Alemania: ¿un adiós a Francia y una bienvenida a Rusia?

Tal vez las críticas de Nicolas Sarkozy a los ajustes ortodoxos que Angela Merkel quiere imponer a media Unión Europea hayan colmado la paciencia germana. O el este depare perspectivas más halagüeñas para Berlín y justifique un eventual giro ruso.

<p>La &uacute;ltima reuni&oacute;n entre Merkel y Sarkozy no fue propicia para el franc&eacute;s y, tras meses de rupturas y reconciliaciones, el clima se enfr&iacute;a velozmente, algo que la en&eacute;sima cumbre del grupo de los 20 (este fin de semana) puede poner en evidencia. Desde el a&ntilde;o pasado, en efecto, Par&iacute;s viene criticando las restricciones al gasto p&uacute;blico e individual que pide Berl&iacute;n. &Eacute;ste sospecha un contubernio entre Sarkozy y Dominique Strauss-Kahn &ndash;Fondo Monetario Internacional- para promover rescates que le cuesten poco a los bancos privados franceses. <br />
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El presunto complot se extender&iacute;a a entidades financieras en terapia intensiva (Grecia, Portugal, Espa&ntilde;a, Hungr&iacute;a) o en capilla (Irlanda, Gran Breta&ntilde;a, Italia, Eslovaquia, Letonia). Las intrigas de Par&iacute;s &ldquo;impiden restablecer la confianza de los inversores a lo largo y ancho de la UE&rdquo; (veintisiete miembros), sosten&iacute;an hace poco Josef Ackermann, el inflexible suizo que comanda el Deutsche Bank, y Axel Weber, presidente del no menos ortodoxo Bundesbank. <br />
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Pero Alemania no es un dechado de virtudes. Convencida en 2008/9 de que sus bancos estaban libres de pecado, el actual maremoto financiero europeo la devolvi&oacute; a una realidad nada agradable: varios estados de la federaci&oacute;n est&aacute;n infestados de activos t&oacute;xicos. Esto condujo en mayo a una dura derrota en el land m&aacute;s poblado, Renania norte-Vestfalia, y a una crisis en la coalici&oacute;n federal de derechas. <br />
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Merkel, nacida y formada en la ex rep&uacute;blica democr&aacute;tica del este, nunca dej&oacute; se ser esc&eacute;ptica acerca de la UE. Por otra parte, cruzando el B&aacute;ltico est&aacute; la pr&oacute;spera Suecia, que no ha abandonado la corona en aras del euro. Entretanto, &ldquo;la propia Eurozona necesit&oacute; un decenio &ndash;sostiene el analista Andreas Gl&uuml;cksmann- para descubrir que Grecia maquillaba n&uacute;meros con ayuda de Goldman Sachs. Ahora, tambi&eacute;n se sabe que la austera y &eacute;tica Alemania le cuesta caro a la UE. <br />
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Entonces, aparece Rusia. O reaparece, pues otro canciller, el socialdem&oacute;crata Gerhardt Schr&ouml;der, jug&oacute; la carta rusa hace algunos a&ntilde;os. A tal punto que, ya en el mundo de los negocios, el ex jefe de gobierno ingresa a la junta directiva de Gazprom, el mayor monopolio estatal de hidrocarburos en el mundo. Hoy, Merkel siente una fuerte tentaci&oacute;n a retomar la &ldquo;nueva frontera oriental&rdquo; (&iquest;los Urales, el Pac&iacute;fico?), apoy&aacute;ndose en una Rusia modernizada, fuente de combustibles, metales cr&iacute;ticos y otros productos b&aacute;sicos. No es casual que, en el despacho de la canciller, domine un retrato de Catalina II, emperatriz de origen saj&oacute;n. D&eacute;spota como Vladimir Putin, reformista como Dmitri Miedvy&eacute;diev, la soberana nunca olvid&oacute; su cuna: Alemania oriental, como Merkel. <br />
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