Ambos Kirchner, dispuestos al continuismo, ponen la mira en Scioli

La presidente electa dio un fuerte apoyo a Guillermo Moreno, quizás el funcionario más resistido por el sector privado y la banca internacional. Poco después, los Kirchner le apuntan al futuro gobernador bonaerense.

2 diciembre, 2007

Parece una doble jugada de los esposos, justamente mientras de ahonda la crisis en el Indec. Scioli tiene una característica que lo torna un problema para el gobierno federal: sacó mayor proporción del voto en su provincia que Cristina K. en escala nacional. Ahora le pasan la factura, retaceándole fondos ($ 3.100 millones) para aliviar el rojo de 2008 ($ 3.400 millones), en un distrito con exceso de personal (450.000, legado de Eduardo Duhalde y Felipe Solá) que recauda alrededor de $ 11.000 millones anuales.

En un plano más peligroso, el actual presidente dejó que su sucesora anunciase un apresurado plan para bajar precios de rubros por las fiestas, una vieja tradición peronista. Ante un grupo de empresarios, Cristina K. respaldó a Moreno, que dirigía la reunión mientras Martín Lousteau contemplaba en silencio.

Si bien el objeto ostensible era demostrar que la futura presidente ya ejerce el poder, lo que quedó claro es que el actual mandatario continúa digitando nombramientos y políticas. Algunos observadores creen que, en esta fase al menos, Cristina K. manejará sólo la política exterior, algo en lo cual su esposo no ha brillado mucho, particularmente respecto de Estados Unidos, Japón y la Unión Europea.

Mientras Moreno sigue desplazando funcionarios en el Indec, Lousteau –que no se lleva bien con el secretario de comercio- parece resignado a actuar sólo como ministro de hacienda. Por otra parte, ambos Kirchner posponen indefinidamente la idea de un pacto social, en tanto los tamberos amenazan con un “lockout” y dejar varias ciudades sin leche.

Parece una doble jugada de los esposos, justamente mientras de ahonda la crisis en el Indec. Scioli tiene una característica que lo torna un problema para el gobierno federal: sacó mayor proporción del voto en su provincia que Cristina K. en escala nacional. Ahora le pasan la factura, retaceándole fondos ($ 3.100 millones) para aliviar el rojo de 2008 ($ 3.400 millones), en un distrito con exceso de personal (450.000, legado de Eduardo Duhalde y Felipe Solá) que recauda alrededor de $ 11.000 millones anuales.

En un plano más peligroso, el actual presidente dejó que su sucesora anunciase un apresurado plan para bajar precios de rubros por las fiestas, una vieja tradición peronista. Ante un grupo de empresarios, Cristina K. respaldó a Moreno, que dirigía la reunión mientras Martín Lousteau contemplaba en silencio.

Si bien el objeto ostensible era demostrar que la futura presidente ya ejerce el poder, lo que quedó claro es que el actual mandatario continúa digitando nombramientos y políticas. Algunos observadores creen que, en esta fase al menos, Cristina K. manejará sólo la política exterior, algo en lo cual su esposo no ha brillado mucho, particularmente respecto de Estados Unidos, Japón y la Unión Europea.

Mientras Moreno sigue desplazando funcionarios en el Indec, Lousteau –que no se lleva bien con el secretario de comercio- parece resignado a actuar sólo como ministro de hacienda. Por otra parte, ambos Kirchner posponen indefinidamente la idea de un pacto social, en tanto los tamberos amenazan con un “lockout” y dejar varias ciudades sin leche.

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