Sputnik V, la vacuna rusa

Rusia se presenta como ganadora en la carrera mundial por encontrar una vacuna, pero la aplica antes de terminar con los testeos.

El presidente ruso Vladimir Putin dijo e martes que los científicos rusos lograron un gran avance en la carrera por encontrar una vacuna para el coronavirus y que su país es el primero en aprobar una vacuna experimentar contra la covid-19.

Los funcionarios de su gobierno han prometido vacunar a millones de personas, comenzando este mes por maestros y profesionales de la salud. Todo, antes de finalizar las pruebas clínicas. La fórmula fue desarrollada por el Instituto Gamaleya de Moscú.

Pero la avanzada de Rusia hacia la vacuna provoca la alarma de la comunidad internacional de la salud, quienes temen que el país esté dando un salto apresurado antes de culminar la comprobación de que la vacuna es efectiva y, sobre todo, segura.

Producir una vacuna lleva, normalmente, muchos años que se consumen agotando etapas que ahora llevan meses frente a semejante emergencia. Hay que neutralizar el virus dentro de un laboratorio, para recién después, desde ahí, ensayar vacunas en animales y humanos, hasta lograr estándares de eficacia, inmunidad, seguridad e, incluso, dosis necesarias.

En agosto, además de la vacuna registrada por Rusia (de la modalidad adenovirus, pero sin control de la OMS), había media docena de proyectos muy avanzados: Moderna (EEUU), Oxford-Astra Zeneca (Reino Unido), CanSino Biologics, SinoPharm y Sinovac (China), Pfizer (EEUU, con ensayo en humanos en Argentina) y Murdoch Children’s Reaserch Institute (Australia).

La vacuna rusa se llama Sputnik V, un nombre que hace referencia al primer satélite orbital lanzado en 1957 por la Unión Soviética y que inició la carrera global. También muestra que Putin hace de esta vacuna un motivo de orgullo nacional y de competencia a escala global.

El Washington Post dice hoy que esta agresiva estrategia de un país ansioso por cantar victoria en medio de los peores brotes en el mundo ha sido criticada por científicos extranjeros que se preocupan por la posibilidad de que las dosis sean dañinas o den una falsa sensación de seguridad sobre su inmunidad. China también autorizó el uso de una vacuna entre los miembros de las fuerzas armadas, antes de tener datos definitivos sobre las pruebas clínicas.

Como se temía desde el principio, se está dando el fenómeno del “nacionalismo en vacunas”, en el que la necesidad que tienen los países de ser los primeros en encontrar la solución hace que busquen atajos y aceleren procesos exponiendo a sus poblaciones a productos no comprobados.

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