. Ni siquiera el perejil o el ajo, que otrora se regalaban con la compra”. No lo dicen argentinos memoriosos, sino comerciantes y público en Damasco, Alepo y Beirut. Naturalmente, los sectores más pobres están más expuestos, como sucede en casi todo el mundo en desarrollo que no exporta ni granos ni crudos.

Algunos organismos multilaterales admiten que lo mismo ocurre en país no petroleros ni cerealeros de Latinoamérica. Pero Levante es un área mucho más delicada, porque se trata de árabe pobre contra árabe rico, en un territorio que –yendo de Egipto a Siria, verbigracia- no supera el tamaño de Perú o Bolivia.

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