Al Qa´eda, tras el plan para atacar aviones comerciales

Según fuentes oficiales, Scotland Yard “infiltró una red que preparaba un masivo ataque terrorista contra aeronaves británicas y norteamericanas”. Ahora, Pakistán confirma que era obra de Al Qa´eda.

La intervención de la policía federal británica resultó en nueve detenidos, que proyectaban emplear explosivos líquidos puestos en equipajes de mano, algo de suyo bastante extraño. Amén de esos suicidas –detonarían sus cargas viajando ellos mismos-, los arrestos luego sumaron más de veinte personas. Todas, sospechosas de militar en Al Qa’eda. Pero la interpretación de los hechos dista de ser unánime, aunbque ahora Pakistán y Estados Unidos confirmen el papel de Al Qa´eda.

Por supuesto, inmediatamente circularon versiones que elevaban a cincuenta la cantidad de involucrados, pero anoche eso no estaba confirmado. Dando por buenos los primeros datos, el boletín privado “Strategic forecasting” (StratFor), que dirige George Friedman, experto en temas militares, saca cuatro conclusiones “optimistas”.

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Primera: si bien subsisten amenazas de quienes simpatizan con Al Qa’eda o de quienes participan en este tipo de planes en la cúpula del grupo, su capacidad de lanzar atentados exitosos se ve severamente disminuida, Por lo menos, fuera de Levante.

Segunda: si la célula realmente tiene cincuenta integrantes y 21 ya están arrestados, significa que Al Qa’eda tal vez haya perdido la aptitud de moverse “bajo el horizonte”, al menos del radar británico. Las características claves del grupo era su secreto y su seguridad operativa. Al quedar ambos comprometidos, la relevancia de Al Qa’eda está en duda.

Tercera: aunque puedan suceder nuevos ataques, parece que el grupo ha perdido la capacidad de alterar decisiones una vez iniciada su instrumentación. Esta vez, el frustrado intento sólo logró cerrar un aeropuerto temporariamente, aunque causó un caos que durará días. Mientras, la caída de pasajeros potenciales llega en mal momento para varias líneas norteamericanas en problemas severos (esto se notó en las bolsas).

Cuarta: la vanguardia islámica militante ha pasado de Al Qa’ed (sunníes y wajjabíes) a Hezbol-lá y otras agrupaciones shi´ies, aunque no –como sostiene StrafFor- a Irán mismo. Pero sí es verdad que Tehrán determina las políticas estadounidenses en la región, merced a la guerra iniciada por Israel. A la inversa, Al Qa’eda desempeña hoy un papel secundario.

Aun dando por buenos los informes británicos, este boletín es ambiguo respecto de EE.UU. “Ese desplazamiento de la hegemonía al frente del Islam combativo debiera influir en las política norteamericana”. Pero los avances tecnológicos y la escala misma del frustrado plan ponen en evidencia algo que Friedman, el Pentágono y una casi eufórico George W.Bush no quieren ver: si se trata de Al Qa’eda, su peligrosidad ha aumentado no ya como aparato guerrillero (Irak, Afganistán, Somalía), sino como organización terrorista internacional.

La intervención de la policía federal británica resultó en nueve detenidos, que proyectaban emplear explosivos líquidos puestos en equipajes de mano, algo de suyo bastante extraño. Amén de esos suicidas –detonarían sus cargas viajando ellos mismos-, los arrestos luego sumaron más de veinte personas. Todas, sospechosas de militar en Al Qa’eda. Pero la interpretación de los hechos dista de ser unánime, aunbque ahora Pakistán y Estados Unidos confirmen el papel de Al Qa´eda.

Por supuesto, inmediatamente circularon versiones que elevaban a cincuenta la cantidad de involucrados, pero anoche eso no estaba confirmado. Dando por buenos los primeros datos, el boletín privado “Strategic forecasting” (StratFor), que dirige George Friedman, experto en temas militares, saca cuatro conclusiones “optimistas”.

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Primera: si bien subsisten amenazas de quienes simpatizan con Al Qa’eda o de quienes participan en este tipo de planes en la cúpula del grupo, su capacidad de lanzar atentados exitosos se ve severamente disminuida, Por lo menos, fuera de Levante.

Segunda: si la célula realmente tiene cincuenta integrantes y 21 ya están arrestados, significa que Al Qa’eda tal vez haya perdido la aptitud de moverse “bajo el horizonte”, al menos del radar británico. Las características claves del grupo era su secreto y su seguridad operativa. Al quedar ambos comprometidos, la relevancia de Al Qa’eda está en duda.

Tercera: aunque puedan suceder nuevos ataques, parece que el grupo ha perdido la capacidad de alterar decisiones una vez iniciada su instrumentación. Esta vez, el frustrado intento sólo logró cerrar un aeropuerto temporariamente, aunque causó un caos que durará días. Mientras, la caída de pasajeros potenciales llega en mal momento para varias líneas norteamericanas en problemas severos (esto se notó en las bolsas).

Cuarta: la vanguardia islámica militante ha pasado de Al Qa’ed (sunníes y wajjabíes) a Hezbol-lá y otras agrupaciones shi´ies, aunque no –como sostiene StrafFor- a Irán mismo. Pero sí es verdad que Tehrán determina las políticas estadounidenses en la región, merced a la guerra iniciada por Israel. A la inversa, Al Qa’eda desempeña hoy un papel secundario.

Aun dando por buenos los informes británicos, este boletín es ambiguo respecto de EE.UU. “Ese desplazamiento de la hegemonía al frente del Islam combativo debiera influir en las política norteamericana”. Pero los avances tecnológicos y la escala misma del frustrado plan ponen en evidencia algo que Friedman, el Pentágono y una casi eufórico George W.Bush no quieren ver: si se trata de Al Qa’eda, su peligrosidad ha aumentado no ya como aparato guerrillero (Irak, Afganistán, Somalía), sino como organización terrorista internacional.

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